¿De todos modos un cuerpo sin alma es un cuerpo sin vida no?

-¿Tienes hambre? –La voz de Iam hiso salirme de mis pensamientos. Lo miré. Tenía puesto unos pantalones negros y una camisa de color gris, su cabello estaba despeinado y mojado, eso hacía que sus ojos se vieran de un azul intenso. Se veía demasiado formal como para quedarse en la casa. Iba a salir.

-¿Irás a algún lado? –Pregunte mientras me alejaba del ventanal y me sentaba en uno de los sillones de la sala. No sería algo extraño que él saliera, últimamente salía casi todas las noches y volvía a altas horas de la madrugada. Me revolvía el estómago pensar que él iba a verla a ella. Pero solo eran pensamientos míos, pues en verdad no sabía la causa de sus salidas y tampoco quise preguntarle.

-Sí, tengo negocios que atender. –Dijo mientras se colocaba la corbata que llevaba en sus manos. Se veía tan sexy con aquella vestimenta, se me hacía difícil ser cortante con él así. –No volveré tarde, ¿Quieres que traiga algo de comer?

-No. –Respondí cortante mientras tomaba el control remoto y encendía la televisión. Él soltó un bufido y luego salió por la puerta sin más. Inhalé y exhalé unas diez veces tratando de quitar el pensamiento de que él iba a verla a ella. Pero simplemente era imposible de sacar esos horrorosos pensamientos.

Busqué mi celular entre las almohadas, sabía que lo había dejado por ahí tirado. Después de tirar todas las almohadas al suelo al fin lo encontré. Marqué el número de Pam y la llamé.

-¡Oh mira quien se digna a dar señales de vida! –La voz de ella sonó sarcástica. Involuntariamente una sonrisa se marcó en mis labios. Ya la había extrañado.

-Ven a la costa de la ciudad, a la cabaña blanca. –Antes de seguir hablando ella me interrumpió.

-¿LA COSTA PRIVADA? ¿ACASO NO ES ILEGAL ACCEDER A ESE LUGAR SIN EL PERMISO DE LOS DUEÑOS? –Sonaba bastante emocionada y eso me hiso soltar una pequeña carcajada.

-El dueño te da permiso. –Dije mientras pensaba en Iam.

-¿ACASO CONOCES AL DUEÑO? –Sonó asombrada, pude imaginarme sus ojos como platos, era algo típico de ella.

-Sip. –Dije simplemente mientras me acomodaba en el sillón. –Pediré pizza, no tardes.

Después de escuchar el gritito de emoción de Pam corté la llamada y me acurruqué en el sofá. ¿Cómo carajos ese sofá era tan cómodo? Simplemente era perfecto.

Me quedé allí tirada en el sofá unos quinces minutos pensando en los distintos restaurantes o moteles en donde Iam y Lunn podrían estar en estos momentos. Me daban ganas de vomitarles encima. Sacudí mi cabeza intentando sacar esos pensamientos y pateé una almohada con furia haciendo que la almohada volase hasta la cocina. Refunfuñando me levanté del sofá y subí al baño para tomar una ducha.  Definitivamente una ducha fría era lo que necesitaba para aclarar mis pensamientos y quitarme esa horrible jaqueca que tenía encima.

Después de veinte minutos terminé de ducharme. Me coloqué mi pijama de unicornios morados que había comprado de una tienda de descuentos por la mañana y sequé mi pelo, después de habérmelo secado me hice un rodete desarreglado dejando caer algunos mechones. No me puse maquillaje, no tenía ganas de arreglarme, menos con aquellos pensamientos de Iam y Lunn en una velada romántica. Definitivamente me sentía mal por dentro y quería verme mal por fuera también. Sí, así es, toda una perdedora.

El timbre de la cabaña hizo salirme de mis pensamientos, me coloque unas pantuflas blancas que había encontrado en la habitación y baje corriendo las escaleras, abrí la puerta y sentí como Pam me asfixiaba con un abrazo verdaderamente reconfortante.

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