Era una buena pregunta, y ni siquiera tenía la respuesta. Seguíamos mirándonos en medio del pasillo, sintiendo el nerviosismo de mi amigo Devon detrás de mi espalda. Justin llegaba a ser el chico más tierno de todo el mundo, pero a la vez sus secretos llegaban a hacerme daño, tanto a mí como a todas las personas que le rodeaban.

Moví mis labios intentando disculparme por el incómodo silencio, y una vez más las palabras fallaron. Estaba nerviosa, preocupada por lo que llegaría a pensar si soltaba de mis labios una negación o afirmación. Di un paso atrás, chocando con el brazo de Devon, el cual pasó por mi cintura, y con una enorme sonrisa dejó la barbilla sobre mi hombro.

—Justin, Justin, Justin —prefería que hablaran ellos dos a solas. —Tenemos que ir a clase, y tú también, todos llegamos tarde.

Bieber se negó.

—Estoy hablando con Jude.

—Lo sé, y estoy seguro que puedes hacerlo más tarde.

Justin intentó acercarse hasta mí para dejar un casto beso en mis labios, quería seguirlo, pero giré para marcharme y salir corriendo junto a mi amigo. No podía creer que estuviera tan nerviosa, y solo por una propuesta. Quería vivir conmigo, cerca de la universidad. Después estaban los secretos; seguir peleando, algo de lo que me acostumbré, y después, vender todo lo que el Gordo dejara sobre su mano. Exageré cuando lo llamé narco, pero la marihuana estaba prohibida a excepción de algún enfermo que lo necesitara.

Pensar en vivir junto a Tough boy disparaba tanto mi corazón, como la mente. Solos, sin límites, todo el tiempo a nuestro favor, parecía perfecto al igual que imposible.

—¿Te vas a ir a vivir con él? —Devon se sentó en la silla de detrás de la mía.

Mi compañero de laboratorio no apareció.

—No lo sé.

—¿¡No lo sabes!? —gritó. —Jude, es Justin, el chico al que se supone que quieres.

A veces llegaba a ser tan exagerado.

Reí.

—Ese hombre, alto, rubio, de ojos castaños ¡mmm!, Justin —miré por encima de mi hombro, viendo como Devon escribía el nombre de mi novio en su libreta. —Con su fuerte cuerpo, esos músculos que enseña cada vez que se baña.

—¿¡Has mirado a Justin cuando se duchaba!?

—Un poco —mentía. —Vale, he estado más de quince minutos mirándolo, ¿qué pasa?

Si Justin hubiera escuchado esa conversación, estoy segura que mi amigo se encontraría muerto contra el suelo. El muy pervertido era capaz de abrirle la puerta y asomar la cabeza para observar al chico más sexy de la habitación cuando estaba desnudo. Recordé que en el cuarto de baño de ellos la mampara era de cristal, puntos a favor de Devon.

Lo conocía tan bien, que estaba segura que guardaba fotos en su teléfono móvil, y Ryan era otra de sus víctimas. El chico de ojos azules, el amado de Sammy no le molestaban las bromas del chico gay de la litera de abajo, más bien le hacían reír.

—¿Quieres que te ayude? —su voz me sobresaltó.

Atrapé con fuerza el bisturí, evitando hablar con Justin, ya que fue capaz de entrar a una clase que no le correspondía. Era capaz de hacer cualquier cosa, solo por estar a mi lado.

 —Puedo hacerlo yo sola.

Todos empezaron a hacerle una pequeña autopsia a la rana disecada que descansaba sobre la mesa. Era horrible, pero necesitaba una gran nota y lo conseguiría. Con el pulso tembloroso guié mi mano por encima del animal, no podía hacerlo, y eso que estaba muerto.

Justin se adelantó, cogiéndo el instrumento quirúrgico y rajando a la rana sin importarle nada, parecía tan profesional, que si el profesor pasaba por nuestra mesa no le pediría ni el apellido para asegurarse que fuera un alumno más.

—¿Qué tienes que hacer ahora?

Responder a tu pregunta, pero no puedo.

—Encontrar el bazo.

Clavó la punta metalizada a un lado.

—¿Te refieres a esto? —estaba con las mejillas acaloradas.

—No, eso es el pulmón.

Subió un poco el bisturí.

Negué con la cabeza.

—¿Y esto? —Bieber estaba tan guapo, que no me importaba nada la rana y la nota final de la clase.

—Esa parte es el corazón.

Levantó la mirada hasta buscar la mía, dejándome sin aliento como de costumbre, poniéndome nerviosa como el primer día que me di cuenta que estaba locamente enamorada de él.

—Parece fácil llegar hasta el corazón de las personas, pero no lo es—no llegué a entenderlo. —A veces Jude, parece que no tengo el tuyo.

¿Él era quien pensaba que no lo quería?

¡Estaba equivocado!

Era mi aire. Mi necesidad. El sol de mis mañanas. Todo el aire que necesitaba para vivir. El hombre que ocupaba mi corazón por completo.

Rodé mis ojos sorprendida, sin saber que decir o cómo actuar delante de él. El maldito de Devon recostó su mejilla en la palma de su mano, descansando para poder escuchar mejor la conversación.

—Yo soy la persona que más te quiere. Nunca te he engañado, no te oculto nada, y soporto todo por ti —me mordí el labio. —No vuelvas a decir que no tienes mi corazón, cuando es todo tuyo para siempre.

Apretó los puños, sabiendo que le recordé un doloroso pasado, pero cierto. Ahora seguía ocultando unas cuantas cosas, que me encantaría oír de sus labios, pero Bieber, el gran Tough boy, no estaba dispuesto a decir lo que mis ojos vieron.

Movió el taburete a un lado, mirando hacia otra dirección que no fueran mis ojos. Estaba enfurecido, tenso, y cansado de no haber dormido por vigilar que los cortes que causó el chico desconocido en mi mano no siguieran sangrando, y por recibir al hombre que tanto dinero le dio durante muchos años.

—¿Es un no a venirte a vivir conmigo?

—Es un tengo que pensarlo bien.

Para Justin seguía siendo un no de mis labios incluso cuando en ningún momento me negué.

—¿Por qué? —movió el codo para volver a quedar delante de mí. —No entiendo nada. Contigo las cosas deberían ser más fáciles, y parecen tan complicadas.

Un escalofrió recorrió mi cuerpo.

—¿Qué insinúas?

Nuestra discusión empezó a llamar la atención de todos.

Estaba dispuesto a responderme, a ser capaz de decirme todo lo que pasaba por su cabeza en ese instante en el que estábamos peleando por una estupidez seguramente. La risa de Leyna nos interrumpió, dejando los brazos sobre la mesa, y mirándonos a los dos.

Tenía que irse, necesitábamos estar a solas, o al menos sin gente que observara cada movimiento que estábamos a punto de hacer.

—Con la pareja tan bonita que hacéis —parecía encantada. —¿Por qué discutíais?

—A ti no te importa —era la primera vez que apoyaba a Justin en una de sus frases. —Déjanos a solas.

—Leyna, por favor.

Ella solo sonrió.

—Os propongo algo —miedo me daba. —Daros un tiempo, es lo mejor para los dos.

¿Dejar a Justin para pensar en nuestra relación?

Yo no estaba dispuesta, ¿pero él sí?

Lo miré una vez más, estaba pensativo, ignorándonos a las dos por completo. Luego se movió, e intentó hablar primero, mi corazón se disparó por el silencio.

✳ ✳ ✳