Sábado por la mañana era sinónimo de hospital. Mi madre tenía que ir a hacerse un par de pruebas rutinarias cada mes y esta vez se la habían adelantado por el tema del cáncer. Mientras mi padre conducía nadie hablaba, yo estaba cansada y no tenía fuerzas pero mi madre se sentía triste, se notaba su estado.

Los tres entramos en la misma sala donde la última vez el doctor nos había dado la triste noticia y nos dio a cada uno una carpeta con varios papeles.

—Ya he reunido lo necesario para el tratamiento. Tengo que saber si todos estáis de acuerdo con lo estipulado y por ello os he dado los archivos. Dentro de una semana la paciente viajará a Boston donde se someterá al nuevo tratamiento. No se garantiza la supervivencia del paciente, ni siquiera la mejoría.

- ¿Tengo que pagar para que el estado de mi madre siga igual?-Pregunté desafiante.

—Eso no es del todo correcto, que no se garantice la mejoría no quiere decir que no ocurra. Son muchos los factores que pueden hacer que usted sobreviva o no señora Johnson.

—Mi futuro es la muerte doctor. Si hay alguna manera de evitarla no hay ningún riesgo para mi que no pueda correr.—La voz de mi madre sonó fuerte, nadie esperaba aquellas palabras de su boca. Ella siempre había sido una mujer con una gran fortaleza y pocas veces se había derrumbado.

—Intentemos cambiar ese futuro entonces.—Tomó la mano de mi madre y la apretó con cariño.—El problema es el siguiente, solo podrá tener un acompañante.

—Será mi padre, yo tengo que trabajar aquí para poder pagarlo todo.—Miré a mi padre rogando la aprobación pero hacía un rato que lloraba y estaba segura de que no se había enterado de la mitad.—¿Cómo serían los pagos?

— Necesitan un adelanto. Después será mensual. Tu madre tendrá una habitación en el hospital donde se realiza todo y tu padre tendrá una habitación en el edificio contiguo. Podrá quedarse junto a ella cuando quiera, no se lo negarán.

—¿Y qué pasa con la vida de mi padre? Me garantizan que mi madre estará atendida pero ¿él?

—También, no te preocupes Beth.—Paseó su mirada entre los tres buscando alguna respuesta pero nadie dijo nada.—Si no hay ninguna pregunta más tendré que hacerle las pruebas y preparar todo lo necesario para el vuelo. Necesitará medicina si sufre algún tipo de dolor.

—Por supuesto, mi padre y yo esperaremos en la sala.

Las cosas estaban yendo demasiado rápido para mi gusto. Sabía que mi madre se tendría que ir pero una semana era muy poco tiempo. Tendría que pasar el mayor tiempo posible con ella, tendría que estar cada segundo… no sabía si después de ese vuelo iba a volver a verla o no.

Miré al techo y resoplé intentado contener las lágrimas por mis pensamientos. Mi padre cogió mis manos y me miró sonriente.

—¿Todo irá bien?—Pregunté con la voz suficientemente baja como para que solo mi padre me oyera.—¿Verdad que sí, papá?

—Claro que sí, cariño.—Besó mi mano y no la soltó. Mi teléfono comenzó a vibrar en mi bolsillo y lo saqué con la mano que me quedaba libre.—Vaya, creo que tendré que liberarla.—Mi padre me soltó la mano y se limpió las lágrimas con un pañuelo.

Saqué el teléfono creyendo que vibraba por una llamada pero no, era un mensaje. Lo abrí sin conocer el número de teléfono.

¿Sigue en pie lo de esta tarde?

 

No había quedado con nadie más excepto con Tom en la tarde así que debía ser él.

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