Quesos y Cosas

200 31 83


Hoy 12 de Enero de 2017 amanecí especialmente animado. Gracias a cada uno de los que han leído y comentado. Todavía no puedo creer que las lecturas de este librajo hayan superado las de mi historia insignia, El sueño de los reyes, en menos de una semana. Te invitaría a leerla pero eso es spam. Mejor me limito a imitar a cierto Youtuber: "Mi libro, El sueño de los reyes, está siendo un éxito de ventas en Japón y Timbuctú". Comenta si leíste el spam con su voz.

Ya he terminado con los saludos y complacencias. Ahora debemos pasar el Mar de Mármara... ejem... ejem... perdón, al temilla de este capítulo. Cómo se nota que no juego Age of Empires, ¿verdad? Bueno, después de este mal chiste, trataré de arrancarte la risa de Pilar Ternera con los ejemplos del cosismo y el abuso de la normalidad, porque no hay nada más normal que ella.

El bendito cosismo no es más que agarrar de comodín la palabra cosa porque —honestamente— pensar da paja, flojera, pereza, huevonada o el sinónimo que más te guste. Y se los dice alguien cuyo trabajo es pensar por otros. Soy informático. Si mal recuerdo, en una entrega anterior (¡ni que fuera pizza!) comenté que este era nuestro principal indicador cultural porque demuestra cuánto lees y la extensión de tu vocabulario. Si no lo dije, entonces acabo de hacerlo. Mi memoria retiene detalles tan extraños como un gigante llamado Churrispi pero yerra con la ubicación de las llaves o del maletín de mi portátil. No sé qué me cae peor: ver cosas por todos lados en cuentos o novelas o ser desmemoriado.


Examinemos estos diálogos.


—¿Cómo? ¿Decidiste poner en peligro a toda esa gente? ¿A mis padres adoptivos? —pregunto cabreado

—Las cosas no salieron como esperaba —aseguro Velgios—. Los Xross solo se sienten atraídos por la espada si tú la estas empuñando. No esperaba que os cruzarais con un barco Xross, que vieras justamente la espada antes de eso y te vieras con la necesidad de cogerla

—¿Y porque no cogisteis y esperasteis a que estuviera a salvo aquí para entregármela?

—Pensamos que era mejor que fueras descubriéndolo todo poco a poco y que empezaras a verlo con tus propios ojos antes de decirte nada. Y veíamos oportuno que los que debían de contarte la historia eran los que te habían criado hasta ahora. Era mejor para suavizarte las cosas — termino de decir el anciano — Puede que fuera un error pero todo fue por tratar de ayudarte a asimilarlo todo.



Si esta fuera mi historia, se vería más o menos así.


—¿Cómo? ¿Decidiste poner en peligro a toda esa gente? ¿A mis padres adoptivos? —pregunté cabreado

El plan no salió como esperaba —aseguro Velgios—. Los Xross se sienten atraídos por la espada sólo si la empuñas. No creí que os cruzarais con un barco Xross, que vieras justamente la espada antes de eso y te vieras con la necesidad de cogerla.

—¿Y por qué no cogisteis y esperasteis a que estuviera a salvo aquí para entregármela?

—Pensamos que era mejor que fueras descubriéndolo todo poco a poco y que empezaras a verlo con tus propios ojos antes de decirte nada. Y veíamos oportuno que los que debían de contarte la historia eran los que te habían criado hasta ahora —dijo el anciano—. Puede que fuera un error pero todo fue por tratar de ayudarte a asimilarlo todo.



No preguntaré cuáles te gustaron más. Pero, si fuiste observador, habrás notado que una historia interesante se arruina más fácil que un juguetito chino por detalles igual de insignificantes que las pulgas de Churrispi. Sí señor. Churrispi tiene pulgas.

Ahora es turno de la normalidad más normal de lo normal.

A la palabra normal le ocurre más o menos lo mismo que al vocablo cosa. También es un comodín. Y lástima que no estemos jugando al póker, porque así tendrías una mejor mano. En este caso, reitero la explicación del cosismo: el abuso de esta palabreja denota tu incultura, ¡filisteo!


Si revisamos este trozo de narración, descubriremos es un abusador de la normalidad:


Las puertas de madera oscura tenían una placa de madera igual que las de afuera y la primera de la izquierda decía en la misma letra cursiva y negra "Deacon". Tomé la manija, la abrí y reveló una habitación más gran de lo que esperaba, con una cama normal, un estante, escritorio y closet vacío, junto con un atril especial para colgar armas. Las paredes eran de color azul oscuro y en el techo pintada una luna, bastante artístico y con una ventana mediana al lado izquierdo que hacía que la luz entrara.


Después de aplicarle mis mejores llaves de lucha, lo dejé así:


Las puertas de madera oscura tenían una placa de madera igual que las de afuera y la primera de la izquierda decía en la misma letra cursiva y negra "Deacon". Tomé la manija, la abrí y reveló una habitación más gran de lo que esperaba, con una cama individual, un estante, escritorio y closet vacío, junto con un atril especial para colgar armas. Las paredes eran azul oscuro y en el techo había pintada una luna en tonos de plata y un tragaluz mediano al lado izquierdo.


¿Crees que lo mejoré? ¡Comenta sin miedo! No hay respuestas equivocadas.


Para concluir, te diré que casi toda mi explicación puede resumirse en esta frase: sé específico. No te prohíbo usar las palabras cosa y normal. Sirven de todos modos. Pero, no quiero que las pongas donde sea. Reduce sus apariciones tanto como puedas, al fin y al cabo ya has visto cómo. Si no, un consejo fácil de seguir es que cambies las cosas por sustantivos y adjetivos que describan mejor.

En mi opinión, cosa y normal sólo deberían aparecer en diálogos y siempre que antes haya una descripción detallada. Para despedirme, les dejo unas líneas de una de las secuelas inéditas del Sueño de los reyes. ¡Larga vida al spoiler!



Lucy y Arda salieron de la pastelería frente al colegio. Se despidieron agitando la mano. Pero, el ruido de una lata de basura volcándose en el callejón que daba a la trastienda las hizo mirarse una a otra. Sin decir nada, fueron allá. Lucy esperaba encontrar un perrito hambriento hurgando entre las sobras de comida, o un gato, pero no un artefacto parecido a una caja de herramientas con orugas, pinzas a los costados, y unos binoculares soldados al cuello de una lámpara de escritorio. ¿Quién pudo construirlo?

—¡Mira qué cosa tan adorable! —Arda se inclinó para recogerlo.

—Mejor déjalo donde está —Lucy posó la mano en el hombro de su amiga—. Ni siquiera sabes qué es.

—¡No seas tan aguafiestas! —Arda puso los ojos en los binoculares— No es normal ver un juguete que se mueva solo. A lo mejor lo tiró algún inventor. ¿Qué tal si lo adoptamos?

—Yo solo adopto animales. Además, ve tú a saber si lo echaron en la basura por peligroso.

Así que quieres escribir...¡Lee esta historia GRATIS!