♡Noche 6#♡

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―Y dime, ¿Que fueron aquellos ruidos que escuche anoche provenientes de tu habitación?.―pregunto mi madre mientras lavaba los trastes. Se encontraba de espaldas a mi, por lo cual no pude ver sus expresiones.

Suspire, este no era un buen momento para charlar sobre los "ruidos" de mi cuarto, a duras penas pude asimilar aquello que había sucedido;sus labios fríos sobre los míos, sus ojos traslucidos que brillaban en la oscuridad, y su cabello dorado aun se mantenían frescos en mi memoria, aun podía sentir sus labios desesperados sobre los míos y, aquellas ansias de volver a tocar su cabello eran inimaginables. Su voz ronca y profunda hacia eco en mis tímpanos, produciéndome miles de emociones. Definitivamente estaba perdiendo la cordura.

Me acomode mejor en la silla de madera y repase en mi mente lo que soltaría, era estúpido no pensar en que escusa lanzaría para aquellos ruidos;―Solo estaba moviendo... algunos muebles. Ya sabes, re decorando.―unos segundos en pleno silencio para luego asentir satisfecha. Un peso menos.

―Me parece bien que quieras re decorar, pero, ¿A esa hora?.―ahora no veía su espalda, se había volteado haciendo que sus pupilas negras chocaran con las mías.

―Sabes que no puedo dormir bien, por lo que lo hice solo para atrapar el sueño.―ya me había cansado de la charla, y las mentiras se me estaban acabando, así que me levante y me dirigí hacia ella.―Ma, iré a descansar, ya es tarde.―mire de reojo el reloj que colgaba sobre el mesón, mi madre siguió la dirección de mi mirada y comprendió. Eran las diez de la noche.

―Cierto ya es tarde, y claro se me había olvidado que ahora duermes temprano cuando antes rogabas por no dormir.―puntualizo mientras tronaba un sonoro beso en mi mejilla. Sonreí.

Si supieras el motivo de mi comportamiento.

Con pasos perezosos me aleje de la cocina mientras mis pies se dirigían hacía mi recamara, me sentía rara y con una extraña sensación de  revoloteo en mi vientre mientras cerraba la puerta de mi habitación con pestillo y me acercaba a la cama. No quise encender las luces, necesitaba estar a oscuras, quería verlo, quería volver a sentir su presencia, escabulléndose por la penumbra de mi recamara, quería escuchar su voz y por supuesto por mas estúpido que sonase, quería volver a sentir sus labios sobre los míos.

Quería tantas cosas, que a la vez no podía tener.

Mi cuerpo cayo tieso cobre las cobijas de conejitos, ya no me incomodaba el hecho de estar así; sin protección. Ya sabía quien era el personaje que pasaba las noches conmigo y, siendo sincera no me molestaba, ya no. Ya no buscaba pretextos para no dormir, no le rogaba a mi madre que me llevara con ella y que me alejara de mi cuarto, sino, todo lo contrario. Acomode mejor mi cuerpo sobre la cama, haciendo que mi cabeza tocara la cabecera y que mi tronco quedara recto. Mire por unos minutos el techo estrellado de mi recamara, pero, en realidad mi mente estaba en otra parte. ¿Como era posible que existiera eso? ¿No se suponía que era producto de un tonto libro para niños, en donde si no duermes te llevaría el coco?; pues al parecer, no era ficticio. Seguía en un pequeño trance, cuando mi cuerpo detecto como una parte de la cama se hundía, mi respiración al igual que mi pulso comenzaron a acelerarse, cerré los ojos en un momento de cobardía, sentía como poco a poco aquel individuo se acercaba, mis manos se volvieron puños entre las sabanas y la boca se me secaba. Ya no sentía movimiento alguno, así que planee en abrir los ojos y golpearme la cabeza por creer que era real todo aquello, pero, antes de que siquiera pensara en un movimiento, una respiración helada se poso sobre mi rostro, mi corazón pego un brinco ante aquella sorpresa, me sentía pequeña y débil. Mi respiración se fue convirtiendo en una acelerada, de repente sin previo aviso su respiración fría ya no se encontraba sobre mí, pasaron segundos para que tomara la valentía de abrirlos, y así lo hice, los abrí lentamente, lo primero que mis ojos percibieron fue la negrura, tome aire y opte por girar mi torso hacía la derecha.

Grave error.

Aquellos ojos gatunos hicieron que por mi cuerpo recorriera una corriente de electricidad desconocida y que mi cerebro quedara en blanco, este al ver mis ojos nerviosos estrellarse sobre el, tomo rápidamente una almohada y estampo su cara y gran parte de su cuerpo en este, tapándose, prohibiéndome verlo detalladamente. Su cabello dorado caía disperso sobre la funda blanquecina de la almohada, sus brazos se aferraban al cuerpo de la almohada haciendo que esta misma se deformara por sus acciones. Parecía un pequeño niño perdido que vio un monstruo y se asusto. Como si no supiera que el monstruo aquí, era el. Mi cerebro no reaccionaba ni mucho menos, creaba una idea coherente de lo que sucedía, el mismo chico que me aprisiono contra la puerta de mi habitación y me hizo llegar al limite con unos simples movimientos, ahora parecía tener miedo. Sus manos dejaron de hacer presión y lentamente saco su cabeza de la almohada, relamí mis labios en el momento en que sus ojos chocaron con los míos, aun no podía ver aquellos ojos traslucidos sin sentirme nerviosa. Su cabello ahora caía sobre su cara, sus labios ante mi vista se encontraban rojizos y húmedos y sus mofes parecían dos pequeños tomates. Retuve su mirada, ya no sentía tanto miedo, ahora lo que sentía era curiosidad, ¿Quien eres? ¿Eres real? ¿De donde saliste? ¿Y por que mi cuarto?. Infinidades de preguntas venían a mi mente con cada segundo que pasaba. 

―¿Quien e-eres...?―murmure, sentía como mis mejillas comenzaban a calentarse. Se mantuvo callado por unos segundos;los cuales me parecieron eternos. Hasta que hablo.

―Tae.

Mi cuerpo tembló debido a su voz tan profunda, me parecía imposible que aquella voz gruesa viniera de el. Medite. Así que mi monstruo se llama Tae. 


「A Oscuras」 ;+k. thDonde viven las historias. Descúbrelo ahora