Rechazo

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- Nathanaël, ¿Seguro de que no tienes fiebre? -

¿Cómo era posible que su sobrino estuviera de tan buen humor? No tenía lógica, ese chico siempre se la pasaba con cara larga, distraído, con una mirada de "Mi vida no tiene sentido". ¿Y ahora? De repente se levanta temprano y baja corriendo las escaleras, saludándola de forma muy entusiasta y desayunando con ánimos.

Apartó el cabello que le cubría el rostro y posó su mano sobre la frente del menor, para asegurarse de que no tuviera la temperatura muy alta.

- Ya te dije que no, tía. ¿Qué tan raro es que esté alegre alguna vez? - Preguntó el pelirrojo sin borrar su sonrisa.

- Mucho. Tú no eres mi sobrino. Mi sobrino es un emo amargado que se la pasa rayando hojitas en lugar de prestar atención a sus clases. -

- ¡Tí-! -

- Se te hace tarde. -

Nathanaël miró el reloj en la pared...

Las 8:00.

- ¡Ah, mierda! ¡Que no llego a la escuela! - Rápidamente tomó su mochila, y se salió de la casa. - ¡Adiós, tía! -

Una vez que el pelirrojo se fue, la mujer comenzó a reírse de su propia broma. Que gracioso es que no se de cuenta de que siempre adelanta el reloj veinte minutos...





El muchacho no se dio cuenta de la broma de su tía hasta que llegó a la escuela. ¿Cómo era posible que siempre cayera en sus bromas? Realmente era un estúpido.

- Me vengaré por esto, Sophía... Ya verás... - Susurró para sí mismo una vez que se sentó en su sitio, sacando su cuaderno en donde tenía el dibujo que necesitaría; un retrato de su chica ideal, Marinette Dupain-cheng.

Nada podía arruinar su buen humor, ni siquiera la rubia mal teñida esa que tiene por compañera de clase, a quién aún le guardaba rencor.

Nada podía arruinarlo porque iba a ser el mejor día de su vida; se le declararía a su amor, ella aceptaría, se casarían, tendrían muchos, muchos hijos y sexo duro todas las noches, y serían felices por siempre.

Bueno, no tanto así. Tal vez exagera un poco. Pero no duda que ella lo va a aceptar.






Las clases pasaron bastante rápido para el pelirrojo, estaba muy entusiasmado. Había ensayado muchas veces su declaración, y era realmente perfecta. Ahora, solamente quedaba ir a hablarle en privado para declararse en el receso.

Decidido, se levantó de su lugar, con el dibujo tras su espalda y un pequeño ramo de tulipanes rojos que había cortado de su jardín que siente que va a amar. Se acercó a la chica, quién platicaba animadamente con su mejor amiga, con pasos firmes y la frente en alto.

- Marinette. - Le llamó con su mejor sonrisa, haciendo que ésta volteara. De repente, todo se volvió color de rosa, había brillantina a su alrededor. - Necesito hablarte de algo importante. -

- Por supuesto, Nathanaël, vamos... - La chica parecía estar hechizada por él, sonreía como idiota y lo miraba como enamorada.

Se perdieron en la mirada del otro por unos minutos, que para ellos era como una eternidad. Nathanaël tomó la mano de su amada, quién no dudó en entrelazar sus dedos con los de él. Era un momento realmente perfecto, casi parecía que no había necesidad de declararse...

¿Qué diablos le ve? [YAOI] [AdriNath]¡Lee esta historia GRATIS!