Capítulo V: Just dance

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George me había establecido planes para esa noche pero aún así pasamos el resto del día en mi casa. A mi amigo se le ocurrió la idea de teclear para buscar en internet cosas sobre Tom. Cual fue nuestra sorpresa de encontrar todo un ejército de chicas que morían por él, y era literalmente un ejército. Así se denominaban. Miles de páginas dedicadas a él, fotos, gifs, videos… pero poca información. Todas las chicas se preguntaban alguna vez sobre la vida privada de algún famoso pero siempre podíamos intuirla. Sin embargo Thomas no tenía ningún tipo de historial amoroso.



—¿Y si es gay?—Preguntó después de buscar alrededor de 20 veces algo sobre su pasado.

—Puede ser, no lo confirma ni lo desmiente.—Me encogí de hombros y me dirigí a mi armario en busca de algún modelito para esta noche.—¿Me ayudas?

—Lo siento, creo que me apunto al ejército.—Puse los ojos en blanco y le tiré un cojín de mi cama.—¡No me distraigas!

— ¡Hazme algo de caso entonces!—George cerró el portátil de un golpe y me miró con los ojos muy abiertos.—Gracias, ¿que me pongo esta noche?

—Cualquier cosa te queda bien, guarra.

—Me envidias.

—Cierto.—Volví a mirar dentro del armario y saqué una falda.—¿Qué te parece esta falda? Es de las que se ciñen en la cintura, la puedo combinar con una camiseta holgada.

—Tu móvil está vibrando.



Tiré la falda y salté sobre mi cama para arrebatarle a mi amigo el móvil de las manos. Salté con tanta fuerza que mi cabeza golpeó el cabecero de mi cama. George estalló en risas porque sabía el porqué de mi entusiasmo y también sabía que no era quien yo creía.

— Hola Zoe.—Conteste mientras me acariciaba la parte trasera de mi cabeza. Esa noche tendría un bonito chichón.

—¿Qué tal todo? Tus trajes llegaron.

—Sí. Aquí estoy, con mi amigo George. Esta noche vamos a salir y no sabemos qué ponernos.—Pluralicé a pesar de que el problema de vestimenta era sólo mío.

—Oh, iba a proponerte un plan.—Puse el altavoz y me senté encima de George, me agarró por la cintura y me acomodó.

—Dispara, te escuchamos.

—Hola George.—Saludó por el telefóno.—Bien, la revista organiza una pequeña fiesta, hemos invitado a un par de famosillos, unos cuantos fotógrafos y catering.

— ¿Hay barra libre?—Interrumpió George.

—Sí.—Mi amigo chocó los cinco conmigo.—¿Vendréis?

—Por supuesto.—Gritamos al unísono.

—Os veo entusiasmados. Bien, la fiesta empieza a las nueve, es en el mismo edificio donde tuvo lugar la entrevista Beth. Estoy deseando conocerte George, hasta entonces.—Zoe colgó y George me cogió en brazos para levantarme. Arrojé el móvil a la cama de nuevo y mi amigo me llevó junto a mi armario aún en brazos.

—Escoge un vestido ya o lo escojo yo.

— ¿Esas son maneras de tratar a una damisela en apuros?—Fingí un desmayo y él me arrojó a la cama. Desde allí miré atentamente como se movía ágilmente entre mi ropa y seleccionaba un conjunto en menos de un minuto.

— ¿Qué te parece?

— Si no fueras gay te empotraría salvajemente contra una pared.

— ¡Eso ya lo se! Me refiero al conjunto.—Lo colocó sobre la cama y lo dispuso de la manera correcta.

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