Prólogo.Dicea

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Los caballos hacían ruido al pasar por las calles de Serondon. Hacían notar que una familia con una vida digna de vivir pasaban a ver como iban sus obreros, aquellos que se mataban a trabajar para que ellos, los que vivían bien, tuvieran todo y cuanto desearan. Nada más ver el carruaje que tiraba esos caballos pensé en la hipocresía de su acción, ¿qué esperaban con hacer una visita? ¿Una sonrisa? ¿Un mejor rendimiento? Si estaban allí era porque no tenían otro futuro mejor y estaban desesperados por alimentar a sus familias, no porque la cara de su amo/jefe le alegrase el día. Es más, la mayoría querrían encerrarlo en sus casas para que supiera en que condiciones vivían por su culpa.

-Niña, no mires tanto que son gente peligrosa, anda, métete en casa-mi madre me hizo un gesto para que entrara abriéndome la puerta

-¿A qué han venido?-pregunté a mi madre

-Seguro que contar cuantos hombres le quedan vivos, son peores que los emperadores recontando soldados. Por lo menos los soldados morían con dignidad y no por hambre o enfermedad.

Mi madre, como habréis observado, los odiaba. Les parecía repugnantes, bueno, todo en general le parecía repugnante. Si seguía ahí es porque nuestro padre había dejado todo con tal de ir a la ciudad y no podían volver al campo. Con lo cómodo que era el campo... Allí no veíamos la crueldad y la injusticia hecha carne.

-Melanie-llamaron a mi madre por la puerta de detrás-buscan una joven que les limpie el palacio donde viven

-Y yo, inocente de mí, que creía que venía a visitarnos...-puso los ojos en blanco

-Buscan a alguien con el perfil de tu hija-me señaló la amiga de mi madre. Me temí lo peor. Tenía unos quince años, la mayoría de mis amigos ya estaba trabajando para ayudar en sus casas con las deudas. Yo, gracias a mi madre, me había librado de ello varias veces. Siempre decía que por encima de su cadáver iba a sufrir su hija por culpa de sus malas decisiones. Así que hicimos lo de siempre, me escondió en el baúl que había en la entrada para que no me viesen y me dio un beso en la frente. Normalmente, me hubiese librado pero en aquel momento... llamaron a la puerta.

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