Capitulo 85.

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Llegué a algo parecido a una plaza y me senté en un banco. Había mucha neblina y la noche era bastante fría. Saqué mi teléfono para pedir un taxi cuando siento un ruido entre los arbustos. Empecé a asustarme y a maldecir por ser tan idiota en salir a la calle sola a esas horas de la noche, cuando una figura sale de allí algo tambaleante. Era Angie.

-¿Angie?-Dije sobresaltada, y la tomé justo por los brazos antes de que caiga.- ¡Angie! ¿Qué sucedió?

-Theo… No quiero… Él no quiere.-Dijo entre balbuceos, y justo ahí empezó a convulsionar, y mucha espuma blanca salía de boca.

-Oh, por Dios.- Dije desesperada. No sabía qué hacer, estaba en estado de shock. Era una mujer embarazada, necesitaba tener cuidados médicos al instante. En menos de un segundo, mi mente procesó que debía llamar a una ambulancia.

-¿911 cuál es su emergencia?

-Una mujer embarazada… Esta convulsionando. La encontré en una plaza, no sé de dónde viene. Necesito que vengan rápido, por favor, puede…

-Tranquilícese.-Me ordenó la voz femenina del otro lado.- Díganos su ubicación exacta.

-Estoy… Estoy en…- Empecé a ver a mi alrededor y no sabía dónde me encontraba, pero pude ver la dirección de la casa de enfrente a la plaza.- Washington Street al 1900.

-Estaremos allí cuanto antes.

A los diez minutos, una ambulancia llegó. Angie no paraba de convulsionar y su cuerpo daba pequeños saltitos. Gracias a esas casualidades de la vida yo estaba allí, porque si no vaya uno a saber qué pasaba con ella. Subí a la ambulancia junto a ella, mientras los médicos la conectaban a millones de aparatos. Eso me recordó la vez que Brenda se había desmayado, la primera vez que llegamos a Londres. Me sentía mal y angustiada, no quería volver a ningún hospital y menos por alguien que me importaba.

Cuando llegamos, la bajaron y no me permitieron ir con ella a la sala de control. Me senté en unos bancos cerca de recepción, y me di cuenta de que esto mismo me ya me había pasado. ¿Por qué algunas cosas en la vida siempre tienen que repetirse?

Ya había pasado una hora. Estaba exhausta, necesitaba volver a mi casa y descansar. En eso, como si leyera ms pensamientos, un médico se acerca a mí. Era Doc.

-¿Sam?-Dijo sorprendido.- ¿Tu estas aquí por Ángela Simosk?

-Doc, que coincidencia.-Dije levantándome y brindándole un abrazo. Lo necesitaba mucho.

-¿Cómo has estado?-Preguntó con una triste sonrisa en su rostro.

-Supongo que bien.-Contesté apresurada.- ¿Cómo esta Angie? ¿Qué paso con ella?

-Está consciente, y nos contó lo sucedido.

-¿Qué le paso? ¿Por qué estaba allí sola?

-Su novio, Theo, le pegó.-Mi cara de perplejidad fue instantánea, y Doc continúo sin dejarme replicar.- Nos costó mucho sacarle información, no quería admitirlo. Pero es lo que pasa cuando reciben maltratos, no quieren…

-¿Theo maltrata a Angie?-Lo interrumpí sobresaltada. Sentía un nudo horrible en el estómago.

-Sí, y por las marcas en su cuerpo pudimos descubrir que esto viene pasando hace un mes.

-Pero, ¿cómo puede ser?-Pregunté atónita, me senté en el banco de antes y Doc lo hizo a mi lado.- Estudiamos en Cambridge juntos y siempre los vi felices y sin discutir.

-¿Nunca te pusiste a pensar en que usa mucho maquillaje?-Preguntó Doc, y en ese momento muchas imágenes vinieron a mi cabeza: Angie yendo cada dos minutos al baño para retocarse maquillaje, excesivo rubor en los ojos… Ahora entendía todo.

-¿Cómo no me di cuenta?-Dije sintiéndome una estúpida.

-Las mujeres que sufren maltrato lo esconden mejor que nadie.-Contestó Doc.- Tienen mucho miedo.

-¿Y qué hay de los padres de Angie?-Pregunté cuando me acordé que ellos existían.

-Angie no tiene padres, Sam.

-¿QUÉ?-Pregunté más que perpleja, saltando del asiento.-Ella me dijo que sus padres pagaban el alquiler del departamento…

-Sus padres la abandonaron cuando era pequeña. Tiene un tío en Irak que le manda dinero mensualmente.

-No lo puedo creer.-Dije tirándome en el asiento de nuevo.-Es increíble…

-No te preocupes, como soy médico y psicólogo profesional, tengo un plan.

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