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Reto 52

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Consigna: Escribe un relato de un personaje que encuentra una corbata y no sabe cómo ha llegado allí.


¿UNA CORBATA?


Limpieza de fin de año. No recuerdo donde lo había leído exactamente, pero estoy segura de que era una de esas cosas japonesas que me encantaban.

Pleno treinta y uno de diciembre, con el pijama rosa casi trasparente de lo delgado que estaba ya y esa blusa gris de tirantes gruesos que para nada me quitaba el frío, yo seguía sacando hasta la última pizca de polvo de cada cajón y espacio en mi habitación.

Blusas que ni loca me pondría de nuevo, un short desgarrado que quizá solo yo me pondría con este tremendo frío, bufandas, guantes, un calcetín sin par, las mangas de una chamarra que desde hace un par de años es chaleco, el gorro que tejió mi madre y me puse una vez para una foto, el par del calcetín de hace un momento y una corbata... ¿Una corbata?, ¿qué hacía una corbata entre mis cosas?, yo no uso corbata.

Me quedé rodillas al piso, con mi trasero sobre mis talones, mirando ese pedazo de tela negra que posiblemente no había visto jamás. Mía no era, definitivamente. ¿De algún casi novio despistado que haya dejado parte de su atuendo en mi casa?, había varios que dejaron cosas en mi casa, pero no recordaba que alguno de corbata hubiese compartido cama conmigo.

Mi papá no usaba corbata tampoco, para decir que la traje por error; no tengo hermanos y mis hermanas no usan corbatas tampoco ¿o sí?... ¡Celular!

Después de preguntarle a mis tres adoradas —a veces no tanto— hermanas si no habían perdido una corbata negra, y de recibir respuestas negativas de parte de cada una de ellas, expliqué que era para una encuesta. No les diría a mis hermanas que encontré una corbata en mi departamento de solterona casi decente, como ellas le llamaban.

Caminé por la extensión de mi habitación con el pedazo de tela en mi mano, mordisqueando mi labio inferior —como solía hacerlo cada que mi cerebro trabajaba a hipervelocidad en tareas de imaginar— y mirando de un lado a otro como si leyera las líneas de un libro complicado de entender, pero mi rutina para recordar cosas no estaba dando ningún fruto.

Me recargué en el desayunador y miré con detenimiento la corbata, ni idea de donde salió. Una idea de pronto cruzó mi cabeza y mi entrecejo se frunció. Sabrá el cielo cuanto llevaba la corbata al fondo del closet y a saber quién la usó antes, igual la llevé cerca de mi nariz y, justo como creí, olía a ropa guardada, a polvo y a un perfume algo conocido pero no sé de dónde.

Me rendí. Igual yo no era de las que se preocupaban de esas cosas, y sí tenía tanto tiempo allí seguro el dueño —o dueña— ni siquiera recordaban haberla tenido, mucho menos perdido. La sacudí fuerte, arrepintiéndome. Todo el polvo que soltó fue a parar en los trastes que recién había lavado. Suspiré y volví a mi cuarto, donde de nuevo la sacudí y la colgué en el perchero de las bolsas que simulaban cuatro rombos de madera en la pared.

Volví a mis labores anuales de limpieza y me encontré con un hueco en el closet, justo por la esquina donde encontré la corbata y mi calcetín sin par.

«¿Una rata?»... No, no, no, no, no, no... si una cosa de esas estaba viviendo en mi closet compraría ahora mismo un pasaje a Japón y me iría justo como me encontraba vestida en mi desgastado pijama y despeinada. Porque en Japón no hay ratas.

La corbata no olía a rata, y no es que sepa a que huelen las ratas, de hecho jamás había tenido contacto con una de ellas, pero las había visto en un documental y las odié, incluso el asqueroso aroma que me imaginé. Algo a lo que no olía la corbata que encontré, ni mis calcetines al fin juntos, ni mi gorro de un solo uso.

Metí la mano en el agujero, no sé cuál de todos mis idiotas impulsos me invitó a hacer eso, pero yo acepté su invitación y metí la maldita mano en el maldito agujero, de donde salieron otro par de corbatas y algunos calcetines.

Sonreí al darme cuenta que estaba saqueando el cajón en el closet del vecino, que por alguna razón estaba conectado al cajón en mi closet. Devolví todo, incluso la sacudida corbata y pegué un pedazo de cartón al hueco, para separar nuestros closets y nuestros destinos. Ese vecino, a pesar de su divina apariencia, no era de mi agrado.

Y así, gracias a un agujero que no estaba en los planes, perdí valiosos minutos de limpieza anual. Así que ahora tardaría un poco más en terminar la interminable tarea de iniciar el año libre de cosas innecesarias y con el espacio justo para que las mejores cosas llegaran.




Yo sigo negándome al amor, incluso en los relatos xD Deseo hayan disfrutado de leer este y el resto de historias. He quedado completamente extasiada y orgullosa de mí misma. Hice 52 retos de escritura y puedo jurar que, aunque puede que algunos no se apeguen tanto a la consigna, todos han quedado maravillosos.

Gracias por leer. Besos hermosuras que disfrutan de la lectura y de mis letras. 

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!