Una Promesa del Cielo

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Sealiha observó la Tierra como cada Navidad y sonrió al ver a la gente riendo y festejando, poco a poco el tiempo se fue ralentizando, era el tiempo del Regalo

Sealiha observó la Tierra como cada Navidad y sonrió al ver a la gente riendo y festejando, poco a poco el tiempo se fue ralentizando, era el tiempo del Regalo. Justo a medianoche Sealiha extendió sus alas y con otros ángeles comenzó volar sobre la Tierra, dotando de amor, esperanza y fe a la humanidad.

-Ahí estas, hadita del bosque- Sealiha reaccionó y vio a su lado a un demonio conocido volando con sus alas negras. Sea sonrió de medio lado.

-¿Otra vez aquí? Sabes que este es nuestro día, el único en que no pueden interferir- le recordó y el demonio asintió. Estaban en planos distintos, y pese a que los demonios eran ángeles exiliados corrompidos, Sea no sentía aberración hacia ellos, era más como que cada cosa tenía su orden y los demonios ejercían su labor como lo hacían ellos.

El demonio voló bocarriba a su lado, sin interferir en su labor- Desde luego lo sé, nunca he interferido ¿no es cierto?- Sea sonrió viendo al frente.

-Ciertamente no lo has hecho, señor demonio. ¿Qué le hace venir a hablarme cada navidad?- preguntó. No sabía cómo se llamaba el demonio que lo seguía, él aun no era creado en el tiempo del Gran Exilio así que realmente no se habían conocido antes. Se notaba que era antiguo, era más grande que el promedio, y sus cuernos se curvaban negros hacia atrás. El cabello oscuro y los ojos negros y brillantes.

-Los ángeles no reaccionan bien a nuestra presencia. Molestarlos siempre ha sido divertido, pero tú no te molestas con mi cercanía- Sea soltó una risita cristalina.

- Estamos en planos de espacio diferentes, aunque puedo verte y escucharte no podemos tocarnos ¿Por qué habría de molestarme? No hay nada que puedas hacerme.

El sujeto dibujó una sonrisa extraña. A Sea le pareció maliciosa y tuvo un mal presentimiento.

-Normalmente así es, es cierto- respondió el demonio y de la nada comenzó a volar sobre él. Sea notó la enorme sombra sobre su cuerpo y se estremeció con el presentimiento de la inminencia, como si algo estuviese por pasar y no hubiese nada que él pudiese hacer para cambiarlo. Asustado levantó la mirada. La visión del hermoso y a la vez terrorífico demonio le heló y en un instinto de supervivencia intentó apartarse de su sombra- No huirás, angelito- sentenció y sintió la mano del demonio salir de su espacio y rodearle la cintura, jalándolo hacia él.

-No... no...- jadeó asustado e intentó volver al plano de los humanos pero era demasiado tarde, estaba en brazos del demonio. En el plano de ellos podía ver la tierra sobre la que había estado pero el sentimiento era diferente, más nítido, más real... más crudo. Pasó duro y el miedo fue apoderándose de su ser.

-¿Qui... quién eres?- preguntó asustado y el demonio soltó una carcajada. Sea no había escuchado jamás tan claramente su voz.

-¿Cuántos siglos llevamos compartiendo esa estupidez de la Navidad? Y es la primera vez que lo preguntas. Nunca te importó porque sabías que no podía tocarte ¿cierto?- Sea vio hacia la tierra e intentó sentir el camino de regreso pero no había nada- No podrás regresar, una vez en este plano no se puede salir. Es ley de tu Dios, entrar es difícil pero salir es imposible.

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