Parte II

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De regreso

-Mami- esa vocecita que Lucianna reconocería sin dudas ni complicaciones en cualquier lugar del mundo, por más ruidoso que este fuera, lograba sacarle una sonrisa sin importar nada más. Emilia jamás había pronunciado otra palabra, solo “mami”, pero eso bastaba para que la joven de cabello castaño claro y largas ondas fuera feliz – mami!- insistió la pequeña al no obtener más que una sonrisa amable por parte de su madre

 – si amor? – Lucianna dejó la maleta en la fría loza del aeropuerto y se inclino para poner atención a la razón de su ser. Los ojos azul profundo de Emi (como solía llamarla) le recordaban a aquel hombre que le había destrozado el corazón, era difícil para ella mirar a la pequeñita, que dentro de su inocencia no comprendía por qué no tenía un papá, sin embargo, Lu lograba reponerse de inmediato y mirar más allá de los ojos de su hija y ver que ella poseía un alma limpia y pura, no como el padre. La pequeña esbozo una sonrisa tímida y tironeo la mano de su mamá para luego señalar un puesto donde vendían golosinas

– quieres una? – la pequeña asintió feliz y sin más Lu la llevó a comprar unos caramelos. No era difícil saber cuál escogería Emi, siempre le habían gustado esos de fresa blanditos que venían en una bolsita rosa, Lucía, la abuela de Lu le compraba casi 20 bolsitas a la semana cuando estaba embarazada, al parecer el que era solo un “antojo” pasó a ser la debilidad de la pequeña.

El trayecto en taxi no demoró ni más ni menos de lo que Lucianna esperaba, a pesar de los años ella recordaba a la perfección ese camino… no solo porque cuando llegó miraba boquiabierta cada rincón del maravilloso L.A, sino que cuando abandonó la ciudad decidió recordar cada detalle para jamás sentir deseos de pisar suelo norteamericano nunca jamás. Por supuesto no contaba con que Ian (Somerhalder) un amigo, conseguiría una oferta de trabajo que no podía rechazar, y es que ninguna diseñadora de modas recién graduada de la mejor academia Italiana podría darse el lujo de negarse a trabajar con Stefanno Di Berardi, el diseñador de modas joven más exitoso y valorado de los últimos años.

Había pasado poco más de un año desde que Lu había visto a Ian, si bien hablaban regularmente por teléfono o se contactaban por internet, el trabajo de Ian le había impedido viajar a Milán a visitar a Lucianna, y aunque quisiera, Ian sabía que no podía simplemente pedirle a Lu que volviera a esta ciudad… excepto ahora. –Te acuerdas del tío Ian amor? – dijo la esbelta chica atando el cabello castaño claro de Emi, quien si bien tenía el color de ojos de su padre, el cabello, la forma de la cara algo redonda y los labios carnosos eran sin duda herencia materna. Emi solo se encogió de hombros, tenía solo 4 años cuando vio a Ian por última vez, y por lo demás, la pequeña nunca había prestado mayor atención a las fotografía que su mamá tenía en su habitación- te agradará, lo sé –le sonrió a la pequeña y llamó a la puerta.

 De inmediato el ojiazul abrió con una sonrisa enorme en el rostro, sin esperar más abrazo a Lu haciendo que esta se sintiera un poco avergonzada, algo común en ella, a pesar de haberse vuelto una mujer más fuerte seguía siendo un poco tímida y este tipo de situaciones la descolocaban un poco. Sin soltar aún la mano de Emi, Lucianna se aparto un poco de Ian

- me extrañaste, parece –dijo no muy segura de sí misma- claro que si –replico él, quién de inmediato bajó su mirada y sonrío con ternura a la hermosa Emilia-

-wow! Estás enorme! Y mucho más bonita que mamá, te lo aseguro – guiño el ojo mostrando simpatía, él quería mucho a Emi, incluso había pensado que ese era el tipo de cariño que un padre sentiría por una hija, pero ella no era su familia, y aunque en algún momento de su vida Ian sintió que Lu podría ser algo más que una amiga, los años le enseñaron (a ambos) que lo de ellos estaba bien como estaba – te gustó el viaje en avión? – insistió, pero Emi solo respondió de la manera que más utilizaba, ocultándose tras las piernas de mamá.

