Tom y yo continuamos bailando varias canciones más, parecía que no nos íbamos a cansar en toda la noche. Zoe y James bailaban a  nuestro lado de una manera demasiado sexual como para unirnos. Mi compañero de baile me hizo reír varias veces con sus alocados pasos que yo, sin lugar a dudas, imitaba.



—Oye, estoy agotado, ¿nos sentamos?—Dijo después de terminar la décima canción.

—Por favor.—Me giré para avisar a mi amiga de que nos íbamos pero estaba otra vez con las manos en la masa, decidí pasar de avisar y sentarme en el mismo sitio que habíamos dejado a George y a Rob.

—Creo que el ambiente se ha calentado demasiado.—Comentó. Yo fijé mi vista y supe a lo que se refería, Zoe y yo habíamos acertado presentado a nuestros amigos. Estaban cumpliendo el propósito de su presentación.—¿Vamos al mismo lugar que antes?

—Sí, alejame de esta bacanal.—Tomó mi mano y me guió a través de las personas que bailaban frenéticamente, se notaba la barra libre. Cuando al fin llegamos me desplomé en un sillón mullido que había en la esquina de la barra junto a una mesita baja. Tom me sonrió y yo me reí por su gesto de decepción.—¡No estoy acostumbrada a bailar!

—¡No he dicho nada! ¿Quieres un poco de sexo en la playa?—Me puse recta en el sillón y abrí los ojos sorprendida, Tom estalló en risas y entonces comprendí que se refería a la bebida.

— No, un refresco estaría bien.—Dije antes de que parara de reír.-—¡Tom!

—Perdona, perdona, se te ha visto muy emocionada.—Se alejó de mí y saqué mi teléfono, tecleé algunas notas para luego no olvidar lo que debía escribir y guardé el móvil antes de que llegase.—Aquí tienes, un refresco bien frío.

—Gracias.

-—¿Impresionada por mis dotes de bailarín de Broadway?

—Muy impresionada. ¿Tienes otro secreto guardado que nadie más sepa?

—Este secreto no era muy secreto. Acostumbro a bailar cuando se me antoja. Me da igual que sean sesiones de fotos, premieres de películas, premios… me gusta bailar.

—Eres un hombre feliz, supongo.

—Sí, aunque a veces añoro compañía femenina, paso demasiado tiempo con mi agente.

—Creo que tienes, literalmente, a todo un ejército detrás.—Se rió por mi comentario y yo sonreí, se veía tan relajado en este momento que cualquiera que nos viera podía dudar si era un actor famoso o no.

—No me malinterpretes, pero no es lo mismo. Ellas me quieren y eso está claro pero yo quiero a una mujer que me conozca por mí, no por mis papeles.

—Un poco complicado cuando tu carrera está en auge.

—Lo se, yo quiero una relación como la de Antonio Banderas y Melanie Griffith. Creo que es una de las pocas parejas en este mundo que verdaderamente se quieren.

—Pero Melanie es famosa y Antonio también.

—No descarto enamorarme de una compañera de pantalla pero de momento no he tenido la suerte. ¿Y tú? Una chica de tu aspecto y personalidad no puede tener muchas dificultades para encontrar a alguien.

—No me interesan las relaciones ahora mismo, estoy volcada en mi trabajo.—Me arrepentí de mis últimas palabras, ahora sabía que me iba a preguntar por mi trabajo y yo tendría que mentirle.

— ¿En qué trabajas? Eres muy joven como para pensar en el trabajo por encima de todo.

—Tengo veintisiete años—Mentí.—Y trabajo como relaciones públicas.

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