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Reto 34

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Consigna: Escribe un relato de un animal como protagonista que actúa de narrador contando las costumbres raras que tienen los humanos.



ELLA ERA RARA

La luz del sol entraba por todos los ventanales, y ella no se levantó sino hasta que soñó el molesto aparato en el mueble junto a su cama. Levanté la cabeza para verla estirar su cuerpo y quedarse sentada mirando a la pared. Teníamos eso en común, nos gustaba ver a la nada de vez en cuando. Pero ella lo hacía solo cuando despertaba.

Entonces, en lugar de lamer su cuerpo, dejó la cama y fue al cuarto de baño para lavarlo con agua. Eso era extraño y malo, le daba un olor raro a su cuerpo. Pero puede que no lo notara, porque de saberlo no seguiría lavando su cuerpo con agua cada mañana.

Cepilló su cabello, me gustaba que cepillara mi cabello, se sentía bien. Y luego cubrió su cuerpo con esas extrañas telas de formas, colores y firmeza diferente. Creo que en el fondo entendía que lo hiciera, con el poco pelo que tenía seguro pasaba mucho frío.

—Vamos —dijo después de acercarse a mi cama y acariciar mi cabeza. La seguí. "Vamos" significaba algo así como comer. Porque siempre que lo decía me alimentaba. Ella siempre comía conmigo, pero sobre un mueble. Su comida era extraña y siempre caliente, yo odio las cosas calientes, por eso solo le pido para oler y luego vuelvo a mi plato con atún o pollo. Me gusta el atún.

—Adiós —dijo su despedida —sé que eso es una despedida porque se va después de mencionar esa palabra— y dejó la casa donde ella y yo vivíamos. Subí a la ventana y, de rato, la vi caminar junto a otros que, igual que ella, se cubrían con telas.

Me tiré en la ventana mirando a todos esos seres raros caminar, correr, andar despacio. Eran todos iguales y hacían cosas tan diferentes, eran extraños y no me interesaban en realidad. Al mucho rato escuché sus llaves en la puerta y me apresuré a asistirla. Entonces tallé mi cuerpo en sus piernas, intentando que todos los olores raros que traía a casa se perdieran. Ella era mía y no quería que oliera a nada más que a mí.

—Hola Chilanga —dijo su bienvenida, creo. Y mi apodo tal vez. "Chilanga" decía cada que me llamaba, le gustaba a ella. Yo era un gato hembra. Pero si ella quería llamarme así no tenía ningún problema. Yo la quería y la aceptaba con todo y esa rara manía de ponerle a todo un nombre. Incluso cada mueble de la casa tenía su propio nombre. Ella era rara.

—Vamos —dijo de nuevo, caminando a donde comíamos. Sacó su comida de una bolsa, la metió en la caja que brillaba y ronroneaba, sirvió mi atún y mi leche, y luego comió su comida caliente.

Después de comer fuimos a dormir. Yo me tiré en mi cama y la vi hacer ese extraño ritual que cada noche hacía: primero lavó su cara, luego talló su boca, cambió de telas y fue a su cama.

—Buenas noches, Chilanga —dijo indicando que estaba lista para dormir. Apagó la luz y recosté mi cabeza sobre mis patas. Entonces nos dormimos para tener las energías de hacer mañana lo mismo que hicimos hoy, como había sido cada día desde que a su casa llegué.



Mi gata se llamaba "Chilanga" y me reencantaba. Pero murió el año pasado TTnTT la extraño. 

Deseo este relato les haya gustado también. Gracias por leer. Besos hermosuras. 

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