La señal

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Estaba confundida. Había llenado su maleta con las cosas necesarias como si fuera de viaje, había ido a la estación del tren y había comprado un boleto, de esos que puedes usar las veces que quieras para ir a donde quieras en un día.

Se sentó en la banca verde. Con su mano izquierda agarraba la maleta, que era de esas que se cargan; con su mano derecha tocaba los pedazos de madera de la banca, fríos y duros, justo como su corazón en ese momento. Confundido.

Veía a la gente pasar, ejecutivos con prisa, familias contentas de irse de viaje o tristes de regresar a casa, personas solitarias como ella pero que sin embargo, tenían un destino.

En eso, un grupo de chicos llamó su atención. Eran una chica y dos chicos. La chica tenía el cabello largo, largo y ondulado; negro como la noche. Sus ojos eran verde jade, perspicaces. Era alta y su piel era blanco marfil, haciéndola ver algo exótica. Mostraba una cara bella e inteligente, se notaba a distancia que, aunque era minoría (la única chica), ella tenía algo de poder sobre el grupo. Uno de los chicos, el que parecía ser su pareja, tenía el cabello rubio casi platinado y ojos grises, su piel era blanca de esas que te hacen sentir que hablas con un fantasma y tenía una cara relajada y contenta; no era muy alto, solo unos centímetros más que la chica y era delgado, algo desgarbado. El otro chico, sin embargo, tenía el cabello castaño claro y despeinado, sus ojos eran verdes como los de ella pero en claro y mostraba una sonrisa amigable pero con algo de suficiencia. Su tono de piel era bronceado, ni moreno ni blanco, sino como si hubiera regresado de unas vacaciones en la playa, casi parecía ser dorado. Y tenía un constitución fuerte, no era un chico lleno de músculos, pero se notaba que hacía ejercicio ya que sus músculos se marcaban.

Sin darse cuenta Ari ya caminaba hacia ellos, atraída por el extraño ambiente que los envolvía, no podían pasar de los 25 años.

-¿Qué se te ofrece? -pregunto la chica con la voz fría y los ojos algo entrecerrados.

-Me preguntaba... -Ari se quedó sin palabras, no sabía que decir, hasta que la pregunta más tonta y obvia vino a su cabeza- ¿A qué lugar se dirigen?

Los tres la miraron extrañados, sin duda no se esperaban esa pregunta.

-Al aeropuerto, volamos a América -dijo el de los ojos grises con una sonrisa amable.

La chica le dio un codazo.

-No deberías decirle nuestro destino a extraños -le dijo sin importarle que ella la escuchara.

-Tranquila, Kim. Es solo una chica, no un asesino o un secuestrador -le dijo el chico de cabello castaño en son de burla.

Ella lo fulminó con la mirada.

-¿Y para que quieres saber? -preguntó Kim.

-Curiosidad -contestó Ari al no saber que otra respuesta podía dar.

-Y tu ¿Adonde te diriges? -preguntó el de ojos grises.

-No lo sé todavía -contestó Ari, era la verdad, ni siquiera sabía si iba a usar el boleto- ¿Qué harán en América?

-Divertirnos un poco, relajarnos... -empezó el bronceado.

-Y trabajar -finalizó el de ojos grises- ¿Cómo te llamas?

-Ari -susurro- Más bien Ariadna, pero prefiero Ari.

-Mucho gusto, yo soy Ethan, él es Daniel y, como de seguro ya escuchaste, ella es Kimbery -presentó el chico de ojos gises.

-Kim -corrigió la chica al instante.

-Un placer -dijo Ari algo forzado pero con una sonrisa natural hacia Ethan.

La locura no entiende de amor y razones¡Lee esta historia GRATIS!