El Circo. Parte I

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Terminé rápidamente de arreglarme, porque sabía que pronto volvería Darius para "escoltarme" a la función del Circo

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Terminé rápidamente de arreglarme, porque sabía que pronto volvería Darius para "escoltarme" a la función del Circo.

La noche había caído totalmente sobre el palacio y las sombras envolvían el cuarto. Encendí las lámparas y peiné ágilmente mi cabello. Este había crecido en el último tiempo, pero aún no alcanzaba una longitud suficiente para recogerlo. Era demasiado corto, pues siempre lo llevaba casi al ras del cuero cabelludo.

Debido a que el agua potable era exigua en Las Ruinas, era mejor llevarlo así o raparlo totalmente y de esa forma no debíamos lavarlo seguido, evitábamos nudos, y sobre todo, piojos. Porque si bien los recursos escaseaban, las plagas sobreabundaban.

Piojos, pulgas, garrapatas y demás parásitos habían proliferado a causa del calor y la suciedad. Aunque muchas de las enfermedades conocidas habían sido erradicadas debido a las guerras, que menguó considerablemente la población. Quizá en algunos lugares algunos virus podían haber sobrevivido, pero no en el área donde yo vivía. Allí no había una cantidad considerable de habitantes y todos estábamos relativamente sanos. Solo debíamos preocuparnos de no contraer bacterias o parásitos por beber agua contaminada o comer carne en mal estado.

Las infecciones eran otra cosa de cuidado. Los medicamentos faltaban, las plantas medicinales eran pocas y no todos las conocían. Mi madre y yo éramos afortunadas en ese aspecto, porque mi padre había sido boticario y nos había enseñado todo lo que sabía sobre ellas y podíamos compartir nuestra sabiduría con quien necesitara.

Inmediatamente llegó a mi mente la imagen del obrero rogando por un medicamento para sanar a su hijo. Enfermar en El Refugio era igual que en Las Ruinas. La diferencia estaba en que control de la vida lo tenía Argos y no la naturaleza. Él racionaba las medicinas, él decidía si vivías o morías.

La puerta se abrió de golpe y entró Darius, tan manso y simpático como un perro de caza. Enseguida ladró que me diera prisa, que ya era momento de irnos.

−Tal vez seas invitada de su Majestad, pero no voy a pasarme la vida esperando... o sales o te saco a jalones del cuarto.

No aguantaba las amenazas de ese tipo. ¡Lo odiaba! Pero pese a todo y considerando que por más título de "invitada" que me colgaran, aún era el juguete de Argos, mantenía el pensamiento optimista y esperanzador.

Pronto me reuniría de nuevo con Daniel. 

–¡Por fin sales! Ya me estaba haciendo viejo

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–¡Por fin sales! Ya me estaba haciendo viejo.−se quejó Darius, que pese a su traje militar nuevo, no era precisamente un quinceañero.− No pierdas más el tiempo y muévete. No querrás hacer esperar a "Mi Señor" como me has hecho esperar a mí.

‹‹Mi Señor, Mi Señor. Ya me está fastidiando tanta alcahuetería.›› pensé blanqueando mis ojos, procurando que aquel brusco hombre, de áspero carácter, no me viera. No quería ganarme otro golpe.

Comenzamos a caminar por el pasillo que se me hacía cada vez más infinito, sobre todo porque en el camino no nos paramos a recoger a Daniel.

‹‹¿Dónde estará? ¿Lo habrán llevado antes a la función? ¿Y si ha intentado escapar y los guardias lo han apresado y lo están torturando hasta matarlo?›› pensé con desespero. ‹‹¡No, eso no es probable! Él es el único que conoce la exacta ubicación de la Tierra Mítica. Mejor tranquilízate Alise y ya deja de pensar estupideces›› me ordené a mí misma, dejando escapar el aire que inconscientemente estaba reteniendo.

Entonces lo vi, al pie de la escalera, absoluta y completamente perfecto, aunque esa no era novedad.

También iba vestido de gala, y a diferencia de Darius, a él sí le sentaba. Su traje oscuro como el ónix ocultaba su torso herido y resaltaba el tono marfileño de su piel, especialmente de su tez. Por unos instantes no pude escapar de su magnética mirada, ni evitar sumergirme en sus ojos oceánicos.

Sentía que el mundo desaparecía en su presencia, sobre todo porque él también me estaba mirando.

‹‹Yo quería hacerle muchas preguntas importantes, pero... ¿Cuáles eran?›› pensé, sin poder recordarlas, aunque eso ya no me importaba, pues una vez más era cautiva de su encanto.

−Hola Alise. –musitó cuando estuve frente a él.- ¿Qué te has hecho? Te ves tan... diferente.− finalizó y cuando sus labios dejaron escapar esas palabras, cada sílaba se convirtió en una daga afilada que atravesó la simbólica burbuja de éxtasis que me llevaba flotando hacia su encuentro, haciéndola estallar y dejándome caer de lleno contra el suelo.

‹‹¡Qué me veo diferente! ¡Ni bonita, ni linda! Solo diferente... Daniel púdrete.››

No sabía exactamente a qué se debía mi enojo pero ahí estaba, lo mismo que todos aquellos pensamientos, fluyendo de forma verborrágica en el interior de mi mente. Y aunque intenté mantener mi máscara de templanza, un mordaz comentario se deslizó por mi garganta, fluyendo hacia el exterior, antes de que pudiera contenerlo.

−Tú también te ves distinto... Al menos ahora dejaste esos aires de pervertido y te encuentras decentemente vestido.

El ángel esbozó una mueca torcida, que por un momento alteró la pasividad de su perfecto rostro, causándome cierto regocijo.

−¿Qué esperan ustedes? No tenemos tiempo para coqueteos infantiles. Mi Señor aguarda. -apremió Darius, que ya estaba próximo a la puerta de salida.

‹‹¿Coqueteos infantiles? Es obvio que este bárbaro no puede entender el noble idioma de los ángeles, porque de hacerlo se daría cuenta de que aquí nadie está coqueteando.››

−Díselo a él, es quien demora.

Les destiné una mirada displicente a ambos hombres, y me adelanté, pasando por delante.

−¡Bah mujeres! A ti nadie te entiende angelito, pero a su especie, mucho menos.–escuché que murmuraba Darius.  

Místicas Criaturas. El Refugio ~En Físico PRÓXIMAMENTE~¡Lee esta historia GRATIS!