Tres.

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-¿Y la señorita Donat? -preguntó Erik a Paulo que estaba acomodando parte de la escenografía en el escenario del teatro para el estreno de la semana entrante.

-Lo mismo quisiera saber.

Erik se giró hacia la segunda voz, se encontró con los ojos azules de quien Paulo comentó sería Romeo. Erik achicó los ojos y se pasó la lengua por los labios esperando a que Paulo bajara de la escalera.

-¿Donde esta Christine, Paulo? -insistió el chico.

-Raoul, Erik -comenzó Paulo al bajar de la escalera-. Christine esta un poco indispuesta, ha tenido fiebre desde la madrugada y Meg dice que ha tenido unas pesadillas horribles, así que la he dejado descansar.

-El efecto Destler -murmuró Raoul. Paulo no lo escuchó, así que fue tras bastidores a buscar a las bailarinas.

Erik abrió los ojos de par en par.

-¿Qué has dicho? -preguntó Erik.

-¿Crees que no se quien eres? -elevó la voz Raoul.

-No se de que hablas.

Erik lo miró con desdén fingido y antes de que pudiera dar un solo paso, Raoul volvió a hablar sobre aquel escenario oscuro y vacío.

-Soy Raoul de Chagny, el único que ha llevado el nombre desde mi tatarabuelo -se presentó con un ademán.

-Sigo sin comprender -dijo, aunque lo hacía y empezaba a ponerse nervioso.

-Denon es su nuevo apellido, lo se. Pero mi familia mas bien lo recuerda como Destler, el hombre que casi acaba con mi linaje y todo por esa soprano.

Erik se llenó de furia y lo tomó desprevenido por el cuello de su camisa.

-Esa soprano tiene nombre imbécil, es Christine Daaé -masculló entre dientes.

-Pensé que nunca vería con mis propios ojos al Fantasma de la ópera -reconoció Raoul riendo.

Erik apretó su agarre logrando que Raoul comenzará a toser.

-Espero que sepas todo lo que se dice de mi, no tengo piedad.

-¿Cree que con esa nueva cara casi perfecta logrará hacer que Christine se enamore? Yo haré que ella lo rechacé, como ya lo hizo una vez.

-Tú no la quieres -dijo comprendiéndolo de pronto.

-¡Bingo! -exclamó Raoul riendo.

-Maldito -masculló.

Entonces los pasos y las risas de las bailarinas hicieron que Erik soltara a Raoul y tomara una distancia considerable. Se aclaró la garganta y saludó con un gesto a las bailarinas.

-Ella comenzará a recordar todo -le avisó Raoul-. Y volverá a aborrecerlo con toda su alma.

Raoul se dirigió a su puesto junto a las bailarinas dejando a Erik en medio del escenario. No podía dejar que eso pasara, salió del escenario corriendo hacia su habitación.

* * *

Meg, le pasó con cuidado la taza de té a Christine. Bebió un poco y agradeció el calor bajando por su garganta.

-Mi madre dice que a veces la fiebre provoca alucinaciones, tal vez lo que visite anoche y los sueños han sido producto de la fiebre.

-Meg, no he mentido -aseguró-. Anoche cuando el maestro Denon me pidió que le cantara interpreté Fausto, y nunca había escuchado de ello.

-Bien, te creo Christine, pero los sueños son sueños y ya -Meg tomó la mano de aquella chica que consideraba casi su hermana.

Christine se limitó a asentir. Había soñado con laberintos de piedra, con un hombre misterioso que la guiaba hasta una barca y con una casa elegantemente decorada hacia el final de un lago oscuro. Y después las melodías provenientes de un órgano le llenaron los oídos, primero dulcemente y después la atraparon con un dolor tan agudo que incluso cuando despertó las siguió escuchando y fue entonces cuando comenzó la verdadera pesadilla. 

A time for us/The Phantom Of The Opera.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora