Tercera Parte - Retrospección (pag. 111)

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Si cierro los ojos, todavía puedo sentir en los párpados la cegadora luz de aquella mañana.

Dejando atrás el Colegio San Pablo, sólo había un lugar al que pudiera volver: el Hogar de Pony.

Estados Unidos e Inglaterra. Sabía bien que entre las dos naciones se interponía un vasto océano, pero en aquel momento, en mi corazón no había lugar a dudas: volvería a casa y a cualquier precio, me gustaría volver a ver a Terry.

* * *

Cuando le hablé acerca de todos los acontecimientos que marcaron mi viaje a América, él inicialmente se echó a reír, pero luego de repente, asumió una expresión seria y me abrazó con fuerza. Se sintió aliviado porque nada malo me hubiera sucedido.

De hecho, mis acciones podrían definirse como temerarias. Había utilizado casi todos mis ahorros para pagar el carruaje con el que había tratado de detener a Terry y no tenía a nadie para pedir ayuda, sin embargo, me sentía tan ligera y serena, como no me sucedía hacía mucho tiempo.

Tenía conmigo mis poderosos amuletos de la buena suerte: el broche del Príncipe de la Colina, la corbata blanca de Terry y, por supuesto, la cruz que siempre llevaba alrededor del cuello, y que me había sido obsequiada por la señorita Pony. Para protegerme estaban estos tres objetos, y eso fue suficiente para infundirme seguridad y hacerme creer que yo sería capaz de superar cualquier adversidad.

Todo salió justo como siempre decía la Señorita Pony: si avanzas con convicción y con un corazón puro, tu camino se abrirá sin duda ante ti.

Durante el viaje conocí a muchas personas y recibí su ayuda. Todas estas experiencias me ayudaron también a comprender lo que quería hacer con mi vida.

* * *

Del fondo de un armario saco un gran joyero con incrustaciones.

Este objeto voluminoso, adornado con madreperla y pequeñas gemas, se transmite de generación en generación en la familia del hombre que amo (1). Traté de decirle que algo tan hermoso y de valor no encaja conmigo, pero él se echó a reír, y no ha desistido de su propósito, diciendo que podía hacer lo que yo quisiera con él.

Este cofre, demasiado ostentoso para que lo use, solamente contiene las cosas para mí realmente importantes: mis recuerdos. En el interior hay recortes de revistas y periódicos. Y un paquete de cartas.

Pongo el joyero sobre la mesa y pruebo a abrirlo.

La primera carta que me recibe sonriendo contiene la evaluación obtenida por Susie Ann Carson en la escuela de enfermería y representa a la vez un regalo, lleno de gratitud hacia mí. Susie se graduó con honores y afirma que se convirtió en enfermera debido a mi ejemplo.

Hace dos meses he recibido de ella una postal de aspecto singular enviada desde Calcuta, en India.

* * *

Mi querida, queridísima Candy,

Han pasado dos semanas desde mi llegada a Calcuta y por fin estoy empezando a acostumbrarme a mi nueva vida.

Todo lo que veo y oigo continúa llenándome de asombro. Estoy segura de que esta ciudad te conquistaría también. Todos los días, sin embargo, hay tantos enfermos que cuidar que no tengo casi tiempo para comer ¡Quiero estudiar para poder ser todavía más útil a todos ellos!

Trabajando en esta clínica me pongo a pensar en la cantidad de cosas que podrías enseñarme si estuvieras aquí conmigo. Sin embargo, ¡estoy bien, así que no te preocupes!

Voy a enviarte más postales. ¡Quién sabe cuándo nos volveremos a ver... por favor cuídate mucho!

Susie

* * *

Contemplando esta carta, creo que puedo ver su sonrisa llena de energía. Cada vez que releo sus palabras, mi rostro desvela una sonrisa.

Verdaderamente hay hilos centelleantes que recorren y conectan este mundo.

La primera vez que pensé en convertirme en enfermera fue cuando, durante mi viaje de regreso a Estados Unidos, me encargué del cuidado de Susie. Ella era la hija menor de los Carson, una familia que ha sido muy amable conmigo, y en aquella época ella tenía sólo tres años. Esa niña, demasiado joven para entender la muerte de su madre y capaz de llenarme el corazón de ternura, ahora se ha convertido en una enfermera llena de vitalidad.

Sí... Son todas las personas que he encontrado a lo largo de mi camino después de dejar el Colegio San Pablo.

Los encuentros son como las ramas de un gran árbol: un encuentro puede dar vida a más encuentros, al igual que una rama da lugar a otras ramas, y de nuevo a las demás. De esta manera, gracias a Carson yo conocí al señor Juskin, a Cookie y al comandante Niven. Continué ampliando mis ramas, haciéndolos más numerosos y llenándolos de hojas frescas.

No puedo sentir nada más que gratitud por todos ellos: si soy la persona en la que me he convertido, es gracias a la bondad con la que me han ayudado. Al mismo tiempo, sin embargo, también sé que he sido una fuente de gran preocupación.

Cuando de alguna manera me las arreglé para volver al Hogar de Pony, sentí la necesidad de escribir cartas a muchas personas: al tío abuelo William, a Stair, a Archie, a Annie, a Patty, a la hermana Gray y a las profesoras del San Pablo. Y, por supuesto, a todos los que estuvieron cerca de mí durante el viaje.

* * *

Nota de MIzukifans, en edición japonesa dice:

(1) Este gran joyero decorado con pequeñas joyas y madre perla se transmite de generación en generación en la casa de esa persona.

P.D. Deseamos a todos los lectores unas felices fiestas de Navidad y prosperidad en el 2017. Continuaremos publicando la traducción de las cartas en el mes de enero. Abrazos.

Candy Candy Historia Final. Volumen 2Read this story for FREE!