Mágicas criaturas. Parte II

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Las luces comenzaron a descender nuevamente y en esa ocasión se manifestó en el escenario, surgiendo entre la espesa niebla que lo había cubierto, una mujer anciana

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Las luces comenzaron a descender nuevamente y en esa ocasión se manifestó en el escenario, surgiendo entre la espesa niebla que lo había cubierto, una mujer anciana.

Su rostro reflejaba la sabiduría del paso de los años, como si cada línea formara parte del trazado de un plano de su longeva vida. Sus cabellos parecían frágiles y estaban totalmente canos y sus ojos eran completamente grises.

Llevaba puesto un vestido de fondo negro, cubierto con lentejuelas que hacían que su figura resplandeciera y destacara como la luna, desplazándola del puesto de "reina de la noche"

La mujer se acercó hacia un hombre del público, colocó su mano en su mejilla y dijo:

−Bienvenido al espectáculo Flavio. Felicidades por el nuevo bebé...¿Niña, verdad?.− el sujeto asintió e hizo un ademán señalando a una mujer que estaba ubicada unos metros más arriba, la cual sostenía el retoño entre sus brazos, corroborando que se trataba de su hija.

Claramente no había posibilidad de vincularlos, a menos que "aquella adivina" lo hubiese investigado previamente.

La dama misteriosa empezó entonces a develar secretos e información de otras personas del público. Algunos fueron bien recibidos, y otros no tanto, pero ella siempre daba en el blanco.

‹‹Hay cosas que es mejor dejarlas entre sombras.›› pensé.

La vetusta mujer, subió hasta el palco al fin, volviendo sus ojos ciegos hacia nosotros. Argos no pareció inmutarse ante la posibilidad de que algunos de sus maquiavélicos planes o sus oscuros secretos, fuesen revelados. Se sentía muy confiado de que la vidente no se atrevería a atentar contra su soberano.

Efectivamente sus ancianas manos lo pasaron de largo, para posarse sobre los hombros de Daniel. Pero ni bien entró en contacto con el cuerpo del ángel, la mujer dio un respingo, abriendo los ojos sobrecogida.

Supuse que si en realidad podía leer a las personas, como había demostrado hasta el momento, ya se había dado cuenta de que Daniel era un ángel y estaba al tanto de las crueldades que le habían hecho, aunque también podía ser todo parte de un show bien montado.

–¡Vaya muchacho! En verdad eres todo un rompe corazones−expresó luego de un rato, formulando una sonrisa, que me pareció demasiado forzada.

El público en cambio, rio genuinamente por su comentario.

Daniel, por su parte, parecía contrariado, y yo estaba seria por completo. La función había dejado de gustarme. De hecho, me sentía incómoda y prisionera de nuevo.

La mujer siguió hablando, indiferente a nuestros estados de ánimo.

−Veo desfilar hermosos rostros en tu mente.- prosiguió alentada por el jolgorio de la multitud, pero su sonrisa se evaporó tornándose en una mueca amarga.-Aunque la que más te importa parece no estar a tu alcance...Un amor trágico es lo que te espera, si apuestas por ella.-suspiró profundamente, mientras negaba.

En ese punto ya no sabía si la anciana decía la verdad o divagaba, pero llegué a notar que Daniel estaba levemente ruborizado. Era la primera vez que veía algo de color en sus pálidos pómulos. De ángel temerario y vengador tenía mucho, pero de querubín muy poco.

Mientras intentaba pensar en trivialidades, que no tuvieran nada que ver con los augurios de la adivina, esta tocó mi mejilla y mi corazón se precipito en un rítmico palpito.

‹‹¡Joder! Por favor, no leas mis pensamientos›› supliqué en mi interior, cerrando mis ojos avergonzada. Más, al no escuchar nada de su parte, ningún tipo de revelación o comentario, después de un momento, decidí abrirlos de nuevo.

La mujer estaba sin habla, mirándome absorta y sus ojos habían adquirido un tinte tormentoso.

−Pobrecilla -murmuró antes de que sus iris se volvieran completamente blancos.

Entonces un mareo la sobrecogió, pero antes de que se desvaneciera Daniel logró sujetarla.

Rápidamente, las luces de las farolas se apagaron, sumiéndonos a todos en la lúgubre bruma, que nuevamente había comenzado invadir el escenario, arrastrando su cuerpo vaporoso por el palco.

Los murmullos de incertidumbre se alzaron, junto con algunos silbidos y abucheos.

Cuando la claridad volvió, la vidente ya no estaba en ningún lado.

Miré a Daniel, quien se encogió de hombros, igual de desconcertado.

Parecía que la mujer se había vuelto parte de la niebla y con ella se había marchado, escurriéndose de sus brazos.

En el escenario no tardó en aparecer el presentador que dio por terminada la función de la noche.

‹‹ ¡¿Qué rayos ha pasado?!››

Lentamente, la disconforme audiencia, comenzó a retirarse del lugar, está vez por órdenes directas del soberano, del cual recibimos unas últimas palabras de despedida.

−Espero que hayan disfrutado de la función mis queridos. Especialmente tú Daniel, pues estoy seguro de que tú más que nadie ha entendido y apreciado el verdadero significado del espectáculo. –dicho aquello, y sin aguardar respuestas, añadió. −Darius los escoltará al palacio.

Sin más se alejó, sujetando a su esposa por el brazo.

Vera ancló una última vez sus ojos en los míos, y esta vez percibí que algo había cambiado en ellos. Sus orbes estaban menos vacíos.

Mientras retornábamos a nuestro carruaje los pensamientos me atormentaban. No podía dejar de preguntarme si los poderes psíquicos de la anciana eran reales. De ser así, al tocarme, ella se había vuelto conocedora de mis secretos, de mis intenciones de escape, y si era leal al tirano y decidía comunicárselos, yo... acabaría muerta.

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