NUEVO: Tap - Historias en forma de chat para tu 📲 . Disponibles en español
Obtenlo ya

Reto 13

92 3 8

Consigna: Escribe un relato inspirado en una noticia que hayas leído esta semana.


MÉXICO DUELE, PERO NOSOTRAS SOMOS MACHAS

"San Juan sin gasolina... otra vez" Se leía en la portada de Ágora, nuestro chisme local según la expresión de mi madre.

—Otra semana a pie —dijo mi mamá mientras comíamos. Rose y yo suspiramos. Andar a pie no era algo que nos gustara, sobre todo en las muy empinadas calles de nuestra ciudad.

—Igual teníamos que bajarle las vueltas a la moto —dijo Rosa terminando de comer y revisando el celular—. El precio se va a las nubes. —Suspiré, tener que soltar un poco más para la gasolina era algo que tampoco nos gustaría, pero andar a pie era peor. Sobre todo porque nuestros sueldos nada que crecían.

—¿Leíste lo de los saqueos? —preguntó Karla que tampoco soltaba el celular.

—¿Saqueos? —pregunté apartando la vista de mi móvil.

—A tiendas —dijo mirándome sorprendida. Pero la sorpresa de fue pronto, yo era de las que no estaban interesadas en los chismes, y también era de las que no solía poner atención al entorno—. Según por lo de la gasolina.

—¿Y eso que tiene que ver? —pregunté, yo no le encontraba el sentido. Y es que no tenía.

—Señuelos —dijo Rose—. Hay quien dice que es el mismo gobierno. Quieren dejar a los que se manifiestan como revoltosos, para desmeritar su lucha.

—Oh —hice pensando que eso me sonaba de absolutamente todo—. ¡Los quince años de rubí! —concluí y mis hermanas asintieron. Como si todo el mundo no supiera que la famosísima fiesta no era más que para desviar la atención del pueblo ignorante.

—La televisión es un mierda —dijo Rose y mi madre la reprendió. Cuando uno come lo menos que quiere escuchar es la palabra mierda.

—Yo por eso no la veo —dije ufana. Pero Karla señaló mi desventaja, diciendo: —Por eso luego no te enteras de nada.

—Igual en Facebook está todo —dije volviendo a deslizar el dedo por la pantalla de mi celular. Aunque Facebook era otro espacio por el que poco pasaba mis ojos.

—Leí que un restaurante de comida china vendía carne humana —dijo Karla y todos la miramos mientras dejábamos caer la cuchara en nuestros respectivos platos—. Ups —hizo viendo como las que aún comíamos le acribillábamos con la mirada.

—¿En dónde? —preguntó Rosa y dije: —En todas partes. Es leyenda urbana ¿no?, como lo de que los tacos en San Juan son de perro. —Nos reímos todas. Esa leyenda sonaba treinta por ciento falso y setenta cierto. Y no por eso dejábamos de cenar tacos cada sábado.

»Los orientales son excéntricos —aseguré— pero comer carne humana... no sé ¿mataba gente? —pregunté.

—Una mafia le proveía —explicó Karla que era la que conocía el reporte—. No le cobraban renta a condición de que desapareciera los cuerpos, y así se ahorraba la carne. —la miré divertida. Como buenos mexicanos le encontrábamos todos los puntos buenos a todo. Éramos tan optimistas que contagiamos hasta a los chinos.

—México está podrido —dijo mi madre—. Se llevaron las motos de los policías en el malecón —dijo y leyó la nota completa donde decía como a dos policías les habían dado baje con sus motocicletas mientras levantaban una infracción.

—¿Dos policías para levantar una infracción? —pregunté divertida. Rose dijo: —Obvio, uno para detener la libreta y el otro para escribir.

—¡Como debe de ser! —soltamos Karla y yo a unísono la muletilla de la pequeña —pero más alta que nosotras— Rose que dijo también: —Como debe de ser. Por cierto, ya hablé con Lalo sobre el acosador. Dijo que estarían al pendiente de mí.

—¿Y tus acosadores? —preguntó Karla para mí. Dije: —En las calles, pero ya compré gas pimienta.

—De haber sabido que les darían tantos problemas, no las hubiera hecho tan bonitas —jugo mi madre. Todas reímos. Nosotras si éramos bonitas, pero ese no era el problema. El problema era la podrida sociedad que hace mucho se olvidó de practicar el respeto.

—Y con los normalistas, ¿qué se supo? —preguntó mamá que tampoco era fan de ver televisión.

—Lo último que se supo fue que desaparecieron y que no daban con ellos —dije una patética verdad—. Pero puede que sean de los tantos que salen de las fosas clandestinas descubiertas en Veracruz. —y un silencio incomodo se hizo mientras todas volvíamos los ojos a nuestros respectivos teléfonos. Incluso mi madre había cambiado el periódico por el móvil.

—Van a sectorizar el país —anunció una nueva Karla—. Ahora serán los estados ricos y pobres, los precios dependerán de eso. —explicó y casi supliqué: —Ojalá Jalisco sea de los pobres, o deberemos dejar de comer. —reímos.

—Jalisco es industrial —señaló Karla inflando los cachetes y suspiré. Eso nos pondría dentro de la clase rica cuando no estábamos ni cerca a eso.

—Dios —dije llevando mis trastos al lavabo donde los lavé bajo la vigilante mirada de mi madre que había amenazado con no prestarnos más la vajilla si no la lavábamos después de usarla—. Mejor me voy antes de que el presi se invente otro huracán grado nueve para desviar la atención del tratado para vender medio país.

—¡Adiós! —dijo Rose que también había lavado ya sus trastes y se iría conmigo medio camino para volver a nuestros respectivos trabajos.

Mi mamá y Karla volverían más tarde al trabajo porque habían salido tarde también. Es por eso que, este era uno de esos milagrosos días en que las cuatro coincidíamos en la mesa. Y nuestra sobre mesa eran increíbles y preocupantes noticias que no lograron sorprendernos. México era así y, tristemente, nos habíamos acostumbrado a ello.



Patético, triste y cierto. Nuestro hermoso país se fue a la mierda y no hay quien pueda hacer nada al respecto. México nos duele a todos, pero nosotros no hacemos más que aguantar. Es patético, triste y cierto. 

No voy a seguir el orden de los retos —no, no les faltan once de leer—. Iré escribiendo de lo que me nazca escribir. Gracias por leer. Besos. 

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!