Capítulo I

2 0 0

   El día fue largo. Y, ¿qué mejor que una fiesta para relajarse un poco?
Bueno vale, tal vez no sea la mejor opción para algunos. Pero lo es para mí. El ruido y la gente me relajan. Me hacen sentir que no estoy tan sola. Aunque la fiesta no durará mucho, me viene genial para olvidarme de todos los partidos que perdimos ayer y hoy.
He de admitir que mi equipo no ha sido ni un poquito bueno en el hockey. Pero bueno, recién estamos empezando. El próximo año vamos a estar mejor, es una promesa.
No sé si es lo mejor o lo peor de la fiesta, pero todo el mundo está aquí. Todo lo incluye a él: Nicholas. Ya lo he visto, y él a mí, estoy segura que también. Pero ya me he acostumbrado a que nos ignoremos todo el tiempo. Ya lo he superado.
Nicholas es un chico que solía gustarme, mucho. Tiene el cabello de color castaño oscuro y ojos del mismo color. Es alto y su contextura física es como la de todo rugbier. Pero eso fue hace dos años. Si a veces lo menciono es porque su prima es ahora una de mis mejores amigas, y resulta ser que ellos se llevan muy bien.
Aun así, también pienso en él cuando recuerdo que vamos al mismo curso y ni siquiera dentro de él somos capaces de hablar aunque sea un segundo. Pero no es el único que hace eso. Hay varios. Y me molesta de cada uno de igual manera.
— ¡WOOOOWW! ¡Esto está genial! ¿Verdad, Mai? — Diana preguntó.
— ¡Claro que sí! — respondí con ánimo.
La noche está muy linda y se disfruta de la fiesta. Hay gente bailando dentro y fuera de ambas canchas (rugby y hockey). Están pegadas una al lado de la otra, lo único que las separa es un fino espacio que podríamos llamarlo "pasillo", para describirlo mejor. Hay carpas armadas para cada equipo de ambos deportes que participó del torneo. Un escenario se armó al costado de la cancha de hockey, donde hay una banda que no conozco tocando músicas de otras bandas.
Mis amigos y yo estamos en el punto medio entre la cancha y el escenario. Con Diana nos hemos subido sobre un banco a bailar. El resto del grupo está alrededor de unas conservadoras donde guardamos las bebidas.
Ty iba pasado de copas. Lo que intentara decir, no le entendías ni un poquito. Sabrina no tomaba. Y Diana solo esperaba que las fiestas del año realmente comenzarán para volver a tomar. Es que ella ya iba por su último año, y en el último año solo se está sobrio tres dias a la semana, literal. Y yo, yo estaba un poco mareadita, pero eso era todo. No estaba ebria, por supuesto que no.
Eran las 1:54 AM. Necesitaba ir al baño, y ninguna de mis amigas estaba dispuesta a acompañarme, por lo que tuve que ir sola.
Entre toda esta gente me era bastante difícil llegar hasta mi destino. Cuando logre salir de todo ese gentío para llegar al baño, me distraje del camino y choqué con alguien.
— Lo sien... — estaba a punto de disculparme cuando levanté la vista y me encontré con su mirada desafiante una vez más y después de tanto tiempo. Nicholas — ...to. Creí que sabías ver por dónde caminas.
— ¿Yo? Pero si fuiste tú la que chocó conmigo — me reprochó él. Parecía enojado. Le miré mal.
— Yo sé muy bien por dónde iba, parece que otros no — dicho esto, seguí con mi camino.
No sé por qué ese encuentro me había afectado tanto. Tal vez por la forma en que se dio.
Cuando salí del baño, me lo volví a encontrar. Solo que esta vez, no era casualidad.
— ¡Hey, Maia! — me llamó él. Intenté ignorar su presencia e irme, pero él me tomó el brazo antes y habló antes que pudiera siquiera reaccionar —. Yo... Quería disculparme por lo de hace un rato. No debí tratarte así. Perdón.
Había algo en él que me decía que estaba siendo sincero... Pero aún así no lograba comprender por qué de repente se disculpaba cuando dos años atrás jamás en su vida lo hubiese hecho.
De todas formas acepté su disculpa de mala gana para poder irme ya. Ya he dicho que él no me afecta, y no lo hace, pero no quisiera tener que ver con él de ninguna forma otra vez.
— Está todo bien. Supongo que yo también estuve mal — dije y me propuse retirarme a buscar a mi amigos —. Que tengas una buena noche, nos vemos.
— ¡Espera! ¿Por que tanto apuro, nenita? — me miró con su maldita sonrisa de medio lado. Agh, sabe muy bien que odio que me llame así.
— Porque voy donde mis amigos y quiero disfrutar la fiesta. ¿Qué es lo que quieres?
— Em... No lo sé, ¿hablar contigo, tal vez?
— ¿Y por qué y de qué querrías hablar conmigo?
— Porque estás buena y no me harían mal unos cuantos besos tuyos — oh no, no ha dicho eso. ¿Desde cuando quiere besos míos? Le miré mal, otra vez.
— ¡Ni loca! ¡Ni en tus sueños, Baker! Me voy.
El se echó a reír, lo cual no comprendí y le saludé con el dedo del medio y una sonrisa falsa mientras me daba la vuelta para irme.
El resto de la noche no volví a verlo. Por suerte.

Mejor Amigo¡Lee esta historia GRATIS!