Capítulo XXIX

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Tláloc

— ¡No puedes soltar algo así y luego quedarte callado como muerto, hombre!

— Debemos llegar a la casa de Ba'wa. —Repitió, cansado. —Ahí podemos hablar. Estar seguros. ¡Y ya cállense! Parecen gallinas.

💦

Cruzamos Puebla. Llegamos a Córdoba como a las cinco de la mañana.

Will paró en el primer hotel que encontramos en el camino, reventado de cansancio. Los hombres lo estábamos porque no pegamos el ojo en toda la noche. Yo no pude dejar de pensar en la razón por la que Kawi se fue de esa manera.

Mara si durmió. Supongo que ella no tenía todavía nada de que arrepentirse.

Sin embargo, las huellas de la desvelada se quedaron en sus ojitos bonitos.

Heeka y Mara se quedaron juntos en una habitación. Will y yo fuimos a buscar una tienda de veinticuatro horas. Compramos dos caguamas, bolsas de papás, cigarros, galletas de una marca que no conocía y eso fue el desayuno.

Dormimos en la misma habitación.

Nada memorable paso.

Después de tomarnos la cerveza, caímos como fardos en las camas y despertamos cerca de la hora de la comida.

Encontramos a Heeka y a Mara comiendo en un restaurante de la misma calle.
Nos sentamos a tragar con ellos.

No volvimos a hablar del tema que era importante para mí.

Algo como eso, de que tu padre al que no conociste y del que apenas supiste algo, era por lo menos bisexual y que dejó a su amante masculino nada más para tener un hijo...

Alguien no tenía la historia completa.

¡Si, tonto!

¡Ya sé que era yo quién no sabía nada!

No tienes porque reírte de mí.

Mara maneja muy bien. Rápido. Parece que le pesan las patas en el acelerador. Pero bien. Así que avanzamos a buena velocidad. ¡Y me encanta porque se la pasa comiendo! Nos detuvimos a comprar comida chatarra en cada tiendita. Y tiene vejiga de bebé. Tiene que mear cada dos horas. O se detiene de pronto porque quiere tomar una foto.

Eso nos dejó estirarnos a ratos. Viajar en carretera, de un tirón, no me gusta.

Y en el último mes recorrí más kilómetros de caminos que en toda mi vida antes.

Will dijo, en uno de esos descansos, que parecía que íbamos a ir al puerto.

Pero Mara fue al sur cuando Heeka dijo que teníamos que seguir avanzando. No sabíamos que buscaba.

A Ba'wa, dijo.

¡Ya sé! Me lo explicaron cuatro veces. Pero yo seguí en las mismas. Quién o qué es Ba'wa, qué estábamos buscando y para qué, ni idea.

Tomamos la carretera qué va a Coatzacoalcos. Nunca estuve antes en ese lugar. La vegetación es exuberante y la humedad muy alta.

Todos sudaban y resoplaban, pero yo me sentía bien. Más que bien, de hecho. Comencé a sentir que el cansancio se iba, las preocupaciones y me puse de muy buen humor.

Como a las ocho o nueve de la noche cruzamos el rio Coatzacoalcos.

¿Me crees si te digo que supe exactamente cuándo llegamos?

Es un pueblo que se llama Nanchital.

Estábamos en el puente. Iba conduciendo yo desde la última caseta de cobro. Ni les dije nada, sólo al bajar del puente giré a la derecha.

Ba ' Wa¡Lee esta historia GRATIS!