Reto 3

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Consigna: Imagina que eres un superhéroe con una gran fobia a la oscuridad, escribe un relato de superación.


SOY BATMAN XD


Vio la luz en el cielo, esa que formaba un enorme murciélago, y tembló ante la idea de dejar la seguridad de su iluminado hogar. Se burló de sí mismo. El caballero de la noche asustado de la oscuridad. Más que irónico parecía idiota, pero era la verdad. Batman no soportaba la oscuridad.

—¿Va a salir? —preguntó Alfred aprontándose a la ventana donde Bruno estaba parado. El anciano no pudo evitar sentir pena por su amo, estaba temblando demasiado, tanto que podía notarlo—. Deberías buscar ayuda —le dijo y lo enfureció.

—Un héroe no busca ayuda —aseveró Bruno—. ¡Un héroe ayuda a los demás! —gritó pateando la mesa cerca de él, tirando la hermosa lámpara que descansaba en ella y que, al romperse, disminuyó un poco la luminosidad de esa habitación. Eso congeló a Bruno.

—Traeré una nueva lámpara —señaló Alfred y salió raudo por otra fuente de luz. Bruno se había quedado temblando y eso le molestaba a Alfred. Pero su molestia no era de enojo, era de pura compasión. Ver a su amo tan aterrado le dolía. Precisaba ayudarlo.

Pero Bruno no quería ayuda, no quería tener que mostrarle a alguien su vulnerabilidad. Ya tener que aguantar la mirada compasiva de Alfred era demasiado insoportable. Pero no podía evitarlo, esta imperiosa necesidad de estar a la luz no se iba, esa estúpida idea de que la oscuridad le atraparía, le asfixiaría y le tragaría seguía atada en su cabeza. Y todo era gracias a Gatubela, esa arpía se las había apañado para entrar en la psique del defensor de ciudad Gótica.

La lámpara fue repuesta y el desorden de la habitación fue eliminado por Alfred, el único autorizado a entrar en la habitación del joven Bruno Díaz.

—¿No dormirá, de nuevo? —preguntó el mayor y el joven, cruzando los brazos, presionó sus manos en sus fuertes bíceps.

—Cuando cierro los ojos se pone oscuro —musitó y Alfred empuñó las manos. Esto era demasiado. No podía seguir permitiendo que su joven amo sufriera, ni que el pobre de Robín siguiera encargándose de absolutamente todos los crímenes de la ciudad. Eso lo dejaría pronto con dos locos a los cuales atender.

Alfred hizo una llamada telefónica y se disculpó mentalmente con su amo, pues no podía solo dejar que esto pasara. A la mañana siguiente, y justo después de que Bruno rechazara el desayuno, el mayordomo anunció la cita con la Psicóloga Selina Kyle y no le dio oportunidad de rezongar, porque la mujer ya entraba en la habitación donde Bruno estaba.

—Veo que esto ha sido sin su consentimiento —dijo una voz cantarina, proveniente de la mujer de traje elegante, cabello exageradamente ordenado y anteojos discretos—. Si desea me retiraré —señaló y Bruno suspiró. Alfred debió pensarlo mucho, y si había considerado la ayuda profesional es porque él se veía realmente mal. Aunque no es que no lo hubiera notado, se sentía realmente mal.

—Está bien —accedió Bruno haciendo una seña para que tomara asiento justo frente a él. La mujer lo hizo con una discreta sonrisa. Entonces se presentó, a pesar de que Alfred ya había mencionado su nombre, y preguntó por el malestar que aquejaba al paciente.

—Le temo a la oscuridad —confesó Bruno apenado. Él no era un niño, era un hombre, y no un hombre cualquiera, era Batman. Aunque eso no lo diría.

—La oscuridad es aterradora —dijo la mujer mientras le miraba con seriedad—. Uno puede llegar a creer que no saldrá de ella cuando ha caído allí.

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