Capítulo 11

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Camila pov.

Mis dedos se movían rápidamente sobre el teléfono de Lauren, en un segundo aprendí el número del que recibía mensajes estúpidos. Por Dios, ¿quién puede ser mejor para Lauren que yo?

Lauren había ido a visitar a su estúpida madre, odiaba que hiciera eso, siempre regresaba y creía tener autoridad en mi casa.

Había dejando su teléfono cargando y tuve que aprovechar la situación. Por otro lado, mis padres el día anterior habían decidió mudarse a Kansas debido al embarazo de Sinuhe, decían que era por su seguridad o algo así.

Reí. Ya había imaginado su sangre en mi boca, una pequeña a la cual quisiera arrancarle los dedos.

Siento un tirón en alguna vena de mi cuello provocando que doble la cabeza hacia el lado izquierdo  rápidamente mientras cierro los ojos.

Estás loca.

Hazlo.

No los dejes ser felices.

Mátalos.

Esa voz en mi cabeza diciéndome que hacer. Me levanté de la cama en un segundo yendo hacia el mueble y tomar la pastilla que me mandó el psiquiatra.

Me sentí enferma.

Había pensado en matar a mi hermana. Pasé la mano por mi cara.

Lauren tenía razón.

Estaba loca.

Otro tirón en mi cuello hizo voltear mi cabeza hacia el lado derecho.

Necesitas ayuda.

Descansa.

Huye.

Huye.

Las lágrimas salían de mis ojos, ya no, no quería seguí con esto, no quería que esas voces me dijeran que hacer. No quería.

Ya no quería dañar a nadie.

Me levanté rápidamente hacia la cocina tomando un cuchillo en el estante de los trastos, cerré los ojos pensando en Lauren.

Sonreí.

Dejé el cuchillo en su sitio y segundos después escucho la puerta ser abierta y unos ligeros pasos se oían por la sala.

—Camila.— la voz ronca de Lauren se inundó en mis oídos logrando calmar las voces que gritaban entre ellas.

Quizás no estaba tan loca después de todo.

—Camz.— volvió a gritar, su voz se apagó cuando abrió la puerta de la cocina y me vio allí parada. Me di la vuelta y vi su sonrisa borrarse al ver que estaba llena de lágrimas.

—Oh, amor. ¿Qué pasa?— sus brazos me abrigaban cuando tenía frío, su contacto no hacía que se me acelerara el corazón, su contacto me hacía estar en calma conmigo misma, era como estar en casa.

—Te extrañé, es todo.— no era una mentira, siempre que se iba me sentía débil y sabía que eso era un problema, no podía tener debilidades. Pero mierda, Lauren me hacía perder los sentidos.

—También te extrañé, pero ya estoy aquí.— no sabía por qué pero otro sollozo salió de mis labios. Me alejó un poco de sus brazos para tomar ambos lados de mi cara entre sus manos, juntó nuestras frentes y sonrío. —No me gusta que llores.— besó la lagrima que caía por mi mejilla en ambos lados y finalmente parando aquellos finos labios sobre los míos.

Trastorno Obsesivo-Compulsivo «Camren»¡Lee esta historia GRATIS!