Ian soltó un suspiro que casi sonó como un “me rindo”, o al menos eso creyó Lu, quien de inmediato replicó- debe tener sueño… ha sido un viaje largo, no está acostumbrada a tanto ajetreo-

-ey, entiendo perfectamente –susurro Ian, quien por supuesto estaba al tanto de la “selectividad” que Emi tenía en lo que a relacionarse implica. Ya dentro de la casa, Ian les mostro la habitación que Emi y Lu compartirían por unos días. Lucianna necesitaba encontrar un lugar para vivir, y también averiguar con quién dejar a Emi mientras ella estuviera trabajando. Deseaba con todo su corazón que Stefano le diera la oportunidad de trabajar en casa, peo quién era ella para poner condiciones?

-shhh, shhh- susurraba al oído de Emi, quien se habría aferrado con tanta fuerza a la pijama de Lu que está a penas y se podía mover. Le encantaba estar así con su pequeña, verla tan frágil le movía el corazón, y a la vez le daba la fuerza que ella necesitaba para seguir adelante – mami –Emi dijo en un hilo de voz, su labio superior sobresalía un poco por encima de su labio inferior, haciendo parecer que  estuviera triste, pero no era así, era solo un gesto que su pequeña había cogido de mamá- si, Em…- susurro acariciando las ondas que se hacían en las puntas del cabello de Emi. La niña se sentó sobre la cama y señal su corazón “te quiero”, eso significaba, Lu le había dicho que era así, que cuando ella quisiera decirle que la quería, indicara su corazón- también te quiero mi bebe- Emi se volvió a acurrucar en la cama, cubriéndose con las sabanas. Pronto quedó profundamente dormida. Lu esperó un poco más, solo para asegurarse de que Emi no despertara, ella tenía el sueño muy liviano… cuando estuvo segura, volvió a la sala donde Ian la esperaba…

-ya se durmió?- interrogó el atractivo joven, Lu asintió y se sentó en un sofá delante del que por años había sido su amigo, y también la causa de los celos sin razón de Jared, removió el pensamiento de inmediato e intentó entablar una conversación-

-entonces, mañana debo ir con Stefano verdad? -

-si, la entrevista es a las 10, le hablé de ti, le mostré los diseños que me enviaste y también los que aparecen en la página web de la academia, quedó impresionado. Solo debes ir, sonreírle un poco y el puesto será tuyo- guiño el ojo una vez más, un gesto muy natural en él, al igual que esa sonrisa arrogante pero dulce a la vez-

-Ian, no sabes cuánto te agradezco esto, no tienes idea…-dejo las palabras en el aire, muchas veces había hablado con Ian sobre la necesidad de abandona la casa de Rafaella (su madre) en Milán, si bien su abuela Lucia era la persona más cariñosa y comprensible del mundo, Rafaella resultaba ser todo lo contrario, siempre agria, fría, y terca, jamás apoyo a Lu cuando ella le contó sobre su embarazo, jamás se preocupó cuando Lu  se sentía mal o tenía algún antojo, y lo que más le dolía a Lucianna, jamás aceptó a Emi, no la visitó en el hospital cuando nació. El rechazo que fue mutuo, Emi tampoco se acercaba a Rafaella y arrugaba la nariz cuando la veía o escuchaba su nombre-

- ey, nada de tristeza,  ya estás aquí, lo que es increíble- dijo por lo bajo-

-Ian, se que… dije que no volvería, pero -

- nada de explicaciones –sonrió- a propósito… em… sabes que es posible que se “encuentren”  - el tono de su voz cambió de inmediato, también la expresión en el rostro de Lu, hablar de “ese” tema no era algo que le gustara-

-no quiero hablar de eso –cortó secamente-

-debes… Lu, -rogó- has pensado qué pasará si se ven en la calle, cuando vea a Emi

-cállate! –soltó un grito casi ahogado por el miedo a despertar a la pequeña- Ian, eso no pasara!

-es una posibilidad que debes considerar Lu, es mejor que estés preparada, que no te pille de sorpresa y no sepas cómo reaccionar- Lu tuvo que aceptar que su amigo tenía un buen punto, a demás, si por alguna mala jugada del destino Jared veía a Emilia, él podría hacer algo más que sospechar, ya que Emi era en muchas formas la viva imagen de su padre-

- si pasa… fingiré que no lo vi… y si es muy obvio que si lo vi –se detuvo para mirar a Ian quien esperaba atento. Suspiró- no hablaré con él, no tengo por qué hacerlo… simplemente me retiraré sin más –Ian asintió sin antes dejarle saber que su idea no era la mejor, pero qué más podía él hacer?-

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