Capítulo 3. Un salvaje nuevo mundo

391 4 0
                                                  

Saliendo por la puerta trasera de esa misma sala, llegaron hasta un espléndido jardín de caminos de fina grava de color blanco decorados con pensamientos de todos los colores y una gran fuente redonda en el centro hecha de granito gris azulado con la figura de un ángel. Por dentro, el Área Médica era de distintas tonalidades verdes.

Un cartel sobre el marco de las puertas indicaba que entrarían en la enfermería. Era una enorme sala rectangular con las paredes pintadas de azul claro y donde las camas, con sus respectivas mesillas y cortinas de separación, se encontraban enfiladas a lo largo de la pared de la izquierda. Dos hombres vestidos con bata los esperaban dentro. Intentaron mostrarse serenos, pero conocían a Jimmy desde su llegada a Wayback y sabían de sus «cambios de humor», así que tener a cuatro personas más con tendencias similares no les resultaba demasiado cómodo.

—Estos son los doctores Malone y Mendoza —dijo John—. Necesitan extraeros una muestra de sangre.

—¿Para qué? —preguntó receloso Mark.

—Creedme. No podréis hacerlo con una aguja —intervino Gary, que ya lo había intentado.

—Funcionará —contestó con firmeza el doctor de aspecto hispano.

Jimmy se volvió incrédulo hacia John.

—No me dijiste nada de esto.

—Es necesario. Confía en mí, Jimmy —respondió éste.

—Dime por qué.

John suspiró. Iba a ser más difícil de lo que imaginaba. Se intercambió varias miradas de complicidad con ambos doctores, y accedió. No hacía esto solo por Jimmy; si quería la colaboración de los Owen tendría que darles algo a cambio.

—Los doctores Malone, Mendoza y yo tenemos una teoría acerca de vosotros. Pero antes debemos comprobar que sois quiénes creemos que sois.

Los Owen lo miraron poco convencidos, pero John parecía ser el primer paso para empezar a encontrar las respuestas que estaban buscando.

—De acuerdo. Seré la primera —dijo Blair dando un paso adelante.

Excepto Jimmy porque, aunque se lo habían contado no lo presenció, el resto de sus hermanos entendieron por qué se había ofrecido voluntaria. Si en algún momento corriera peligro, su extraño escudo aparecería para protegerla. Blair se sentó sobre una de las camillas, ofreciendo su brazo.

—¿Dé qué están hechas las agujas? —preguntó Gary.

—No lo sé —respondió el doctor Mendoza con indiferencia.

En un abrir y cerrar de ojos, Gary se abalanzó sobre él. Le quitó de un manotazo la aguja que sostenía en la mano y le sujetó el cuello con fuerza.

—¡Gaz! —lo llamó Jimmy.

—Soy estudiante de Medicina. He hecho muchas extracciones de sangre y también lo he intentado conmigo. Todas las agujas se rompieron antes de poder atravesarme la piel. ¿De qué están hechas la agujas? —repitió la pregunta mientras seguía ejerciendo fuerza sobre el cuello del doctor Mendoza.

—De un metal especial —contestó John sin tener otra opción.

—¿Qué metal?

—De un metal que no existe en esta tierra.

—Especifica más —insistió.

—¡Gaz, suéltalo! —le pidió Jimmy.

Mark, que era el más cercano al chico por posición, lo sujetó con suavidad por el hombro y tiró de él hacia atrás.

Los Guardianes (I): OcasoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora