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Entrando a la habitación gritó internamente de que pudiera oler sin tener ningún rastro del aroma de Park. Era confuso que toda la casa no estuviera impregnada de él cuando su perfume era lo suficiente fuerte para poder dejarlo por todos lados. Estaba al menos a salvo de no ser atacado por su aroma como hace unos minutos, tuvo que luchar contra todas sus fuerzas no reaccionar ante lo demandante que era o que su lado Omega floreciera ante él.

Sacudió su cabeza y levantó la vista mirando lo preciosa que era la recámara. Sumamente amplia, tenía un maravilloso estante de madera lleno de libros juntos a su cama matrimonial. En la esquina de la parte izquierda la sala pequeña con los muebles color café y dos burós en cada esquina con lámparas encima de ellos. Del otro lado, subiendo un escalón, estaba un gran espejo de vanidad en medio de los closet y el detalle de la cortina blanca atada por la mitad de ambos extremos se lo hizo un toque romantico. Junto estaba la entrada del baño, quería echar un vistazo, pero prefirió tomar sus maletas para tomar las pastillas.

Sacó el pequeño frasco, se acercó al buró junto a la cama para tomar el vaso y la jarra de agua que se encontraba puesta. Se detuvo unos minutos para admirar la ventana que lucía perfecta arriba de la cama, sentía que sería alumbrado por la luz de luna o por el sol cada vez que despertara y la tela, nuevamente, blanca era el toque adecuado para combinar con el lugar. También junto a la pequeña sala estaba la otra ventana, caminó llevando el bote y el vaso con agua en sus manos. Los puso sobre la mesa y regresó a su maleta para sacar un muda más fresca.

Brincó en su lugar al escuchar el ruido de la puerta.
— ¿Qué te ha parecido? — mordió por dentro de sus mejillas para no chillar del dolor en todo su cuerpo. Se olvidó de la ropa dejándola sobre la cama y corrió a la mesa sacando una cápsula pequeña del frasco. — ¿Qué sucede?
Park se acercó a él mirándolo con el ceño fruncido. — ¿Supresores?

Y antes de que pudiera tomarse la pastilla le fue quitada de las manos junto con el frasco que estaba sobre la mesa. Yoongi intentó acercarse para arrebatarselas, pero desistió de la idea de ser tocado por él aunque fuera un manotazo.

— ¿Podrías regresarmelas?— pidió irritado. —Las necesito.

Park bufó y esta vez sí pudo ver lo molesto que se encontraba su Alfa. En sus puños se notaba la furia que desprendía por cómo era apretado el bote con fuerza bruta haciendo crujir el plástico, él no se espanto, más bien le sorprendió y se irguió de orgullo por lo fuerte que era su Alfa.

—Sabes perfectamente que un Omega no puede tomar supresores cuando ya tiene a alguien con quién pasar su celo. — gruñó tan potente que esta vez se le dificultó no asentir ante su voz. — Tú no vas a tomar nada para disminuirlo, ya estamos juntos y debo ser el encargado de llevar esos días.

—Sí — musitó temblando de excitación, apretó las manos en la mesa y esperó a que Park se acercara por completo a él. Deseo que fuera rápido y hubiera aprovechado su momento de inestabilidad porque en un segundo se apartó tan rápido que el Alfa abrió los ojos sorprendido. — Estoy contigo por obligación, no hay nada que te pertenezca en su totalidad de mí. No necesito tú ayuda, los supresores son lo único que necesito en todos estos años que viviré junto a ti en lo que vence el contrato y yo encuentre a mi Alfa.

La voz sonó tan seria, firme e imposible de flaquear que Park por un momento pensó si realmente le provocaba algo. Él sentía de todo: Cuando Yoongi puso el pie sobre sobre la casa, su olor se desbordó por todo el lugar hasta llegar a su nariz haciéndolo estremecer. Podría ser moras o cereza, pero Yoongi portaba un olor exquisito cuando su celo estaba a punto de llegar y Jimin creyó que después de que pasaran los días, de todas formas, su olor sería lo más delicioso que su gusto del olfato degustara.
Una vez que abrió la puerta, se embeleso por su lo delgado que es su cuerpo, por las clavículas marcadas que le daban una imagen sexy y provocativa, entonces su lado posesivo y protector saltó. Los labios finos y rosas o los ojos rasgados perfectamente logrando una mirada felina y severa, le encantó junto con su personalidad tan distinta a los demás Omegas; era lo que necesitaba y buscaba en su pareja de toda la vida, le gustaba la idea de domarlo en la cama y hacerle todo lo que estaba a su alcance para escuchar de sus labios que él era su Alfa, escucharlo pedir por él y sus toques.

Forced Marriage → y.mDonde viven las historias. Descúbrelo ahora