Capítulo 30: Parece que va a llover...

31 4 0

Es lunes en la tarde. Ahora mismo me encuentro en Kyōto, en el último lugar donde quisiera estar: mi antigua casa.

Ahora ya no esta la inmensa mansión moderna de antes, por el contrario, han construido una casa tradicional japonesa en el terreno. Bueno, igual para mi sigue siendo desagradable volver a esté lugar.

La única razón por la que estoy aquí ahora es sólo una:

Mi madre.

Ayer cuando recibí su llamada, me dijo que quería verme, que necesitaba hablar conmigo sobre unos asuntos. Dijo que viniera a nuestra antigua casa y que aquí nos encontraríamos.

No me gustó su tono de voz. Me habló en tono cariñoso, como si me hubiese echado de menos, como si realmente me quisiera. Ojalá esos fueran  sus verdaderos sentimientos, pero se que no es así. Ella nunca utilizó ese tono para hablarme. Nunca.

Tengo un mal presentimiento. No confío en que su regreso traiga algo bueno y no comprendo qué razón habrá tenido para volver. ¿No se supone qué se fue porque estaba harta de padre y de mi? Así que no me explico el motivo de que haya regresado a Japón. Sólo espero que diga lo que tenga que decir y después pueda irme y seguir con mi vida común y corriente.

Mis pensamientos son interrumpidos cuando suena el claxon de un auto. Frente a mi, se parqueó un auto parecido a una camioneta. Me quedé quieta sin saber qué hacer. Entonces, un espejo del auto fue bajando y detrás de el, pude ver el rostro que ya casi había olvidado de mi madre.

Ella me hizo una seña para que entrara en el auto y obedecí. Cuando ya hube entrado, me envolvió en un abrazo a lo que me quedé sorprendida, puesto que ella nunca se mostró afectiva conmigo.

—Ha pasado mucho tiempo, mi querida Kohina. Vaya que has crecido. Te has vuelto ya toda una señorita —dijo observándome detenidamente—. ¿Qué tal la escuela?

—B-Bien. Mis notas son altas. Nada de que preocuparse. —respondí a su pregunta.

—Qué bien. Eso está muy bien.

Estuvo haciéndome otras preguntas mientras el auto iba en movimiento manejado por quien sabe quién. Me sirvió un poco de té que llevaba consigo. Seguí contándole de todo lo que había pasado a lo largo de estos años y entonces, llegó un momento en que decidí acabar con esto.

—Madre. —La llamé.

—¿Si? —preguntó dulcemente.

—¿Podrías decirme el verdadero motivo porque has venido? —inquirí sin dejar que su nueva actitud "afectuosa" me engañara.

Su expresión cambió al pasar los segundos, soltó una exhalación y se retiró el cabello de la cara.

—Tienes razón. Nunca fui buena fingiendo afecto —admitió mirando a la nada—. ¿Quieres saber el motivo? Te lo diré. Verás, madre está muy necesitada. Tengo una deuda muy grande con un grupo que es muy peligroso y me tienen amenazada. Todo iba para mal pero, por suerte hemos llegado a un acuerdo.

Tragué saliva.

—¿Y ese acuerdo es?

—Casarte con el jefe del grupo. —Sonrió mientras se llevaba un sorbo de té a la boca.

Mis ojos se abrieron un poco más de lo normal y abrí la boca, estupefacta.

—¿Qué? ¿Estás hablando en serio, madre? —le pregunté, incrédula.

—¿Acaso ves que sea una persona que hable en broma? Por supuesto que es en serio. Te casarás con el jefe, ya está dicho. —Exclamó sin titubeos y sin siquiera mirarme.

¡¿Comprometidos?! [Actualizaciones lentas]¡Lee esta historia GRATIS!