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Reto 10

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Consigna: Haz una historia con un protagonista que evoque tu niñez.


VA A LLOVER

Miré como daba brinquitos descoordinados, pisando las líneas que se suponía no debía pisar. Sonreí suponiendo que mantenerse dentro de los límites no era algo que les interesara a los niños.

Su hermoso vestido rosa, que aún mantenía algunas líneas del planchado, estaba manchado de lodo y arrugado en tantos pliegues como ya no tenía.

Tropezó con sus mismos pies y cayó al piso. Me preocupé, así que intenté levantarme de la banca desde la que hacía un rato le miraba para auxiliarla, pero ella fue más rápida que yo. Se levantó solita y sacudió la falda de sus manos en su vestido. Aunque probablemente se limpiaba la tierra de sus manos en la tela nada limpia.

Ya de pie miró a todas partes, y se topó con mis ojos que le miraban curiosos. Sonrió. Sonreí también. Era como si su sonrisa dijera "estoy bien" y volvió a brincar pisando las líneas.

La miré andar por aquí y por allá, mientras respiraba el aroma a eucalipto de esa plaza. Hacía muchos años que no había vuelto a esta comunidad. A pesar de que, cuando niña, pasé cada verano en el pueblo, desde la adolescencia no me había parado en el lugar más que dos veces, en diez años.

Estaba sentada en una banca en la que probablemente no me había sentado nunca. Cuando vine aquí nunca me di el tiempo de sentarme, lo único que hacía era correr y brincar y andar y tal vez volar.

«Sí que tenía energías entonces» pensé sintiendo como la pesadez de la nostalgia presionaba mi nuca y el puente de mi nariz. Respiré profundo, llenando mis pulmones con ese aroma que me encantaba, y miré al cielo encontrándome con las traviesas nubes amenazando con hacer llover.

—Debería volver a casa —musité. Pero aún quería quedarme ahí, recordando cosas que ni siquiera sabía que recordaba.

Más allá de la banca estaba la caja de arena que albergó tantos castillos como medio logré armar; luego los columpios y toboganes, ahora no tan increíbles como parecían cuando era pequeña. Los recordaba más grandes, a decir verdad; y al final las vías de un tren que ya no pasaba.

—Va a llover —dijo la pequeña que se acercaba a mí.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté sonriendo.

—Me lo contó un sapito —informó y sonrió tan amplio que mi corazón se llenaba de alegría—. Quiero tirarme por ese tobogán cuando esté lleno de agua —dijo y la miré asustada—. Deberá sentirse como cuando voy al parque acuático.

—Pero terminarás en una piscina de lodo —señalé y le brillaron los ojos.

—¡Súper! —exclamó juntando las manos y sonriendo más amplio.

—Me gusta la lluvia —dijo girando con las manos abiertas. De pronto se detuvo y pensó en algo—. Pero también me gusta cuando hay sol... y cuando hay viento —sonreí. La entendía. Cuando era niña también me gustaba absolutamente todo. Excepto las calabazas. Esas no podrían gustarle a nadie.

—¿Te gustan las calabazas? —pregunté haciendo un salto algo extraño en la conversación. Pero a ella no le molestó. Ella puso cara de asco y dijo: —Claro que no, guácala —asentí estirando mis labios. Así es como debía ser.

—Me gustan los borregos —dijo haciendo un brinco extraño también—. Pero me dan miedo cuando están casi cerca —indicó apretando los puños frente a su pecho, tan fuerte que sus manitas temblaban.

—Me pasa con los caballos —dije. Aunque de mayor pude superarlos y cabalgar de vez en cuando, cuando era niña, la primera vez que me acerqué a uno, lloré aterrorizada. Cuando yo era pequeña todo era demasiado grande. Creo.

—Eres muy bonita —dijo—. Me llamo Marijo —tendiéndome una de sus muy sucias manos. Estiré los labios conteniendo la respiración. Internamente luchaba con mi obsesión de permanecer impecable y las ganas de tener más contacto con esa pequeñita.

Al final tomé su mano. Y es que no podía negarle nada a esos ojitos chispeantes y esa sonrisa radiante.

—¡Marijo! —gritó una mujer parada en la acera donde terminaba o empezaba el parque, según cómo lo vieras—. ¡Va a llover, vamos a casa! —Marijo suspiró con pesar, agachando incluso la cabeza.

—No podré tirarme por el tobogán a la piscina de lodo —farfulló provocándome sonreír. Nunca había visto a nadie tan decepcionado por no poder quedar más sucia de lo que ya estaba.

—¡Anda Marijo! —volvió a gritar la mujer agitando la mano, indicando a la niña que fuera con ella. Y así lo hizo, la pequeña de vestido rojo corrió para con su madre después de sonreírme hermosamente—. Dios, parece que te revolcaste...

—En el lodo —completé sintiendo mis ojos aguarse. Esa frase la había escuchado mil veces cuando fui pequeña. Y entonces comenzó a llover, o eso parecía en mi rostro empapado de dolor.

—Pensé que estarías aquí —dijo la voz de mi hermano a mis espaldas—. Un lugar no tan lejos y no tan cerca de casa de la abuela.

—Vine a no pensar en nada —expliqué— y terminé recordando todo —entonces lloré aún más. Diego, mi hermano, se sentó a mi lado y me abrazó intentando confortarme un poco.

—¿Por qué tienes la mano llena de lodo? —preguntó viendo mi mano que se tendía al frente, por sobre una de mis piernas.

—Escarbaba en el pasado —dije y mi hermano frunció el entrecejo. Y, aunque no era divertida mi respuesta, reí. Dándome la oportunidad de respirar un poco menos dolida—. ¡Quiero un vestido rosa! —dije poniéndome de pie y tallando mi mano en el lateral de mi abrigo.

—No puedes ir vestida de rosa al funeral de la abuela —dijo mi hermano que no apartaba su vista de la mancha en mi abrigo—. Te ha afectado demasiado su muerte —aseguró moviendo la cabeza en negativas—, espero no tener que llevarte al psiquiatra.

—Idiota —dije mientras sentía como la alegría de bromear con mi hermano y la tristeza de recordar a mi abuela ahora muerta, se mezclaban en mi interior produciendo una desagradable nostalgia—. Una carrera hasta el Señor Cruz —dije señalando como nuestra meta el espantapájaros en el maizal del vecino de mi abuela—. Una, dos, tres —y comenzamos a correr, como cuando éramos niños, en esos veranos que cuando volvíamos a comer a casa después de un día de juegos en el parque.

"Parece que te revolcaste en el lodo" escuché susurrar al viento y dejé que el mismo viento dejara atrás mis dolorosas lágrimas.



Hice un relato de una mujer que, gracias a una pequeña niña que juega en el parque, evoca su pasado. Yo interpeto lo que quiero, y escribo lo que se me da la gana xD

Gracias por leer. Besos hermosuras. 

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!