A pesar de la distancia logré sobrevivir un mes sin mis padres en casa. La presencia de George me ayudaba muchísimo, al fin me  había presentado a Rob como pareja y me encantaba. Sólo le había conocido durante aquella fiesta de la revista pero conocerlo en profundidad fue genial. Ambos tenían los gustos parecidos y se les veía realmente enamorados.

 

Los resultados de las pruebas médicas en mi madre estaban siendo impresionantes, habían logrado reducir las células cancerígenas en un 20% y su calidad de vida había aumentado. Ahora podían salir a pasear por Boston sin que mi madre tuviera que pararse a descansar a cada minuto.

 

En cuanto a la relación con Tom ya había llegado a un punto de no retorno. Cuando estábamos juntos se respiraba confianza. En el mes de Enero me había llevado a ver un partido de Tenis y, a pesar de que no me gusta el deporte, el me había hecho ilusionarme con su descripción idealizada. También habíamos ido a cenar con George y Rob, al cine, e incluso habíamos jugado con mi videoconsola. Él venía a mi casa cuando quería y yo podía hacer lo mismo con la suya.

Aquella relación me preocupaba. Zoe me había avisado de que esto podría pasar, la personalidad de Tom era tan arrebatadora que te invitaba a conocerlo más, a querer ser amigos y a querer mantener esa amistad. Pero el dinero es lo que me movía en un principio, sin sentimientos todo era más fácil. Cada noche que tenía que sentarme a escribir lo que me había sucedido me costaba más trabajo arrancar, no adjuntaba fotos, no relataba con precisión y eso ella lo había notado.

Aún así no me alejé de él, absorbió cada minuto de soledad y lo convirtió en una compañía demasiado agradable.

 

En Febrero el frío de Londres había comenzado a remitir pero no mucho. Aún no había logrado separarme de mi bufanda. Una mañana a primero de mes Tom y yo habíamos decidido desayunar juntos antes de que él tuviera una reunión sobre algún nuevo proyecto que aún no me había comentado.

—Te he traído aquí para comentarte algo.—Dijo después de un largo sorbo de café.

—Dispara.—Me limpié la boca con la servilleta y le miré.—¿Una proposición indecente?

— Es más formal de lo que te esperas.—Me dedicó una gran sonrisa y me relajé.—El día nueve es mi cumpleaños.

—¿Vas a pedirme un regalo especial?

—No. Lo que voy a pedirte es que vengas a la fiesta que me preparan mis padres.—Alcé una ceja y me puse nerviosa.—Ellos no te conocen así que no te invitarán, pero yo sí se que me van a celebrar una fiesta. Lo hacen todos los años.

—No se Tom...es todo muy…¿íntimo?

—¡Claro! Somos buenos amigos y allí acudirán todos los amigos de la familia. ¿Porque no ibas a estar tú?—No dije nada.—Por favor…—Utilizó su mirada para rogarme y la acompañó con un puchero.

—¡Aparta ese gesto de mi!—Coloqué mi mano en su cara y él me proporcionó un pequeño mordisco en la palma. Retiré la mano y el gesto seguía allí.—De acuerdo.

—¡Genial! Te recogeré en tu casa y te llevaré ¿vale?

Desde entonces la idea de ir a la casa de los padres de Tom no me había dejado dormir. Y no saber qué regalo comprarle tampoco. Revisé todos los datos que tenía de él pero no pude encontrar ni una sola palabra que me indicara su preferencia en ropa así que descarté la opción.

¿Un CD? No, Tom me había dejado claro que prefería comprarlos en iTunes. Entonces mi menté recordó una conversación casual que habíamos tenido viendo la televisión. Su película favorita de siempre había sido “El libro de la selva” y nunca se la habían regalado así que vi una oportunidad clara.

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