Tal vez debería haberle dado una explicación más exacta a Rick Davenson. El chico que a ella le interesaba estaba ahí, pero no entre los vivos. Miró a Zack, sabiendo que estaba totalmente enamorada de él y que eso no iba a cambiar por más que lo intentara. ¿Cuándo iba a aceptar eso? Él ya no era su amor platónico, era su amor en todas las expresiones que podía utilizarse en ese mundo.

Y ahora también era su mejor amigo. Porque, sinceramente, era imposible separar las dos cosas. Realmente había pensando en convertirse en solo una amiga, pero la vida le estaba probando que eso solo no era posible. La amistad que podía haber entre ellos era solo la punta del iceberg. Venía de la mano con sus más profundos sentimientos.

—Sabes —dijo Zack, sonriendo más anchamente, ajeno a sus pensamientos—. Me puse un poco celoso cuando te vi salir así vestida a una fiesta llena de mortales hormonales. Porque te veías muy linda y pensé que no podría bailar contigo y otros sí. Que no tendría mi oportunidad como todos los demás.

Con eso, ella soltó una risa.

—No es para tanto —le dijo—. Sigo siendo yo.

—Pero te ves sexy —aclaró él, riendo también.

—También dijo eso, pero eso no cambia lo que soy. Estoy igual que siempre, Zack.

—Pero si cambia lo que yo sienta cuando te veo partir —le explicó el muchacho, bajando la cabeza—. Me gustaría poder participar de estas cosas contigo. Y... si quieres insistir en lo de la ropa, ya que parece que te preocupa tanto, te diré que Jessica y yo estamos emocionados porque nunca te vimos con tanto brillo. Siempre estás un poco más relajada.

Ella frunció el ceño, mientras él la hacía girar por entre las personas, que ni se percataban de la cara del chico.

—Oye, ¿estás diciendo que me visto simplona o qué?

Él negó.

—Te vistes normal. Por ejemplo, Mariska hace uso de su dinero para verse como estrella del pop los 365 días del año. Por eso tiene tanta atención de los muchachos. Tú no haces eso y hoy que lo haces seguro tienes a miles de personas muriendo por tí —aclaró, batiendo las gruesas pestañas.

—¿Miles? —le contestó ella, riendo sin control. Le dio unas palmadas en el brazo.

—Hablo en serio —dijo Zack, estrechando los ojos para acentuar aún más su falta de humor en eso. Pero Zoey no podía evitar reírse de sus comparaciones. Para ella nada había cambiado por usar tacones.

Estrechó los ojos también y acomodó mejor los brazos sobre los hombros de Zack. No estaban siguiendo ningún ritmo en particular, por lo que ahora se movían poco.

—Bien, de acuerdo —aceptó—. Me veo sexy según tu, Jessica y Davenson, lo que no es mucho. No son miles, ¿ves?

Zack se irguió de pronto.

—¿Daven...son? —repitió.

—Me invitó a bailar y le dije que no.

Zackary frunció el ceño y miró a su alrededor, tal vez buscando a Rick, pero cuando Mariska enfiló hacia ellos, volvió la cabeza.

Giraron disimuladamente hacia el otro lado, justo cuando la chica pasó por detrás de Zoey. Siguió su camino sin mirarlos y ambos se relajaron en cuanto comenzó otra movida canción que llevó a todos de nuevo a bailar apretadamente.

—¿No te molesta que estén haciendo una fiesta tan cercana a la fecha de tu cumpleaños? —le preguntó Zoey. Zack bajó la mirada, sonrió y negó—. Es pasado mañana, ¿sabes? Y lo irónico es que tu trajiste regalos para mí y yo... pasé semanas pensando qué darte.

El Alma [El dije #2]¡Lee esta historia GRATIS!