Capitulo 97.

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-¿Hola?

-Harry, soy Sam.-Dije por el teléfono, aun en frente de su puerta. Mi voz sonaba tensa, aunque intentaba parecer tranquila.- ¿Cómo estás?

-Más que bien, no sabes lo que acaba de suceder.-Responde emocionado, pude imaginar el brillo en sus ojos.- Mi madre y Gemma están aquí, en Los Ángeles. Acaban de venir al gimnasio del hotel a verme. ¿No es increíble que lo hayan hecho de sorpresa?

-Ellas sí que son buena familia.-Digo casi con lágrimas en los ojos, él ni se imaginaba que yo estaba del otro lado de su puerta.- Harry, tengo algo que decirte.-Continúe con la voz algo quebrada.

-¿Estas llorando, Sam?-Preguntó éste alarmado.

-¿Qué harías si tienes, al otro lado de tu puerta, al amor de tu vida pero no te animas a abrir por el hecho de que lo extrañaste tanto y tienes miedo de que eso duela aún más cuando lo veas? ¿Tú abrirías?

-Sam, ¿qué quieres decir?

-Harry, es solo una simple pregunta.-Digo ya sin poder aguantar el nudo en mi garganta y queriendo abrir la puerta y abalanzarme hacia él.- ¿Tú abrirías?

Sentí un silencio del otro lado de la línea. Me sequé las lágrimas cuando estaba dispuesta a tocar la puerta, pero alguien fue más rápido que yo y abrió: Harry estaba en el umbral de la puerta, con los ojos muy brillosos también y el celular aún en la mano.

-No puedo creerlo.-Dijo con un hilo de voz, y básicamente me tiré encima de él tan fuerte que casi lo hago caer.

Fue tal la sensación de tenerlo en mis brazos que casi me descompongo. No estoy exagerando: su perfume, sus risos, sus labios, su típico pantalón negro ajustado que le corta la circulación, sus brazos que me protegen de todo; todo eso era lo único que necesitaba en mi vida. Eso y nada más. Me separé de él algo temblorosa y digo:

-Sorpresa.

Acto seguido, Harry me besa. No podía explicar lo que extrañe sus labios: su suavidad con la que se unía a los míos, sus manos en mi cintura, mis manos en su cuello jugando con sus risos y mi sonrisa aparecer en medio de todo eso. ¿Por qué tenía que ser tan perfecto?

-Tienes que estar bromeando.-Dijo éste cortando el beso, pero con su nariz apoyada sobre la mía.- ¿Por qué no me dijiste que vendrías?

-¿Qué sentido hubiera tenido? –Respondo y vuelvo a besarlo.

Luego de eso, Harry cierra la puerta y entramos a su habitación. Estaba hecha un desastre: ropa por todos lados, olor a sudor, micrófonos tirados por ahí, CDs de música desparramados, pero algo inevitable de reconocer: el desastre típico de Harry.

-Voy a matarte alguno de estos días.-Continuó Harry haciendo ademán para que me siente a su lado en el sillón. Yo obedecí, y él me rodeó con sus brazos.

-Me gusta hacerte sufrir, en realidad.-Respondí y me enderecé.- Cuéntame de ti, ¿qué ibas a hacer hoy además de recibir mi inesperada visita?

-Bueno, en realidad fui al gimnasio y luego iría a la habitación de Louis, los chicos están… Espera.-Se interrumpió, y se tensó su cuerpo entero.- ¡Ellos no saben nada! Ven, vamos…

-Pasé primero a saludarlos a ellos mientras tú estabas con tu familia.-Lo frené haciendo que se siente de nuevo. Él me miró incrédulo.- Lo sé, mucha organización para sus cabecitas.

-¿Me extrañaste?-Dice Harry levantándose y levantándome a mí haciendo caso omiso a lo que le dije antes. Una pícara sonrisa apareció en su rostro cuando yo di un salto y enredé mis piernas alrededor de su cintura.

-Mucho.-Contesté antes de besarlo. 

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