Capítulo 10

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Mi madre lo sabía.

Había visto todas las marcas en mi cuerpo cuando entró mientras me bañaba.
Las lágrimas corrían por sus mejillas al igual que las mías, me pregunta por qué le oculté tal cosa.

—Lauren, tienes que dejarla.— decía mientras mi corazón se aceleraba, sabía que esto pasaría, pero yo no quería, mi corazón no podía dejarla.

—Mamá, no.— negué inmediatamente levantándome del sofá  quizás tan rápido que me dolió cada músculo del cuerpo.

—Ella te hace daño, Lauren.

—Me hace más daño estar sin ella.— di la media vuelta corriendo a mi cuarto. ¿Qué haría? Era obvio que mamá no me permitiría verla, si la llamaba podría darme una lección por haberle dicho a mi madre lo que sucedía, ¿Qué tenía que hacer?

Pensé en llamar a Amy, pero mi cuerpo tembló del sólo pensar lo que pasaría con Camila si se llegase a enterar.

Lo hice, llamé a Camila.

—Amor, tienes que venir a casa por mi.— dije en cuanto atendió

—Ella está ocupada ahora.— una mujer habló, todo se me congeló. Por el tono en el que lo dijo podía saber que estaba teniendo relaciones sexuales.

—¿Quién es, cariño?

¿Camila?

Colgué. Las lágrimas caían sin parar, no podía creerlo. Todo este tiempo he estado para ella, haciéndolo que pedía, amándola. ¿Por qué?

¿Por qué, Camila?

La puerta del cuarto se abrió y mi mamá me sostuvo en sus brazos, lloré como hace tiempo no lo hacía, lloré en brazos de mi madre.

—Buscaremos ayuda, cariño.— me consolaba, solo asentí. La necesitaba, necesitaba salir de este amor tóxico.

•••••••

—Ábreme la maldita puerta.— Camila pateaba una vez más la puerta principal con furia, yo estaba en mi cuarto llorando en la esquina. Mi mamá acababa de llamar a la policía y no tardaría en llegar, había pasado 3 semanas desde el momento que me enteré que me había visto la cara de idiota, no había dejado de amarla a pesar de todo.

Ya hubiera entrado por la ventana, pero mi madre fue más astuta y puso barrotes a todas las ventanas.

Se escuchaban los sonidos de la patrulla, los golpes de la puerta pararon. Me asomé por la ventana y podía verla llorando con las manos arriba en señal de rendición.
En un momento volteó hacia a mí y pude ver arrepentimiento, dolor y mucho, mucho amor. Sentía mi corazón aflojar a todo por lo que había luchado estos tres días, estaba por correr a ella pero paré en seco al ver a mi mamá. Ella tenía razón, Camila no me merecía. ¿o si?

Los policías tomaron a Camila con las esposas, tocaron nuestra puerta para hablar sobre lo ocurrido y meter una denuncia, pero no lo haría.

No podía hacerle daño a lo que más quiero.

—Déjenla ir.— dije con voz autoritaria y molesta al mismo tiempo. Le estaban haciendo daño.

—Pero, señorita, estaba irrumpiendo...

—No presentaré denuncia y si es necesario pagaré su fianza, sólo déjenla en paz.— al terminar de decir eso salí corriendo a sus brazos para tomar ambos lados de su cara entre mis manos, su piel era tan suave, sus olor se impregnaba en mi nariz haciendo que me olvidara de todo lo malo.

—Lauren.— regañó mi madre tratando de alejarnos, sólo jalé mi brazo de su lado.

—Me iré a vivir con Camila, mamá.— no podía evitar querer perdonar todo lo que hacía, de eso se trata el amor, ¿no?

—Cariño, déjame explicarte todo, yo no quería, yo sólo..— dejé su explicación inconclusa sellando nuestros labios.

—Sólo lo olvidaremos, ¿bien?

—Bien.

—Y buscarás ayuda, no podemos seguir dañándonos.

—Lo haré, cariño, lo haré—. Mi sonrisa se borró al recordar que así la llamaba a ella.

Mi teléfono sonó, era un mensaje. Alejándome de Camila lo saqué para ver quien era o qué decía.

Número desconocido: I know i can treat you better. A-

Mi ceño se frunció al mismo tiempo que el de Camila, después reí. Sentí que estaba en Pretty Little Liars y A me mandaba mensajes.

  —¿Quién es A?— preguntó Camila apretando el agarre con mi cintura, un gemido de dolor salió de mis labios 

  —No lo sé, ¿no piensas que es divertido?— reí pero al parecer Camila no pensaba igual. No dejé que hablara pues subí a meter lo que cupiera en una maleta, tenía que partir a casa de Camila con o sin la aprobación de Clara.

—Laur-Lauren, no te vayas

—Mamá, ya no puedes detenerme— ella lloraba al lado mío mientras ordenaba las cosas necesarias en la maleta, apretaba los labios para no llorar igual que ella lo hacía. Tenía que irme.

—Nunca fuiste una mala niña, siempre sonreías, corrías a todos lados con Vero, reías sin parar. Mírate ahora, ni tu te conoces.

  —Tú no sabes nada

—No, claro que no. No sé lo que es ser maltratada por mi capricho, no sé lo es no ver las cosas que me lastiman. No sé ser una idiota

—Ya basta, por favor.— no había marcha atrás para mis lágrimas, se habían disparado de mis ojos y ahora brotaban en abundancia para mis mejillas. —¿No puedes entender acaso que la amo?

  —Acepto que los humanos tengamos errores, pero Lauren, ¿dejarte golpear? ¿Es acaso lo que quieres para ti?

  —Tú no decides sobre mi vida— mi molestia era suficiente, mi madre me juzgaba. Ella no entendía

  —¿Y tu hijos, Laur? ¿Quieres que a ellos también les haga daño?

Paré en seco de acomodar mi maleta, ¿eso quería?

Camila no les haría daño, ¿verdad?

Como si la hubiéramos llamado apareció debajo del umbral mostrandole una sonrisa arrogante a mi madre. —Tenemos que irnos, cariño

  —Ella no irá.— Mi madre habló por mi, tenía que negar su afirmación, pero ¿por qué las palabras no salían de mi boca? No, ya había decidido irme con el amor de mi vida, ¿por qué debería hacerle caso a mi madre?

  —¿Dañarías a nuestros bebés?— tenía mi cabeza y mi vista dirigida al suelo, tenía que preguntarlo, mi mamá me miró y volteó a ver a Camila cuando escuchó su risa torcida

—Ni siquiera tendremos hijos, Lauren.— siempre los quise, fui toda la vida consiente que me gustaban las chicas, pero quería una familia y dolía no tener el mismo pensamiento.

  —Pero creí qu-que...

—Vamos, mi amor. ¿Crees que te quisiera compartir?— ¿me estaba tomando el pelo? podía escuchar en sus palabras  cierto sarcasmo, pero sus ojos mostraban otra cosa, es más, sus ojos jamás mostraban nada.

  —Está bien.


Soy una perra desgraciada que actualiza hasta ahora, considérenlo su regalo de navidad.  

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