Capítulo VII. Chocolate y té.

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¿Dónde están tus buenos modales? Ni siquiera me das los buenos días

 

Teclee rápido al notar a mi padre intentado ver a quien escribía.

 

Buenos días, espero que hayas descansado. Mis pies te odian y tengo agujetas en los brazos de llevarte ¿sigue en pie lo de esta tarde?

 

Me reí y contesté:

 

Sigue en pie pero no me gusta el té, quiero un chocolate.

 

Guardé el móvil en el bolsillo de nuevo pero enseguida volvió a vibrar.

 

Que quieras chocolate no va a ayudar a mis agujetas en los brazos. ¡Vigila tu alimentación!

 

Volví a reírme reparando en lo tonta que podía parecer sonriéndole a una pantalla.

 

Yo no te pedí que me cogieras en brazos, fue decisión tuya. Además, es poco caballeroso hacer bromas sobre el peso de una señorita"

 

¿Señorita?

 

Puse los ojos en blanco y suspiré aún sonriente.

 

¿Tienes chocolate o no?”Esperé su respuesta pero en lugar de ello me mandó una foto de un tarro de chocolate junto a un par de bolsitas de té, sonreí aún más. “A las cuatro y media en mi edificio ¿de acuerdo?

 

De acuerdo

Guardé el teléfono sin contestar sintiendo la miraba de mi padre clavada en mi. Le miré de reojo y él levantó las cejas.

 

—¿¡Qué!?

— No era George.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque George no te hace sonreír de esa manera.

— Es Tom. Vamos a salir esta tarde.

— Cuidado con lo que haces Liz. Recuerda cual es tu cometido en el trabajo.

—Lo recuerdo papá, lo cierto es que si hago esto es justamente por el trabajo. —Me coloqué el pelo detrás de las orejas nerviosamente.

—Lo que tú digas, mi deber es avisarte.

Después de dos horas más mi madre salió de aquellas puertas y al fin pudimos abandonar el hospital. Como también era la costumbre mi padre nos invitó a las dos a comer en el restaurante favorito de ella. Acabamos con tiempo justo para volver en coche a casa, ducharme y vestirme. Ni siquiera tendría tiempo de descansar un rato.

—¿Porqué tienes tanta prisa?—Preguntó mi madre cuando pregunté por enésima vez por el tráfico.

— Ha quedado.—Respondió mi padre, mi madre se giró en el sillón y me miró sorprendida.

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