Reto 1

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Consigna: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.


DÍA 1

Dejamos el parque atrás y volvimos a casa caminando. Por alguna razón el frío se había disipado. O tal vez no, tal vez solo era que nuestros corazones ardían tan intensamente, que no sentíamos que nuestros dedos entrelazados iban a resquebrajarse en cualquier momento.

Ricardo seguía con esa hermosa sonrisa que yo adoraba. Y yo no podía evitar que mis labios se estiraran cada que lo veía. Lo amaba, lo había hecho siempre, desde hace diez años. O puede que desde mucho antes.

—Desearía estar así para siempre —soltó el hombre a mi lado y reí. Pensaba lo mismo, pero no lo diría tan abiertamente.

—A mí, caminar en la nieve fría por siempre, no me hace mucha ilusión —dije buscando obtener una de sus caretas infantiles que tanto adoraba, y obtuve lo que quería. Ricardo me miró con cansancio y yo le sonreí. Tal vez era porque estaba muy feliz, o quizá era por el frío, pero quitar la sonrisa de mi cara no era algo que pudiera hacer.

—Te amo, Meredith —soltó sonriendo, sonrojándome. Aunque puede que no se notara. Mi cara era toda roja y eso sí era exclusivamente por el frío.

—También te amo —dije, presionándome a su cuerpo. Necesitaba tenerlo cerca, necesitaba recuperar el tiempo perdido, necesitaba que ese hombre que adoraba jamás olvidara que era mío.

Ricardo me abrazó y, después de casi medio minuto, volvió a tomar mi mano para dirigirme hasta mi casa, donde daríamos a todos la noticia de que íbamos a casarnos.

La casa de la abuela era una locura. Despedimos la noche vieja con alcohol, así que mis hermanos, primos, tíos, mis padres, incluso los perros, estaban ebrios. Los únicos sobrios éramos Ricardo, la abuela y yo. Ella porque no aprobaba que se bebiera como unos barbaros, hasta perder la conciencia, y nosotros porque íbamos llegando.

—¡Te lo dije! —exclamó mi abuela en cuanto nos vio entrar. Le miré agradecida y, deshaciéndome de mi helado abrigo, caminé hasta ella para abrazarla fuerte.

—Gracias —susurré a su oído después de besarla—. Eres lo mejor del mudo —aseguré pegada a su blando cuerpo.

—También dije que me lo agradecerías algún día —recordó y, volviendo en mis memorias, di con el momento exacto que escuché y odié esas palabras.

—Aunque entonces no lo creía así —murmuré—. Pero de verdad que estoy muy agradecida.

—¿Cuándo es la boda? —preguntó tan alto que mis tres hermanos y mis cinco primos, que escucharon, dirigieron la mirada hasta nosotros, incomodado a mi futuro, y posiblemente difunto, esposo.

Creo que vale la pena mencionar aquí y ahora que, en la última generación de mi familia, soy la única mujer.

—¡¿Boda?! —preguntaron a unísono, provocándome reír no se sí de nervios o de lo gracioso que sonó.

—Espero que sea pronto, ya quiero tener bisnietos —dijo la abuela echándole leña al fuego.

—Amor, van a matarme —farfulló Ricardo poniéndose tras de mí. Me reí de su cobardía, pero no lo culpaba ni un poco. Ocho chicos celosos en contra de él, era para asustar a cualquiera. Incluso yo sentí un poco de miedo. Por eso llamé a papá, si alguien podía calmar a esa tanda de idiotas era justo mi progenitor—. No, tu papá no —suplicó Ricardo y caí en cuenta que no estaba ayudando con mis acciones. Papá seguro sería el más molesto.

—Así que quieres quedarte con mi nena —siseó mi padre, acribillando con la mirada a mi futuro difunto esposo. Ahora mismo estaba segura de que entre todos lo despellejarían vivo, lo colgarían en el árbol más próximo y lo apalearían hasta que muriera—. ¡Gracias al cielo! —dijo mi padre llenándonos de confusión a todos, especialmente a Ricardo y a mí—. Ya estaba planeando comprarle una jaula a la cotorrita.

—¡Papá! —grité más apenada que molesta, voy a decir. Él sonrió.

—Mi amor, la verdad es que ya estás bastante mayorcita; y con eso de que no mostrabas interés en nadie ya hasta me estaba imaginando que tenías una novia por allí guardada.

—¡Papá! —dije esta vez más fuerte y ahora sí muy molesta. Pero era molestia fingida. Era cierto que nunca mostré interés en nadie. Yo había pasado diez años enamorada de la persona que justo ahora mis hermanos abrazaban intimidadoramente, y que felicitaban con muy fuertes apretones de manos mientras decían cosas como "Si la haces llorar, te mato".

—He vivido para amarla —aseguró Ricardo escapando de mis hermanos y volviendo a esconderse tras de mí—, y viviré para hacerla feliz —prometió abrazándome por la espalda, besando mi cabeza. Los ojos de mis hermanos y primos se prendieron de nuevo. Eran celosos con letras mayúsculas mis hombres.

—Ricardo trajo un regalo —informé obteniendo la atención de todos—. ¡Alcohol! —informé y todos sonrieron. El alcohol les gustaba más que yo. Por eso, de camino a casa, sugerí que llevara algunos litros de amanzaidiotas, para llevar la fiesta más alegre que en paz.

Y todos bebimos como barbaros, hasta perder la conciencia. Menos la abuela, ella estaba dormida en su habitación.

No sé a qué hora me perdí, pero desperté colgada del árbol de navidad. Solo que yo era demasiado pesada como para que el árbol aguantara, por eso estaba en el piso conmigo.

—La abuela va a molestarse —dije al verme rodeada de esferas rotas, y me reprendí mentalmente por hacer ruido. Mi cabeza amenazó con estallar a mis propias palabras.

—No voy a molestarme —aseguró la anciana que salía de la cocina—. Ya me molesté —y le miré de manera suplicante. Ella estaba usando su voz más alta para molestarme—. Ven a desayunar —pidió, me levanté y la seguí, muy a pesar de que la sola idea de comida me causaba nauseas.

Un rato después de tomar a sorbos todo el caldo picante que hizo mi abuela, salí de la casa y me senté en el pórtico. Entonces alguien se sentó a mi lado, recargando su cuerpo al mío.

—¿A qué hora despertaste? —preguntó Ricardo, que seguro aún estaba dormido.

—A las diez —dije.

—¿Qué hora es?

—Cuarto para las doce —señalé. Ricardo gruñó, tallando su cara en mi hombro.

—Es temprano —dijo. Lo era. Estar despierto antes de las dos de la tarde en año nuevo, era casi inaceptable. Todos dentro de la casa estaban roncando. Menos la abuela que ya tocaba la batería de cocina con cucharas metálicas, para molestar a los borrachos de la casa.

—Vamos a dormir —pidió y accedí.

Y así terminamos el día uno de trecientos sesenta y cinco días de felicidad juntos. Porque después de la noche anterior, no volveríamos a despertar ese día.  



En los retos del año pasado había un reto que pedía una historia en noche vieja, esta podría ser la continuación. Pueden ir a leer, es una historia en mi tablero con la portada igual a la de este libro, pero con 2016 en lugar de 2017. 

No sé si es todas partes, pero en México se usa la palabra "cotorra" para referirse a mujeres de edad avanzada que siguen solteras.

Hoy, 03 de Enero de 2017, inauguro este hermoso proyecto llamado 52 retos de escritura 2017. Gracias por leer. Besos. 

52 Retos de escritura 2017¡Lee esta historia GRATIS!