Hannah se quedó callada. Sabía lo que Theo estaba intentando hacer al apelar un sentido de familiaridad. Sabía que ellos conocían a los gemelos, aparentemente alguien había hecho su tarea antes de venir por Scott. Al decir cosas que se mezclaban con hechos que habían sucedido, lo hacían más real. Theo pareció haber notado cómo Scott dudó y la mirada vacía de Hannah.

—Scott, Hannah, escuchen mi pulso —los animó Theo—. Estoy diciendo la verdad.

—O sabes controlar tu ritmo cardíaco mientras dices mentiras —sugirió Stiles, caminando hacia Theo y Scott.

—¿Por qué mentiría?

—¿Por qué no lo harías? —musitó Hannah, enderezándose y caminando hacia Theo, con los ojos puestos fijos sobre él—. Todo el mundo quiere algo de Scott. Tú quieres algo de Scott. ¿No mentirías para conseguirlo?

—Hannah, no tienes que ponerte toda "mamá osa" cuidando a sus cachorros conmigo —rió Theo, aunque Hannah vio como algo en su mirada se oscureció—. No soy una amenaza. Soy Theo. Scott y Stiles me conocen.

—Tal vez no eres quien dices ser —dijo Stiles, serio.

—En el cuarto grado, tú tenías un inhalador —le dijo Theo a Scott—. Yo también tenía uno. Recuerdo el día que terminé en la enfermería por un ataque de asma. Uno grave. Estaba esperando a que me llevaran al hospital. Tú esperabas al director. Me dijiste lo que pasa cuando te llevan al hospital con asma. Que te dan oxígeno y una intravenosa con prednisona. Lo hiciste sonar fácil, cómo si todo fuera a estar bien. He estado solo todo este tiempo. Todos saben que los lobos solitarios no sobreviven. Lo juro, soy el mismo chico de cuarto grado. Esperaba que tú también lo fueras.

Hannah rodó los ojos. Theo tenía poder de palabra, le concedería eso. Claro que Hitler también lo tenía, así que...

 El timbre sonó.

—Es mejor que no llegue tarde a clases —suspiró Theo—. Ustedes no son los únicos que necesitan causar una buena impresión —Theo les sonrió. Scott le sonrió de vuelta, Stiles aun parecía como si esperara que Theo lo mordiera y Hannah seguía aparentando como si no le importara. Theo se fue, dejando al trío en los vestidores del gimnasio.

—No me veas así —exclamó Stiles al notar la manera en que Scott lo miraba.

—A veces tenemos que darle a la gente el beneficio de la duda —explicó Scott—. Como a Hannah, por ejemplo. No la conocíamos pero le dimos una oportunidad, y míranos ahora.

—¡Pero es Hannah! Esta vez no podemos darle a alguien el beneficio de la duda, ¿sí? Yo tengo razón. Hay algo raro acerca de él, puedo sentirlo.

—¿Así como la vez que pensaste que Hannah era la que estaba haciendo sacrificios humanos?

—¡Hannah, dile algo! —Le pidió Stiles a su novia—. Casi no mataste a Theo con palabras, ¿qué te pasa?

—No confío en él —comenzó a decir Hannah, siendo interrumpida por ambos chicos.

—¡Bien! —aprobó Stiles.

—¡Hannah!

—Pero —continuó Hannah, guiñándoles el ojo—. Ya saben lo que dicen. Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca.

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 Horas después, Stiles llegó entusiasta a la mesa de sus amigos en la biblioteca. Hannah le siguió, menos entusiasta. Había desaprovechado toda una hora libre que pudo haber sido utilizada para besarse y tal vez algo más con Stiles.

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