Capitulo 102.

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Mis párpados no querían abrirse: me pesaban como nunca, y no entendía por qué. Una vez que logré despegarlos, la claridad me quemó como si fuera un vampiro. Giré mi cuerpo y me hundí en la almohada ahogando un grito. Sentí un aroma tan familiar y conocido… Sin embargo, tenía un nudo tan grande en mi estómago que sentí que tenía que vomitar… Y de verdad que quería. Me levanté para ir al baño, pero ésta no era mi habitación… Vi que la cocina estaba a solo unos pasos, así que corrí hasta allí con todas mis fuerzas y vomité en el lavabo. Respiré hondo y levanté la cabeza, intentando recordar como llegué aquí o al menos reconocer en donde estaba. Al ver las botas marrones me di cuenta… La puerta de la habitación se abrió en un instante, y Harry entró en ella: llevaba boxers, una camiseta blanca y tenía la mirada muy perdida. Su cabello estaba desordenado y se veía hermoso. ¿Por qué siempre tenía que ser tan perfecto? Una puntada me dijo que tenía que vomitar, así que seguí expulsando.

-Sam, tranquila.-Dijo Harry muy suavemente, dando pequeñas palmadas en mi espalda. Su voz era como la de un ángel, pero dentro de un demonio.

-Quiero agua y sentarme, también.-Dije intentando mover mis piernas, pero simplemente no podía. Harry me miraba expectante esperando a que haga algo.- Ayúdame.-Le supliqué, y Harry me ayudó a recostarme en la cama.

Cerré mis ojos intentando relajarme. ¿Qué estaba pasando? Harry anoche (o quien sabe cuántas veces más) me engañó con Taylor y ahora me ayudaba con la resaca. Me sentía tan mal y lastimada, necesitaba irme aquí cuanto antes. Cuando volví a abrirlos, me percaté de que llevaba solo una remera que me quedaba inmensa, y el aroma que sentía salía de ella: era una remera de Harry.

Sin darme cuenta, Harry estaba colocando unos paños fríos en mi frente. También me dio agua de tomar, y me ofreció chocolate caliente. Acepté a todo simplemente porque no tenía fuerzas de replicar y decir que no, porque si no ya lo hubiera abofeteado. El líquido caliente cayendo sobre mi garganta me hacía bien, sentía como el calor volvía a mi cuerpo. Me tapé con las sabanas, y Harry se levantó a traerme otra. Me acomodé un poco mejor y volví a cerrar los ojos.

Me moví hacia un costado porque un brazo me lastimaba las costillas. Abracé las sabanas y ese brazo también. Respiré hondo y abrí los ojos: por fin me sentía bien de salud, no tenía dolor de cabeza ni ganas de vomitar. Me senté revolviendo mi pelo y oliéndolo, estaba grasoso y sucio. Me até un rodete desordenado y miré alrededor: Harry dormía a mi lado exactamente como lo recuerdo antes de volver a dormirme. Es un ángel, o al menos eso parece durmiendo. Quería irme de allí y pedirle a alguien una explicación, ya que recordar por partes lo ocurrido anoche me provocaba una angustia horrible. Miré el reloj de mesa y eran tan solo las ocho de la mañana, así que me puse unos pantalones de Harry que había en el piso y salí de allí sigilosamente en busca de alguien que me dé una explicación.

Al llegar a mi  habitación, encontré a Angie durmiendo en la cama muy pacíficamente y a Niall en el sofá. Fue tan respetuoso que ni siquiera se recostó con ella… Ellos sí que la han pasado bien. Fui al baño y me duché; el agua fría me hacía muy bien, como también hacía que las ideas se acomoden en mi cabeza: Harry anoche besó a Taylor, me engañó, y ni quiero saber cuántas veces más. Intentando no volver a llorar por ser tan estúpida, me cambié con unos pantalones sueltos y volví a ponerme la remera de Harry, era cómoda y su aroma aun me causaba confianza. Dejé mi cabello mojado suelto, me envolví en una manta y mis pies con Vans me dirigieron al pasillo.

Todo estaba silencioso, supuse que todos dormían. Caminaba sin rumbo por el piso donde estaban las habitaciones de los chicos y mía cuando una puerta se abre: era Louis, con cara de dormido y también envuelto en una manta.

-Hoy hace diez grados en Los Ángeles, extraño para que sea verano, ¿no?-Me dijo casi en un susurro acercándose a mí.

-Interpreto eso como una indirecta para que salgamos al patio a tomar café, me imagino.- Le dije sonriendo, y él me devolvió la sonrisa. Por un momento, sentí que todo estaba bien.

-Iré a buscar dos tazas a la cafetería, te veo afuera.-Contestó mientras se alejaba.

-¿Louis?-Dije muy débil.

-¿Sí?-Respondió éste dándose vuelta. Empecé a caminar hacia él, y cuando lo tuve enfrente lo abracé muy fuerte.

-Gracias.

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