Capítulo II. Cómo hacer el ridiculo en dos segundos.

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Después de pasar toda la tarde informándome del tratamiento que recibiría mi madre y los riesgos que ello suponía me sentía totalmente exhausta a la hora de cenar.

Volví a ducharme antes de acostarme y cuando por fin me embutí en mis sábanas el portátil hizo el sonido de una llamada de Skype. Suspiré y descolgué la llamada, era George el que apareció en mi pantalla. George había sido mi amigo desde que éramos niños, eran de ese tipo de amistades que se unen por simplemente prestarse una película en el parvulario y que sin saber muy bien porque desde entonces había permanecido en todos los momentos de tu vida.



—Ya ni te arreglas para verme.—Hizo un puchero dramático y yo me encogí de hombros.

— Estoy demasiado cansada.—Bostecé.—¿Ha pasado algo?

—Eso mismo debería preguntarte yo a ti, esta mañana tu padre ha llamado a mi madre para informarme de todo.—George se cruzó de brazos esperando a que le dijera que era lo que le había pasado a mi madre, pero estaba seguro de que ya lo sabía.

—No me hagas volver a hablar de ello.—Él relajó la postura y me sonrió.

—Lo siento pequeñita.—Siempre me había llamado así en todo sarcástico dado que era más alta que él.—¿Que soluciones te han dado?

— Voy a pagarle un tratamiento experimental en Boston.—Abrió los ojos de par en par y acercó su cara a la cámara.—Sí, ¿recuerdas que hoy tenía una entrevista de trabajo? Pues ¡voilá!

— ¡Te han cogido!—Palmeó.—¿Y de qué va?

— No vas a dar crédito. Tengo que meterme en la vida de un famoso y desplumarlo.

—¡Qué poco ético!—Hizo un gesto de decepción y luego me sonrió con su preciosa sonrisa. Habría sido un candidato perfecto para novio de no ser por su homosexualidad más que presente en cada gesto.—¡Me encanta!

—Al principio lo dudé pero con lo de mi madre no me ha quedado otra opción. No se como saldrá la cosa, ni siquiera sé a quién tendré que conocer.

— Brad Pitt.

—Lo dudo, ya se encarga él de proclamar su vida a los cuatro vientos.

— Martin Freeman, lo adoro en Love Actually.

—Mariposón.—George se llevó una mano al pecho ofendido y yo le saqué la lengua.

— ¡A mucha honra! Quizás sea Benedict Cumberbatch. Adoro su pelo en Sherlock.

—No lo se, de verdad. Supongo que sea quien sea vivirá aquí. Dudo que me trasladen a ningún sitio.

— Estoy deseando que me cuentes todo. ¿Cuando empiezas?—Preguntó sobreexcitado.

—Mañana por la mañana vienen a por mi.—Al terminar de decir la frase mi padre y mi madre abrieron la puerta.—Te dejo George, hasta mañana.

—¡Te espero pequeñita!—Cerré el portátil y lo dejé en la mesilla de noche.



Mis padres se sentaron a los pies de mi cama y me preparé para una charla. Mi padre soltó el típico discurso que ya me había acostumbrado a escuchar demasiadas veces, que no tenemos dinero, que debemos recortar gastos, que no podemos permitirnos el tratamiento de Boston...Dejé que terminase de hablar para ser educada y entonces comencé a explicarles en qué consistía mi trabajo. Mi madre me miraba incrédula y yo no supe si lo hacía porque había sido capaz de aceptar el trabajo o porque verdaderamente tenía la esperanza de salvarse. Mi padre me escuchaba atento y de vez en cuando me preguntaba algo que con seguridad le iba a explicar más adelante.

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