Capítulo 2 - Escena 3

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—Dale un beso muy fuerte a Peter y a Susana cuando se despierten. Te quiero cariño. Tengo que irme, que pierdo el avión.

Franz se despidió de su mujer con un rápido beso en los labios. Abrió la puerta y bajó las escaleras de entrada de su chalet adosado. Todavía era de noche. Las farolas de la urbanización alumbraban tímidamente la calle. Un taxista le esperaba al otro lado de la puerta del jardín apoyado sobre el lateral de su taxi. Había encendido un cigarrillo y no aparentaba tener prisa alguna. Mientras el taxímetro siguiera funcionando, lo mismo daba fumar que conducir.

—Buenos días, a la terminal dos de Barajas, por favor. Tengo prisa.

El taxista le dio una larga calada al cigarrillo ignorando el comentario. Se lo acababa de encender y no quería desperdiciarlo tan rápidamente. Le dio una segunda calada más fugaz, arañando su sabor tostado, y lo tiró al suelo con una mueca de disgusto. Justo antes de meterse en el coche vio como una mujer, vestida con una sugerente bata blanca, hacía un modesto gesto de saludo desde las escaleras de aquel chalet. Por lo visto su cliente ni se había dado cuenta.

FIN Capítulo 2 - Escena 3.

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