Ornamento

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| ¡Lo siento, me tomé mi tiempo! x,D espero que les guste, díganme que les pareció~
Gracias por sus comentarios y buena fe, me animan a seguir con esto ♥ |



Las vísceras se deslizaron por todo el piso del apartamento. Descansaron sin vida sobre la madera, al igual que su dueño. La sangre corría, era la única que parecía contener el leve destello de la vida que ya se terminaba y cuando se secara, ya no quedaría nada de esta excepto el color de la inmortalidad.

Hannibal levantó su mirada a Will, lo vio temblando, jadeante y supo que iba a caer de rodillas junto al hombre que acababan de matar. Un rico interesado que solo se preocupaba por su egoísmo, un grosero que había tratado de forma poco educada a Will en la tienda de caza. Mal lugar para intentar ser rudo con su esposo, definitivamente.

Se aproximó para colocar ambas manos en la parte baja de su tórax y así lograr que se parara correctamente.

─Mantente de pie ─Will tomó uno de sus hombros, apretándolo y llenando de sangre su buzo de lana. Su perfecto color bleu de france fue manchado con la tonalidad oscura del rojo, pero no le importó, tenía muchos más aparte de ese─. Necesitas una ducha ─lo dijo como si no escuchara realmente lo que decía, en un susurro. Estaba más concentrado en lo que sucedía sobre la expresión del contrario, que lo observaba directo a los ojos. Su semblante se mostraba vehemente y, sin embargo, tenía un control que empezaba a serle común; el de alguien que estaba consciente de lo que había hecho, mas lo había disfrutado, se había deleitado al darle su castigo a aquel cerdo. Las comisuras de Hannibal se levantaron satisfechas.

─No te pongas impresionable ahora ─devolvió la sonrisa con la picardía rozando la curva de sus ojos.

─Lo hago ─soltó con gracia. Tomó la otra mano del hombre donde llevaba un puñal que le había regalado a los meses de llegar a aquella nueva casa. Simulaba uno romano.

Las gotas caían sobre el piso, por lo que acarició con el dedo gordo los nudillos hasta que se relajaron y le entregaron el arma─. De hecho...─su reflejo aún podía verse sobre aquel acero─. Quiero hacerte un regalo ─la única tarea que le daría al otro sería limpiar todo rastro de aquel instrumento, no necesitaba generar sensaciones negativas a cerca de esto.

─ ¿Cómo ese? ─señaló con la cabeza hacia la daga. Volvieron a mirarse.

─No.

─Oh...─Will había comprendido lo que quería decir.

─Quizás en otra ocasión ─agregó tranquilamente, tendría tiempo para eso. Pero el otro colocó su mano libre para apoyarse en su otro hombro sin necesidad alguna, ya que todo en su cuerpo se había estabilizado. Negó con la cabeza hacia él.

─Lo quiero ─estaba seguro de aquello, hasta parecía exigirlo, orgulloso de sí mismo. Hannibal entrecerró sus ojos y tomó su rostro con firmeza.

─Mi muchacho preferido ─rozó con sus labios su mejilla, sintiendo su escasa barba, aquella que él había cortado hacía unos días. Sus respiraciones se mezclaron por un momento y Will alcanzó sus labios, pasando sus brazos por los hombros del varón hasta unir sus manos más allá de su nuca. Hannibal aumentó la fuerza sobre su cadera y lo besó con desesperación. Presionó aquellos labios de los que ya conocía perfectamente su toque antes de pasear su lengua por allí. Will la mordió dejando que sus dientes se deslizaran sobre esta.

Unos minutos después se apartaron.

─ ¿Un regalo por navidad? ─intentó adivinar el otro mientras limpiaba la sangre que había dejado sobre la mejilla de Hannibal, pero en realidad no tenía sentido hacerlo.

─Sí, y muchos más ─las palabras habían logrado cambiar de rumbo. Su corazón latía en su pecho como si le hubieran dado vida. Era evidente, desde su punto de vista, que aquel chico lo era todo en su existencia.

─Suelta la daga ─le pidió dándole mordidas a su cuello, la devoción de Hannibal siempre le había parecido algo asfixiante. Había aprendido una nueva forma de manipularlo y sabía que le iba a dar el gusto de caer en su trampa. 


La soltó.

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Hannibal trabajaba aquellas vísceras como si fueran hilos en sus manos, las había lavado y las había envuelto en una rama, atándolas y haciendo nudos que tenían el aspecto de los de una canasta. Había cogido el corazón del humano y ahora le colocaba flores pastoras alrededor. Unas acacias violetas a los costados y una gardenia blanca al medio. Era un gran adorno que podía ser colgado fácilmente en la puerta gracias a la rama en la que se sostenía.

─No crees que tu nuevo ornamento pueda colocarse en nuestra entrada, ¿verdad? ─Will había aparecido por la puerta de la habitación, ya duchado y vestido con una camisa de un celeste claro y áspero. Eso, junto con los pantalones de vestir, le daban un aspecto refinado.
El piso regresaba a estar limpio, como si allí nunca hubiese sucedido nada.

El caníbal solo hizo una mueca.

─Hannibal. No podemos recibir a nuestros invitados así ─ni siquiera tenía idea de donde podría poner aquello, quizás en el sótano, o en alguna parte de su habitación. Nadie entraría allí. Pero, en primer lugar, ¿por qué se lo había pedido?

─ ¿Estás pensando en invitar a alguien para estas fiestas? ─pareció esquivar la pregunta mientras Will se sentaba a su lado en la mesa.

─Pensé que disfrutarías de hacer una cena pomposa ─observó su regalo. Ahora entendía por qué─...─su igual notó aquel gesto que hizo al escudriñarlo con detalle.

─Dime, ¿qué es lo que ves? ─la curiosidad palpó sus ojos. Podía entender mejor lo que hacía a través de aquel examen.

─Eres tan evidente ─sonrió deslizando sus dedos por las hojas de las flores de forma delicada. Hannibal levantó una ceja, pero no respondieron su pregunta tácita, en cambio, recibió un beso sobre su barba ya crecida. Will sabía que quería escucharlo, mas se lo diría después─. Gracias.

Reto HanniHolidays2016Where stories live. Discover now