El grito de el loco de mi vecino me despertó por la mañana. Abrí un ojo y miré el reloj, aún me quedaba una hora para remolonear en la cama.

Me desperecé haciendo crujir todas mis articulaciones y cogí mi móvil. Mis redes sociales estaban casi muertas. Abrí el navegador y busqué algunas noticias interesantes pero nada, hoy era un día aburrido en Londres. Me levanté de la cama a pesar de que esa no era mi intención y fui a la cocina, allí estaba mi madre sentada en un taburete.

—Buenos días mamá.—Dije mientras besaba su mejilla.—¿Te has levantado mejor?

—Lo mejor que puedo.—Contestó dedicándome una sonrisa. Mi madre arrastraba una enfermedad degenerativa desde hacía ya 3 años, lo peor de ello era que no podíamos permitirnos pagar los cuidados que necesitaba.

—Me he levantado con tiempo, te prepararé el desayuno. ¿Dos cucharadas de café y una de azúcar?—Me estiré todo lo que pude y alcancé el tarro de café de la última estantería.

—Como siempre.

Preparé los dos cafés y las tostadas con mantequilla y mermelada, un buen desayuno para un buen día. Escribí una nota en el frigorífico para que mi padre la leyese al llegar a casa, no sabía a qué hora iba a llegar de la entrevista de trabajo. El maquillaje que escogí no era muy recargado pero resaltaba los puntos que yo deseaba, mis ojos azules y mis labios. Nada de colorete, ya tenía suficiente pómulo por mi misma.

Seleccioné un vestido que había comprado el pasado año para una boda y me lo coloqué como buenamente pude. Me quedaba mucho más ancho que antes, el estrés de los exámenes hizo estragos en mi.

Me asomé por la ventana para comprobar cuán frío había amanecido Londres, decidí tomar una chaqueta a pesar de que no corría ni un poco de aire pero le daba un toque aún más formal a mi atuendo.

Una vez hube terminado comprobé que tenía el tiempo justo para coger el metro y llegar al edificio donde me habían llamado. Después de despedirme de mi madre salí y corrí hacia la parada más próxima de metro que encontré. No tuve que esperar más de 5 minutos para montarme en el metro, una vez dentro no tardé mucho en poder sentarme y colocarme mi querido Ipod. Puse el aleatorio y me relajé mirando por la ventana. Sonaba Bad day de Daniel Lewis, escuchar esa canción me alegró tanto que llegué a tararear incluso con el metro un poco lleno.

Llegué a la estación antes de lo esperado. Caminé unos pocos metros hasta llegar a el alto edificio donde se encontraban las oficinas de la revista “Flawless” la más importante de toda Europa. Me llevé las manos a la boca con la intención de morderme las uñas pero la imagen de mi madre advirtiéndome la mala impresión que unas manos con las uñas mordisqueadas daban en una entrevista y paré.

Caminé hacia la puerta del gran edificio y suspiré preparándome para entrar.

—¿Vas a quedarte aquí toda la mañana?—Dijo alguien a mi espalda.

—Perdón.—Me aparté para dejar pasar a aquella mujer que caminaba con aires de grandezas.—Disculpe su alteza.—Puse los ojos en blanco y fui al ascensor, pulsé el botón de la planta 11  y observé mi reloj impaciente.

—Por más que mires el reloj no van a pasar las horas antes.—Era la misma voz de antes, ni siquiera me había dado cuenta que estaba acompañada.

—No me había dado cuenta, gracias.—Me giré para mirar quien era la que me hablaba y, en efecto, era la misma chica que caminó frente a mi con superioridad.

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