Capítulo 32: Hasta el final

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Narrador omnisciente

«¿Quién podrá ser?» se preguntó a sí mismo Kyouta. Se despegó de la cama y salió del cuarto dejando atrás a Shiro. Caminó hasta la sala donde se encontraba Misaki y un hombre sentado al que se le hizo familiar mas no lo reconocía.

—Emm, ¿gusta algo de té? —le preguntó cortésmente Misaki al hombre.

—No, señora. Muchas gracias. —Le agradeció el hombre haciendo una pequeña reverencia.

—D-De acuerdo...

—¿Quién eres? —interrogó Kyouta con la mirada firme.

El hombre lo observó un momento para luego levantarse de su asiento.

—Disculpe no haberme presentado. Mi nombre es Park Soo Hyun, ya habíamos tenido la oportunidad de vernos. —Se presentó el hombre y entonces Kyouta lo recordó.

—Ahhh, ¡ya recuerdo! ¡Tú eres ese tipo que estaba detrás de Geun Suk esa vez y luego te lo llevaste! —señaló el pelinegro, sorprendido de ver a esa misma persona en su casa— ¿Qué haces aquí? —interrogó sin entender el porqué de su visita.

—Sí, disculpa por venir sin avisar —se disculpó Soo Hyun—. He venido aquí sólo por una razón: Kohina Ichimatsu.

Los ojos del pelinegro se abrieron de par en par, sorprendidos por escuchar ese nombre salir de la boca de Soo Hyun y casi de forma inmediata se acercó a él y lo tomó de los brazos.

—¿Kohina? ¿Qué pasa con ella? ¿Sabes dónde está? ¿Qué le ha pasado? —Lo bombardeó de preguntas, la angustia apoderándose de su ser.

—Tranquilícese, por favor. Responderé todo lo que me pregunte con toda la disposición, pero primero siéntese, ¿le parece? —sugirió Soo Hyun y el pelinegro se alejó de él para retomar algo de calma.

—De acuerdo. Lo siento —musitó Kyouta bajando la mirada—. Ahora, por favor dígame todo lo que sepa de ella. —Pidió y se sentó en una silla junto al comedor.

El susodicho lo imitó y se sentó en frente de él.

—Bien. Primero, empezaré por contarle el motivo de su desaparición.

***

Una semana antes...

En otro parte, lejos de la ciudad de Tokio se encontraba una chica. Esa chica peliverde de ojos azul oscuro que tenía desesperado a la mayoría de sus amistades y sobre todo a un pelinegro que ella quería.

Kohina Ichimatsu se encontraba sentada frente a la ventana de su nuevo cuarto. Un cuarto que aunque fuera amplio, sofocaba a la chica haciéndola recordar esos momentos de su infancia en la que la dejaban encerrada en ese cuarto estrecho, sucio y oscuro. Pese a que le permitían salir por los terrenos de su nueva (pero temporal) casa, ella prefería pasar la mayor parte del tiempo en ese cuarto junto a su soledad.

Cada noche se quedaba frente a esa única ventana, observando el oscuro cielo a su alrededor, pensando en sus amigos y en ese chico enérgico de cabello negro. Rememoraba todos los momentos que vivió con él y sus amigos desde el primer instante hasta el último repetidas veces y añorando volver a esos días en los que en lo único en que tenía que pensar era en hacer sus deberes e ir a la escuela, cosa que no le desagradaba en lo absoluto, puesto que allí estaban sus preciados amigos para llenar su día de risas y bromas.

Un mes. Ya había pasado un mes desde que se fue sin decirles adiós. Esperaba que en algún momento Kyouta hubiera encontrado la carta que había dejado en el templo. Esa carta... En esa carta confesaba toda la verdad. La verdad sobre su origen y sobre sus sentimientos. Esos sentimientos que había callado por todos esos años desde que se conocieron.

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