El Refugio. Parte I

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Los siguientes días de mi viaje en el tren no contemplé más ruinas, solo desierto

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Los siguientes días de mi viaje en el tren no contemplé más ruinas, solo desierto. Kilómetros y kilómetros de blancas arenas (ya la tenía hasta dentro de los ojos) y cientos de esqueletos de animales y plantas regados sobre esta, reposando bajo los rayos del sol refulgente, en un lugar que antaño podría haber sido un fértil y frondoso bosque posiblemente.

Una mañana desperté sobresaltada por una pesadilla. Soñé que me perseguían unos cazadores, como si yo fuera su presa humana. Corría desesperada por una sombría montaña para salvar mi vida mientras una bruma espesa se escurría a mí alrededor nublando mi visión. No podía ver bien el camino, ni a mis perseguidores, pero finalmente llegaba a lo que parecía ser un precipicio y perdía el equilibrio porque caía en las profundidades y comenzaba a desvanecerme, desapareciendo en la inmensidad y oscuridad del abismo.

Traté de convencerme de que nada era real, a pesar de lo vívido del sueño, mientras miraba por la ventanilla.

El sol se levantaba soñoliento en el horizonte. Divisé la silueta de imponentes centinelas de piedra, que se erguían frente a nosotros, bañados por la luz matinal que le conferían matices de oro. Era una imagen hermosa. Sin embargo, cuando el sol coronó el cielo, al mediodía, todo aquel efecto del glamour desapareció y distinguí la compleción de una formación rocosa de gran envergadura, vasta, desolada y monocromática, como todo en el mundo que conocía. Habíamos llegado a las montañas.

Los soldados recorrieron los vagones-celdas para despertarnos. En breve, llegaríamos a nuestro destino.

Nos fuimos acercando al cordón montañoso principal. Parecía incluso que íbamos a chocar contra aquel, pero el tren se detuvo. Asomé la cabeza por las rejas de la ventana de mi prisión y vi que los guardias que se encontraban al pie de la montaña movían una palanca. Una puerta que parecía formar parte de la estructura rocosa se abrió revelando un túnel oculto: "una entrada secreta".

Tuve la sensación de que mi pesadilla se volvía real, porque me sentía cayendo en un abismo y en breve terminaría desapareciendo. Yo Alise Manson, la persona, dejaría de existir y pasaría a ser una propiedad, un objeto, una esclava.

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