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—¿Nadie sabe cuando vuelve Lilly? Todavía estamos en semestrales y si sigue faltando ahora si la van a reprobar.

Monse tenía la barbilla apoyada sobre su mano y miraba la pantalla frente a ella con un dejo de aburrimiento. Por más que lo intentaba no podía concentrarse en el juego; seguía preocupada por su amiga y tras lo poco que Antonio les había comentado, su temor por que la castaña no volviera se había acrecentado.

Por supuesto, antes de que su cabeza la llevara muy lejos el chico se encargo de aterrizarla.

—No te preocupes por eso. Por lo que me ha dicho mi tío, ella ha estado viniendo a hacer los exámenes en la sala de maestros, pero no se queda mucho.

—Es que no lo entiendo, ¿Por qué no quiere que la veamos? ¿Está enojada con nosotros? ¿Se sintió obligada a ver a esa tipa por lo que paso con Erika?

—No creo que sea por eso —, dijo Sonia al tiempo que tomaba un poco de agua. — Pienso que ella tenía ganas de hablar con Viridiana, incluso desde antes de que pasara todo ese problema con Erika.

—Pero, si ese es el chiste entonces, ¿Por qué no nos deja que la visitemos en su casa?

Lorenzo alzó una ceja y volteó a ver a su hermano, permitiendo que este tomara la palabra.

—¿No se les ha ocurrido que tal vez ella solo necesita algo de tiempo? —, Eduardo jaló su silla hasta donde se encontraban los demás y se sentó con el respaldo de frente a ellos. — Piénsenlo. Su amiga se salió de la escuela en parte por su culpa, y ahora que quiere remediar el asunto esta no la deja hablar y la lastima... Creo que lo que pasa con Lilliana es que está decepcionada de no haber conseguido su objetivo. Ella ya no le perdono, así que solo le queda seguir con su vida y cargar con ese fracaso.

Monse no pudo evitar arrugar la boca ante esa revelación. Tras varios minutos en silencio, Ignacio se puso de pie y fue por su mochila, diciendo.

—¿Y? ¿De verdad piensa quedarse sola toda la vida? Yo digo que vayamos a su casa y hablemos con ella... Ya va siendo hora de que deje de estarse lamentando por el pasado —, el chico señaló la salida con la cabeza y una media sonrisa. Pocas veces lo habían visto así de animado. — ¿Qué dices? ¿Vamos?

Monse apretó los labios y, tras un fuerte suspiro asintió.

—Estoy contigo. No puede seguir así.

—Cierto —, dijo Eduardo mientras alzaba una mano. — Vamos.

—Oigan chicos, yo creo que... —, ante las miradas de insistencia de sus amigos, Sonia se mordió el labio. — Este bien. Le entró.

Con un golpe a su pierna, Antonio asintió e imitó los movimientos de Ignacio. No sabía lo que les diría Lilly, pero ya era hora de que dejara de pensar en lo que había ocurrido y mirara hacia adelante.

El grupo se encontraba a punto de irse, cuando desde su asiento, Lorenzo elevó la comisura derecha de su boca y suspiró.

—Creo que ustedes están cometiendo un error, pero bueno, supongo que toca acompañarlos. Nada más tengo una pregunta... ¿Alguno de ustedes sabe en donde vive Lilliana?

***

Después de una hora y varias peticiones por parte de Antonio y Monse, la señorita Gutiérrez por fin accedió a darles la dirección de su amiga, con el pretexto de que necesitaban llevarle unos cuantos apuntes para estudiar.

Cuando llegaron a la casa de la muchacha estaban a punto de dar las cuatro.

—Ojala este en su casa —, dijo Lorenzo mientras tocaba a la puerta. — Por eso les dije que primero le hablaran.

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