CAPITULO 17

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Una vez que Jungkook se puso su ropa y sus zapatos, estaban listos para salir.

Jimin llamó por el intercomunicador a las instalaciones de entrenamiento y les dijo que pronto estaría allí. Luego colgó y se acercó a la esquina con el saco de boxeo. Junto a este había un pequeño gabinete fijado a la pared. Lo abrió, sacó un rollo de cinta blanca, y comenzó a envolver su mano con ella.

-¿Qué es eso?- Jungkook preguntó.

-Lo usamos para el combate. Impide que se nos revienten nuestros nudillos para que no perdamos energía curándonos todo el tiempo cuando cambiamos.

La puerta sonó.

-Ese debe ser nuestro escolta.

Salieron al pasillo débilmente iluminado. Un guardia, vestido de negro con el logotipo de la Jaula de Pelea en su brazalete, los esperaba en el pasillo y un fusil de aturdimiento colgando de su hombro.

-Centro de entrenamiento- dijo Jimin. El guardia asintió y comenzó a caminar.

Jungkook recordó cómo Nam Joon lo había traído hasta aquí, habían utilizado los túneles para venir desde el complejo del harén hasta las instalaciones, pero no había tenido a un escolta. No hubo necesidad, ya que estaba bien entrenado, y Nam Joon había sostenido su correa. Si hubiera querido correr, solo hubiera necesitado darle un tirón con la correa, y los anillos en sus pezones habrían sido arrancados.

A Jungkook le gustaban sus pezones simplemente en la forma en la que estaban, intactos.

La caminata había sido larga, pero al menos había aire acondicionado. Habría preferido haber venido sobre la superficie y ver algo de la ciudad, pero no tenía ni voz ni voto en eso.

Lo poco que había visto de la ciudad desde las ventanas del harén le asombraba.

Se extendía por kilómetros en todas direcciones, miles de edificios amontonados, y otros pocos tan altos que llegaban hasta el cielo.

Jimin puso la mano sobre la espalada de Jungkook, guiándolo por el pasillo mientras un guardia abría el camino, y otro iba a sus espaldas.

Nadie dijo una palabra. Pasaron tantas puertas de otros cuartos que Jungkook perdió la cuenta.

-¿Estos cuartos pertenecen a otros hombres lobo?- preguntó.

-La mayoría. Algunos están vacíos. ¿Lo ves?- señaló una placa junto a la puerta que pasaron -Ese es el nombre del propietario.

-¿El tuyo, dice Nam Joon?.

-Si- frunció el ceño.

-¿Por qué no es tu nombre el que está en la puerta?

Jimin resopló -Los esclavos no tienen nombres en las puertas.

Se quedó en silencio, una vez más recordó que a pesar de lo bien que él pensaba que su amo tenía al lobo, tanto Jimin como él, seguían siendo esclavos.

Después de unos momentos, llegaron a los ascensores. Las puertas se abrieron, y entraron. El guardia pulsó el botón para el Nivel 3, y se elevaron.

-Vamos a las jaulas de entrenamiento- Jimin le susurró al oído a Jungkook -Hasta arriba está el propio estadio, la arena. El nivel dos tiene las habitaciones pre-combate. Los niveles del cuatro al siete son las habitaciones.

Jungkook asintió. Su harén había sido sólo uno de los tantos localizados en el enorme edificio que albergaba el mercado de esclavos. Cada nivel pertenecía a un harén diferente y sus instalaciones de entrenamiento.

Los esclavos eran entrenados para todo tipo de servicio, y su nivel, el único para esclavos sexuales, estaba fuertemente custodiado.

En el nivel que daba a la calle estaba localizada la casa de subastas donde los esclavos eran comprados y vendidos, a excepción de los que habían sido condenados a ser esclavos como castigo por sus crímenes.

Ellos en realidad eran conducidos directamente a un nivel donde los entrenaban para realizar trabajos duros, o trabajos que nadie más haría, como limpiar las calles de la ciudad, la construcción, o enterrar a los muertos.

El elevador se detuvo, se abrieron las puertas, y otro guardia subió. Él les dio a todos una dura mirada y, se recostó contra la pared, manteniendo su rifle contra su pecho.

Jimin se movió, colocando a Jungkook ligeramente por detrás de él como si lo estuviera protegiendo. Jungkook sonrió, pero nadie podía verlo detrás del enorme velo que llevaba puesto cubriendo la mayor parte de su rostro. Sólo sus ojos seguían siendo visibles.

Y había aprendido hace ya mucho tiempo a mantener sus ojos mirando hacia abajo.

Una vez más el ascensor subió, y Jungkook puso la mano sobre el brazo de Jimin.

No tenía ni idea de lo que iba a encontrar cuando llegaran al nivel de entrenamiento, pero el lenguaje corporal de Jimin, le dijo a Jungkook que estaba preocupado y alerta.

Jungkook estaba alerta también, pero con muchas ganas de aprender su papel en la jaula, y deseoso de mostrarle a Jimin, que podría ser mejor que Yoongi, y hacer que le importara más que a nadie, y así, cuando se fuera lloraría su pérdida.

Jungkook estaba alerta también, pero con muchas ganas de aprender su papel en la jaula, y deseoso de mostrarle a Jimin, que podría ser mejor que Yoongi, y hacer que le importara más que a nadie, y así, cuando se fuera lloraría su pérdida

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