13. Él lo sigue esperando {3871 palabras}

Resumen: A Niall le duele que él sea tan terco, odia que sea tan enojón y pesado, pero sigue amando su compañía sin importar qué.

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Niall

" Lo conocí cuando tenía veinte años y me encontraba en uno de los mejores años de universidad. Al principio no fuimos tan cercanos y no sentimos esa chispa que normalmente se describen en cientos de historias y de libros famosos que a él le encantaba leer. Yo tenía una pareja estable; llevábamos tres años juntos, y él, se estaba viendo con alguien, según tenía entendido. Así que decidimos ser amigos.

Fuimos amigos. De los mejores. Harry logró ganar su puesto como mejor amigo, y demostró que quería estar al lado mío sólo apoyándome en mis momentos más difíciles, al igual que yo cuando tuvo sus recaídas. Me ayudó cuando rompí con la única persona con la que creía tener algo especial. Y yo lo ayudé cuando se dio cuenta que su casi pareja no era más que una persona falsa. Me ayudó cuando perdí amigos importantes, amigos que en algún instante me lo presentaron y dijeron "creemos que se podrían llevar bien", y yo lo ayudé cuando su madre dio su último respiro en el hospital al cual estaba internada.

Poco a poco, Harry se fue involucrando más en mi vida, al igual que yo en la de él. Nos contábamos todo. Salíamos juntos a todo. Casi vivíamos juntos.

Hasta que, bueno, los dos terminamos completamente borrachos, follando en la parte trasera de mi auto.

Todo se volvió más tenso desde ese momento, y con ello nos pudimos dar cuenta de una cosa;

¿Por qué nos incomodaba hablar de eso, cuando deberíamos tomar todo ese asunto como una broma y dejarlo atrás?

Porque no podíamos. No podíamos olvidar esa noche. Porque los dos nos habíamos vuelto tan cercanos, a tal punto de comenzar a sentir cosas por el otro, sentir atracción que nunca pensé que sentiría con mi mejor amigo.

Fue difícil. Esa situación nos distanció y nunca deseé con tantas ganas no haber bebido esa noche. Pero luego, por más loco que suene, arreglamos nuestros problemas y dijimos "Es como ser mejores amigos, pero que follan y se besan, ¿no?"

Y así es como comenzamos nuestro noviazgo.

Era lindo. Harry siempre me escribía, sin importar la diferencia de hora, ya que por temas de trabajo, el tuvo que viajar a Australia, disminuyendo considerablemente nuestra frecuencia al vernos. Yo lo llamaba cuando pensaba que no lo molestaría por el horario que tenía. Nuestra relación, a pesar de haber distancia entre nosotros, fue creciendo más y más a medida que pasaban los días, meses y años, y fue mucho más grande cuando por fin logró obtener un puesto en Irlanda y volvió conmigo, decidido a que nos casaríamos.

Fue el mejor momento de mi vida. Estaba convirtiéndome en el esposo de mi mejor amigo, mi confidente, mi amante y mi todo. Era lo único que necesitaba. Lo amaba tanto que deseé que nuestro final fuera un y vivieron felices para siempre.

No fue tan así.

Harry y yo nunca habíamos querido tener un hijo o hija. Es decir, sí; pensábamos que los bebés eran lindos, pero no a tal punto de tener o criar uno, en primer lugar, porque yo no soportaba los bebés (por más feo que suene) y en segundo lugar, aunque tampoco menos importante, él decía que quería tener viajes conmigo, vivir varios años juntos, antes de que decidiéramos que era hora de adoptar un niño o niña.

Nunca lo adoptamos. Queríamos hacernos responsable de alguien y amarlo hasta al cansancio, pero no creíamos estar listos (a pesar de cada uno tener casi treinta años) para asumir semejante responsabilidad de un niño. En lugar de un bebé, pensé que sería buena idea aceptar la propuesta de mi hermano cuando me dijo "Kayla tuvo perritos, ¿quieres adoptar uno?".

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