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-Darcy, vamos.-pidió el tío acariciando mi cabello.
-No quiero.-musité y aferré la silla con fuerza.- No puedo ir, tío. No puedo.
-Si podes.-dijo arrodillándose frente a mi. -Darcy, todo va a estar bien.
Pero él no era el que estaba en silla de ruedas, el que iba a tener que enfrentarse sólo a un mundo para el que no estaba listo. Era yo y no quería. No quería salir de la casa y mucho menos ir a la escuela.
-Bebita,-dijo Harry desde la escalera y me volteé a mirarlo. -tenes que ir. Es la escuela. Amor, ellos no van a decirte nada. Vos misma no vas a dejarlos.-puso la mano en mi hombro y suspiré. -Vamos, no vas a rendiste tan rápido, ¿o si?
-Sabes que estoy acá si algo pasa. Podes llamar a casa y vamos a estar ahí.-dijo el tío y tomé su mano.- Sé que no te gusta. Sé que tenes miedo. Pero nosotros estamos acá para apoyarte siempre. ¿Bien? Somos tu familia y te amamos. Tenes que saberlo siempre.
-Está bien.-murmuré resignada. Ellos eran mi familia, porque todos los demás habían decidido abandonarme en cuanto mis piernas no tuvieron solución.-Vamos.
Al subir al auto, él tomó mi mano con fuerza durante todo el camino. Las calles pasaban y yo no quería llegar a la escuela. Más y más alumnos lo llenaban todo. Alumnos que iban caminando, en bicicleta, en patines y patinetas. Y yo en auto y dependiendo de una silla. No era como ellos.
- Todo va a estar bien.-dijo el tío, más para él que para mí.
Bajó y me esperó con la silla de ruedas. Muchos se habían volteado. No estaba lista para eso, pero el tío me esperaba y yo tenía que salir. Me pasé a la silla con dificultad y empecé a avanzar, encontrándome con el primer obstáculo. Escaleras. Busqué la rampa, pero no había. No quise voltear. No quise buscar la mirada de lástima del tío que seguramente usaba en ese mismo instante. No había lugar para mí en esa escuela, ni en la casa, ni en ningún lado. Yo no encajaba ahora.
-Vamos.-dijo un chico moreno y se colocó juntó a mi, mientras uno igual se ponía del otro lado.-Buenos días, señorita. Vinimos a darte una mano.
Lo miré sorprendida y ellos me levantaron sin dificultad alguna. No logré articular palabra hasta llegar a la entrada. Reí ante sus reverencias casi sin quererlo y uno besó mi mano.
-Gemelos Jekins a sus órdenes.-dijo uno y extendí mi mano hacia él.
-Darcy, la inútil en apuros.-dije y ellos negaron divertidos.
-Yo soy Mark.-dijo.-No me vayas a confundir con él. Mi lunar está en mi párpado derecho.
-Tomo nota.-dije.
-Y yo voy Jack. El del lunar en el párpado izquierdo.
-Gracias por ayudarme.-dije.-No hay rampa.
-Nos gusta ayudar a damiselas en apuros.-acotó Jack.-Así que vamos a ayudarte.
-Son raros. Lo saben, ¿cierto?-reí y busqué la mirada del tío, pero no pude encontrarlo.
-¿Raros?-preguntó Jack.
-¿Nosotros?-preguntó Mark.
-Para nada.
-Somos muy normales.
Reí. Freddie y yo solíamos hacer eso. Sentí su furia y quise apartarlo. La campana sonó y Jack tomó mi mochila y comenzó a revisarla.
-¡Ey!-me quejé y él sonrió de lado sacando mis horarios.
-Uy. Va con nosotros.-miró a su hermano divertido y se colgó mi mochila al hombro.-Hora de ir a clase, Darcy.
-Jekins, te podrías haber ganado un golpe por eso.-dije sinceramente y él rió.-Algo me dice que no tienen cura.-mascullé molesta porque él se había tomado demasiada libertad con mi mochila.
- Eso es porque no la tenemos.-dijo Mark y siguió guiándome por los pasillos.-Todo el mundo lo sabe. Por algo nos esquivan.
-Exacto.-dijo su hermano.-Por eso te acaparamos y ya no vas a poder escapar.
-No iba a escapar.-reí.
No. No iba a hacerlo, porque eso era lo más cercano que había tenido a Freddie desde que me fui de esas malditas vacaciones. Tomaron lugar en el mismo banco y me sentaron a su lado, deshaciéndose de la silla que estaba ahí. Los miré con la mejor sonrisa que me salió y pronto tuve compañía, que no tardó en irse porque mi silla ocupaba demasiado espacio. Me dejé caer sobre la mesa durante el transcurso de la clase, pensando en Freddie, en que seguía furioso y a la vez triste. Quería estar con él. Quería correr a sus brazos luego de la pesadilla. Quería volver a ser sólo Darcy.
Cuando la campana sonó, mis nuevos acompañantes me tomaron para avanzar por los pasillos con paso rápido. Miré a Jack y tomé las tres mochilas, poniéndolas sobre mis piernas.
-También puedo servir de algo.-acoté y él sonrió de lado.-¿Qué nos toca ahora?
-Historia.-dijo Mark.
Una a una pasaron las clases. Nadie se sentaba conmigo. Nadie estaba ahí. Freddie no estaba ahí. La mañana llegó a su fin y me ayudaron nuevamente en la escalera.
-Nos vemos mañana.-dijo Jack chocando mi mano.
-Esperamos que no huyas.
-No voy a hacerlo.-reí y me acerqué al tío Liam.-Hola.
-Veo que hiciste dos amigos.
-No hay rampa.-dije con una mueca y él me subió al auto, ensimismado.-No hay nada para mí.
-Darcy...
-Nadie se sentó conmigo porque yo ocupaba demasiado lugar.-murmuré y clavé la mirada en la ventana.-No quiero ser siempre el fenómeno.
-Sabes que quedan dos meses de clases. Darcy, después el colegio se termina y...
-Lo sé.-suspiré.-También se me terminan los momentos con Freddie ahí. Ellos de parecían a lo que éramos nosotros. Freddie parecía estar con ellos.
-Amor, podemos volver a intentar.-dijo y tomé su teléfono.
Nos detuvimos en el semáforo. Vi al auto de al lado. Era papá. Estaba vestido de traje, seguro iba a una reunión. Miró la pantalla. No atendió. Sentí que algo se rompía dentro de mí y me volví pequeña, justo cuando sus ojos volteaban hacia mí y el tío arrancaba. Esquivó autos hasta perderlo. Sabía que estaba furioso. Presionaba mi mano con fuerza mientras todo parecía volver a caerse. Entonces llegamos a la casa y me bajó. Unos brazos me alzaron y me oculté en el pecho del tío Harry sin decir nada, sin poder dejar de llorar, sin olvidar la mirada de mi padre.

El secreto (2da temporada de Escondida)¡Lee esta historia GRATIS!