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Quinto día y último pasado sin la consciencia del chico: ERROR, OBJETIVO NO LOGRADO. TRATANDO DE HALLAR UNA SOLUCIÓN.

HINATA

Bueno, supongo que ya se imaginan qué pasó después de que Kageyama y yo... Pues, nos besaramos. Cada uno se fue a su hogar y decidimos encontrarnos en el mismo bosque aproximadamente a las dos de la tarde. Le dije a Kageyama que tendría problemas, pero bueno, no me escuchó mucho que digamos. Al llegar a mi casa tuve que pedir disculpas por desaparecerme, y además llegar tarde.

Y aquí me tienes, despierto, a las una y media de la tarde, sin saber exactamente qué hacer. ¿Será siquiera correcto lo que estamos haciendo? No tengo idea. Empecé a dar vueltas por mi habitación, que también era la de mi hermana. A pesar de ya haber desayunado y almorzado, pareciera como si tuviera el estómago vacío. No tengo otra alternativa, tengo que ir a hablar con él.

—Mamá. —dije al salir de mi habitación y ver a mi madre.— ¿Podría salir a dar una vuelta? —ella suspiró.

—¿Me prometes que no pasará lo mismo de ayer? —preguntó el verme.

—Lo prometo. —ella sonrió.

—Cuidate. —ella se acercó a besar mi frente.

—Lo haré.

Salí disparado en dirección al bosque, aún algo nervioso. En el momento que ya estaba llegando, pude ver la silueta de Kageyama con esa distinguida capucha.

—¡Kageyama! —grité, a lo que él dio un salto y se volteó a verme.

—Ah... Yo... No pensé.

—Llegaste antes.

—Tú también. —me soltó.

—Bueno... Estaba ansioso.

—Igual yo. —me sonrió.

No sé si es mi idea, pero hay cierta... No sé, tensión entre nosotros, como si cualquier cosa pudiera pasar en este preciso momento. Sus manos acunaron mi rostro. Levanta la mirada y mis ojos chocaron con los de él, emitiendo un tipo de destello. Nuestros rostro se estaban juntando, y antes de que me diera cuenta, ya se encontraba besandome, como si lo hubiera estado esperando por años, a pesar de que ya nos habíamos besado. Nos separamos de manera lenta, emitiendo varios suspiros. Mi mirada quería posarse en su rostro, pero raramente se desvío para explorar el lugar más allá de el hombro de Kageyama —O más bien, más allá de su cabeza— y lo pude distinguir. Una silueta, algo camuflada, no podía distinguir quién era. El sujeto levantó un cuchillo que cargaba en una de sus manos, alertando a todo mi cuerpo.

—¡Kageyama, agachate! —le grité, pero fue casi inútil. Terminó volteandose y protegiendome a mi con su cuerpo.— ¡No! ¡Salgamos de...!

Todo fue en cámara lenta. Aquel sujeto lanzó el cuchillo y se encajó casi perfectamente en el pecho de Kageyama, justo en la zona de su corazón, lo que lo hizo caer de forma casi instantánea al suelo. Ahogué un grito y me arrodillé a su lado, recostando su cabeza en mis piernas. Las lágrimas comenzaron a brotar de inmediato por mis ojos, cayendo como riachuelos por mis mejillas.

—Kageyama... Dios... Resiste... —le suplicaba mientras acariciaba sus cabellos. Un pequeño hilo de sangre se escapó de sus labios, el cual limpie rápidamente. Emitía leves gemidos, como si estuviera agonizando.— Vas a estar bien...

One Week ♦KageHina♦ ¡Lee esta historia GRATIS!