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- Me voy - Dijo sin más el chico de ojos color azul  cielo.

- ¿A donde? - Preguntó su hermano tirado en el sofá.

- Solo quiero salir un rato - Suspiró - y alejarme de ti...- Susurró.

Fred no oyó eso último.

Ese día hacia bastante frío. Freddy quería ir al parque para leer algún libro o dar un paseo, lo que sea menos estar bajo el mismo techo que su hermano. Cogió su abrigo y salió de casa colocándose una bufanda de lana grisácea alrededor de su cuello. Con las manos metidas en los bolsillos  de su abrigo verde empezó a andar bajo el cielo gris lleno de nubes que parecían tristes. El sol se había escondido entre ellas, y en cualquier momento esas nubes solitarias se pondrían a llorar y Freddy no tenia paraguas, pero por suerte tenía su capucha.

Caminaba hacia un parque que no estaba cerca de su casa, pero tampoco exageradamente lejos de ella. Era su parque favorito, pues los altos árboles, flores y pajaritos cantando daban la suficiente tranquilidad para despejar su mente y enseguida sentirse bien o al menos sonreír unos minutos antes de que se entristeciera sin saber porqué, aunque en el fondo lo sabia perfectamente.

También estaban los niños jugando y corriendo de un lado para otro, pero el parque era bastante grande para que no interrumpieran su lectura.

Había elegido empezar a leer un libro con la cubierta roja manzana y tapa blanda. Unas trescientas páginas quizá que no eran un problema para él. Por lo que ponía en la contraportada suponía que era un libro de misterio. Básicamente un asesino andaba suelto matando a niños de la forma más despiadada. Pero no necesariamente tenían que estar muertos. El asesino primero capturaba a los niños para esconderlos y dejar pistas a sus padres, teniendo que pasar «pruebas» (como cortarse un dedo para conseguir una llave o tener que buscar en un lago una caja con una nota preparándote para la siguiente pista) para así conseguir a su hijo vivo.

Y si tardaban mucho....bueno, lo conseguirían muerto.

Sin darse cuenta Freddy ya había llegado a su destino. Buscó un banco vacío para acercarse y sentarse en él. Abrió el libro y primero olió su aroma, era algo que le encantaba. Pasó las páginas para ver su tipo de letra, mediana. Lo observó un poco más y se puso a leerlo.

Después de estar un rato leyendo sin ningún problema llegando a las cien páginas, un par se susurros interrumpueron su lectura.

La gente cuchicheando cosas estúpidas le impedían leer, y cosas estúpidas porque la poca gente que le decía algo en los oídos de otras personas eran estúpidas.

Freddy subió la mirada para ver que hacia interrumpir su lectura y las vio.

Dos chicas caminaban entrelazando sus manos con unas sonrisas  de orgullo en sus labios. Una de las chicas de pelo liso, morena, ojos color café y la más alta acompañaba a otra chica más bajita de pelo rizado, corto y también ojos color marrón a la que conocía de vista: la chica del autobús.

Las dos pasaron por delante de Freddy, y la chica del autobús le vio y lo saludó con un gesto con la mano. Freddy también la saludó.

Las dos chicas fueron hacia un banco y se sentaron. La gente seguía mirando, entonces una de ellas al ver a los mirones los mandó a la mierda con un gesto con su mano derecha mientras decía «Para todos esos mirones, si tenéis algún problema no miréis e iros un poco a la mierda.»

La otra chica se rió, y Freddy también, ya que había conseguido que los mirones dejaran de cuchichear y simplemente se alejaran.

Una niña pelirroja que estaba con un grupo de tres miembros más empezó a aplaudir mientras sus ojos brillaban.

Fred. ✧ f r e d e d d y ¡Lee esta historia GRATIS!