¡Hola! os dejo en la parte derecha el trailer de la novela, dejadme un comentario sobre lo que pensaís del trailer please. ¡Nada me gustaría más! Gracias por adelantado.

Abrí los ojos con un cansancio excesivo. Los ataques de ansiedad me dejaban totalmente fuera de combate al día siguiente. Me costó recordar dónde estaba y con quien estaba pero mirar hacia la mesilla de noche y encontrar una foto de Tom con su madre me ayudó. Me estiré y giré lentamente. Al hacerlo encontré la cara de Thomas más cerca de lo pensado.



Wow. Su aspecto dormido me dejó sin aliento. El pelo tan corto que tenía lucía un poco despeinado y su gesto era de total tranquilidad. Abrazaba a la almohada con el brazo derecho, seguí la mirada de su brazo izquierdo y reparé en que descansaba en mi cintura. Sonreí, al menos se sentía tranquilo conmigo.

Me levanté de la cama con sumo cuidado y tomé unas fotos. Esas fotos no serían enviadas a nadie, eran solo para mi uso y disfrute pero mi momento de fotógrafa profesional se vió interrumpido por la melodía de mi teléfono. Contesté lo más rápido posible pero aún así Thomas se removió en la cama.



—¿Papá? ¿Cómo estás?-—Corrí por el salón y salí al balcón.

—¡Muy bien! Llegamos hace horas pero no llamamos por la diferencia horaria. Todo ha ido bien.

—¿Ha empezado mamá ya con las sesiones?

— Dentro de media hora entrará en la primera ¿dónde estás? No se escucha ruido.

—Estoy en casa de un amigo.

—¿Elizabeth?

— ¿Papá?

—Cuidado con lo que haces. No me hagas tener que volver y darte una charla sexual.

— Gracias papá, pero lo más húmedo que hice anoche fue ducharme.

—¡Suficiente! Te dejo, tu madre me está llamado. Por la noche volveremos a hablar ¿de acuerdo?

—Te quiero papá.

—Y yo.



Colgé y volví a entrar. Como no sabía dónde estaban las cosas decidí volver a meterme en la cama y en cuanto lo hice Tom se volvió a mover y pasó una pierna por encima de las mias. Me puse repentinamente nerviosa.




—Buenos días.—Dijo con la voz aún adormilada, abrió los ojos y al ver su postura retiró la pierna.—Lo siento.

—No te preocupes, estaba cómoda.—Me giré para mirarlo de frente.—¿Has dormido bien?

—¡Sí! Eres cómoda.

—¿Soy cómoda?

—¡No! Quiero decir que estuve cómodo, no me malinterpretes.—Se tapó la cara con las manos y yo me acurruque en su pecho.

—Comprobado, tú también eres cómodo.—Tom pasó las yemas de sus dedos por mi espalda y las movió de arriba a abajo.—Si sigues así voy a tener que pedirte que no pares.

—Y si tú sigues así moriré de hambre, ¿quieres salir a desayunar?
—No sé dónde está mi ropa.

—Vaya es cierto, tendrás que quedarte hasta después de comer. Fabiola traerá tu ropa entonces. ¿Cómo ha sido tu experiencia de dormir en calzoncillos?

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