Unos metros antes de llegar a casa decidí romper el silencio pero justo cuando iba a hablar el telefóno de Zoe sonó y se puso a teclear mientras sonreía a la pantalla.

—¿Tu novio?—Pregunté curiosa.

—Es Tom.—Dijo sin levantar la cara de la pantalla.—Al parecer has llamado su atención, buena jugada ¿la has planeado?

—No, he hecho el ridículo porque sí. Estaba un tanto borracha, se estará burlando de mí.—Suspiré y miré por la ventana del coche.

—Me ha pedido tu número.

— ¡No me jodas!—Saqué el teléfono del bolso y se lo dí, ella se rió demasiado alto

—¡Tengo tu número! Te he llamado esta mañana, ya se lo he dado.—Desbloquee el teléfono y revisé en busca de algún nuevo mensaje.

—Dame el suyo para saber quien es cuando me hable.

—No te lo voy a dar.

—¡Zoe!

—Espera a que te hable, hazte de rogar.

—No necesito hacerme de rogar-—Intenté arrebatarle el móvil pero lo apartó de mi y lo escondió en algún lado del asiento.—No hay porqué hacerlo.

—Entonces no hay porqué darte su móvil.

—Que despiadada eres.

—Lo que tú digas.—Ella se encogió de hombros y yo le saqué la lengua.—Hoy tendrás bastante de lo que escribir en el correo.

—No mucho, no hemos tenido ningún tipo de confesión.

—Da igual, tienes que mandarnos un resumen de tu día.—Suspiró.—Es tan jodido.

—De momento no estoy haciendo nada malo, aún no se nada secreto.—Puse los ojos en blanco y volví a desbloquear el móvil.—Cuando esto empiece a ponerse feo de verdad no se que haré.

-—No te va a quedar otra opción Beth.

Cuando por fin llegué a mi casa Zoe me avisó que mañana tendría varios paquetes en casa de los encargos que había hecho hoy y que no tendría que pagar ni uno de ellos siempre y cuando redactara la crónica del día de hoy.

Al entrar en casa me recibió mi pequeño Viserion con un  ronroneo leve entre mis pies. Le acaricié la cabeza y entré en la cocina, me moría de hambre. Mis padres me habían dejado una nota diciendo que habían cenado ensalada, que me preparase algo. La flojera me podía así que decidí meterme en la cama con un paquete galletas. Fui a la habitación de mis padres antes de meterme en la mía, mi padre estaba aún despierto leyendo un libro, mi madre dormía a su lado.

—Hola papá.—Me acerqué y besé su frente.—¿Cómo está?

—Mucho mejor, parece ser que la morfina funciona de verdad. Estás muy guapa, princesa.—Dejó el libro en la mesilla y se quitó las gafas de cerca para mirarme mejor.—¿Todo eso ha salido de sólo un día de trabajo?

—Sí, y mañana me llegarán más cosas.

—¿Has conocido al famoso?—Asentí.—¿Quién es?

—Tom Hiddleston, el que hacía de Enrique V en “The Hollow Crown”—Mi padre pareció impresionado y me hizo reír.

—¡Me encanta ese actor! ¿Es simpático?

—Recuérdame que mañana te enseñe un vídeo. Voy a meterme ya en la cama.

—¿Vas a cenar galletas?—Me encogí de hombros.—La flojera te puede.

— ¡Correcto!-—Le di otro beso y tapé un poco más a mi madre.—Os quiero.

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